El pasado 7 de abril, la empresa estadounidense Colossal Bioscience anunció el nacimiento de tres crías modificadas genéticamente con características propias del lobo gigante: Rómulo, Remo y Khaleesi. Pero evitan hablar de clonación o desextinción, porque según científicos de la empresa, se trata de una “reinterpretación genética cuidadosamente calculada”.
La desextinción trata justamente de eso: recuperar especies extintas usando herramientas como la ingeniería genética, la edición de ADN o la clonación. Pero el caso del lobo gigante va un paso más allá, porque no se basa en traer de vuelta un animal que existió tal cual, sino en reconstruir uno nuevo a partir de inspiración evolutiva.
¿Cómo se logró?
El genoma del lobo gigante fue reconstruido a partir de fósiles hallados en Ohio e Idaho.
Los científicos aislaron células madre de un lobo gris, editaron su núcleo, y lo transfirieron a óvulos sin núcleo. Tras desarrollarlos en laboratorio, los embriones fueron implantados en madres sustitutas. El procedimiento incluyó la edición de 14 genes clave del lobo gris moderno para lograr un animal más grande, de cráneo ancho, mandíbulas más fuertes, pelaje blanco y vocalizaciones distintas.
Desde la comunidad científica, hay matices y reparos. “Hay que tener en cuenta que no son publicaciones científicas, aunque esto no lo desmerece”, aclara la doctora Susana González, profesora titular del Departamento de Biodiversidad y Genética del Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable.
A su vez, González advierte sobre la calidad del material genético antiguo: “Hay muchas chances de que al extraer ADN antiguo se contamine. El ADN no está en perfectas condiciones, hay una ruptura postmortem”. Y agrega: “Cuando pasa al rigor científico, lo que lograste —y más cuando son cosas tan impactantes— es importante que sea reproducible”.
Los lobos gigantes eran grandes depredadores presentes en el continente americano. Sus fósiles fueron hallados desde Virginia, Estados Unidos, hasta Bolivia. Sin embargo, aunque por décadas se los consideró parientes cercanos del lobo gris (Canis lupus), investigaciones recientes han demostrado que pertenecían a un linaje completamente distinto.
Según un estudio publicado en Nature (2021) los Aecon dirus se separaron evolutivamente hace más de 6 millones de años y no dejaron descendientes vivos. “Pudimos confirmar que el lobo gigante pertenece a un linaje distinto y más alejado de los lobos. De hecho, cuando analizamos las relaciones genéticas en una posición específica, los resultados mostraron que no hubo intercambio de genes entre el lobo gigante y los lobos modernos desde su ancestro común”, concluye el trabajo.
No es la primera vez
La historia de la desextinción no comenzó con los lobos gigantes. En 2003, un equipo de científicos en España logró clonar al último ejemplar del bucardo, una subespecie de cabra montés del Pirineo extinguido tres años antes. La cría nació viva, pero murió pocos minutos después debido a una malformación pulmonar. Sin embargo, fue el primer animal extinto en volver a existir, aunque sea por unos minutos.
En paralelo, Colossal trabaja también en proyectos para revivir otras especies como el mamut lanudo, el dodo y el tigre de Tasmania (Tilacino). La estrategia es la misma: identificar los genes responsables de ciertos rasgos en especies extintas y reescribirlos en el ADN de especies vivas emparentadas. En el caso del mamut, ya se han editado 25 genes en elefantes asiáticos. La empresa proyecta implantar embriones en 2026 y lograr un nacimiento para 2028.
Pero los cuestionamientos no se limitan a lo técnico. “El desextinguir una especie da una ilusión falsa de que igual podemos seguir contaminando el mundo, porque igual podemos regenerar”, sostiene González. Detrás del entusiasmo por los avances, hay preguntas incómodas: ¿es posible reinsertar estas criaturas a los ecosistemas actuales?, ¿qué efectos tendría introducirlos?, ¿quién decide qué especies merecen volver?
En Juego de Tronos, los lobos gigantes eran símbolos de fuerza, lealtad y supervivencia. Hoy, inspiran otra historia: la de los límites —y las posibilidades— de la ciencia actual.