13 de agosto de 2026 5:00 hs

Antel anunció un nuevo data center de US$ 70 millones, un edificio pensado para alojar los servidores que procesan y guardan información. La cifra no incluye el equipamiento: "Hoy estamos hablando de un data center de unos 70 millones de dólares, fundamentalmente eso es la carcasa, la construcción del edificio. Ya vendrá luego la definición de inversiones en materia de la tecnología instalada", explicó el vicepresidente de la empresa, Pablo Álvarez.

Un data center es una instalación de servidores conectados que trabajan las 24 horas. Es la "nafta" para que puedas usar tu mail, tus redes sociales y hacerle preguntas a ChatGPT.

El de Antel va a tener tres funciones simultáneas: "Como hoy tenemos en Pando, va a tener capacidad para resolver servicios internos de la empresa, va a haber hosting —o sea, hosteo de información como se tiene— y se va a priorizar en buena medida la tecnología para procesamiento de datos, capacidad de cómputo e inferencia para IA", detalló Álvarez a El Observador durante el Antel Summit.

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El hosting es alquilarle a un tercero el espacio para que guarde ahí sus datos y sus sistemas. La inferencia, en cambio, es lo que pasa cada vez que alguien le hace una consulta a una inteligencia artificial y el sistema devuelve una respuesta: eso consume potencia de cálculo, y esa potencia tiene que estar instalada físicamente en algún lado.

Para eso hacen falta GPU, unos procesadores especializados que hacen millones de operaciones en paralelo y son el componente central de cualquier servicio de IA. Antel ya está usando el espacio que le queda libre en Pando: "Ya el data center de Pando iba teniendo una sola sala libre, que ahora la vamos a ocupar sobre todo con GPU para uso de inteligencia artificial", dijo.

La decisión no es nueva. "Esto es parte del plan de Antel desde que comenzó esta gestión. Entendíamos que había que ir hacia más infraestructura de data center", explicó el vicepresidente, que señaló dos motores: la necesidad propia de la empresa y "una línea de negocios que se va abriendo y demandas que empiezan a llegar y que entendemos que vamos a poder satisfacer con un nuevo data center".

Álvarez también aclaró que el monto se definió por lo que la empresa podía afrontar, no por un cálculo de necesidad ideal: "Uno invierte también en función de las condiciones que tiene para invertir. Capaz que uno dice, yo necesito uno de 600 millones de dólares y no puedo. Entonces, ¿qué es lo que puedo hacer?".

Qué datos quedarían en Uruguay y cuándo se construye

Cuando una empresa contrata la nube de un proveedor extranjero, sus datos quedan físicamente en servidores de otro país y sujetos a las reglas de ese proveedor. Álvarez sostuvo que para cierta información eso no debería ser opcional, y que la definición le corresponde al Parlamento, no a la empresa: esos datos "tendrían que estar obligatoriamente —eso lo tendría que hacer la ley, no la voluntad de Antel— alojados en infraestructura pública estatal, que es la que puede garantizar Antel".

¿De qué datos habla? Enumeró "datos personales, biometría, historias clínicas, cuestiones vinculadas a la seguridad, Ministerio del Interior, quizá Ministerio de Defensa". La biometría son los rasgos físicos que identifican a una persona, como la huella dactilar o el reconocimiento facial.

No todo entra en esa categoría, y el propio vicepresidente lo graficó con un ejemplo doméstico: si quiere hacer la tarjeta de cumpleaños de su hijo y le pone la fecha de nacimiento pidiendo que aparezca Valverde, "no me calienta que ese dato lo tenga una empresa privada". "Hay que ver qué es lo que se precisa y darle soluciones a esas cosas que son de ese nivel, críticas y sensibles".

Un caso concreto es la salud. Un sistema de IA entrenado con historias clínicas puede detectar patrones que ayuden al diagnóstico, pero para eso hay que darle acceso a datos médicos reales, y los modelos más usados hoy son de empresas estadounidenses que entrenan sus sistemas en sus propios servidores. "Podría haber modelos que ayuden, a través de análisis de historias clínicas, a mejorar los diagnósticos. Yo quisiera que esa información estuviese reservada y no estuviese corriendo en entrenamientos sobre los que no tengo ningún tipo de control", dijo.

La investigación científica es el otro sector que mencionó: "Los análisis genómicos, los modelos de análisis de imágenes, necesitan inferir o procesar muchísima cantidad de información". Son tareas que exigen mucha más potencia de cálculo que un uso administrativo común.

Para el resto de los casos, Antel apunta a un esquema intermedio: usar los modelos que desarrollan las empresas extranjeras, pero corriéndolos en servidores uruguayos. "Estamos trabajando en modalidades híbridas donde se puede usar la tecnología de empresas privadas, que son los que desarrollan de verdad los modelos —que es lo más caro y donde hay que tener mayor conocimiento—, pero que sean procesados en la plataforma o en la infraestructura de Antel. Ahí conviven un poco lo mejor de ambos mundos".

Álvarez también apuntó al sector privado local. "Muchas empresas en Uruguay que estén pensando en hacer inversiones en este sentido podrían moverse en una línea de negocio de este tipo. Un nuevo data center, que tenga más capacidad para poder ofrecer este tipo de soluciones, creo que les hace muy bien", dijo, aunque aclaró que la oferta final dependerá de "cuáles son las tecnologías disponibles" cuando el edificio esté operativo.

El cronograma ya está definido. "En unas semanas es ya una presentación formal de todo esto con todos los actores que han estado involucrados", adelantó. Entre ellos está UTE, porque un data center consume grandes volúmenes de electricidad y ahí hay "negociaciones que tienen que ver con una de las demandas fundamentales, la energía eléctrica". La construcción arrancaría "en julio del año próximo" y la operación llegaría unos dos años después.

Ese plazo largo también condiciona las cuentas. "Hay que ver el precio y qué tipo de tecnologías están disponibles en el mundo. Los cálculos que vos hagas hoy sobre lo que son las cadenas de suministros globales de lo que va dentro del data center son impactados por la geopolítica", advirtió, en referencia a las restricciones a la exportación de chips que hoy encarecen y demoran los equipos.

Sobre cómo se paga, el proyecto ya está en el plan de inversiones. "Antel históricamente en los últimos años se ha financiado con recursos propios", dijo Álvarez. De todos modos, "hay que evaluar también posibilidades de endeudamiento, porque hoy te pueden hacer más barato tu inversión", aunque aclaró que la empresa "tiene capacidad para llevar adelante esta inversión sin que impacte en los números".

Por qué no se compara con el data center de Google

Sobre la escala, Álvarez fue frontal. "Es impensable creer que cualquier tipo de inversión en Uruguay puede hacerle frente a las centenas de millones de dólares que las principales empresas del mundo en estas tecnologías invierten anualmente", dijo.

La comparación inevitable es con el data center que Google construye en Uruguay, una inversión de US$ 850 millones, más de diez veces el proyecto de Antel. Para el vicepresidente, ese contraste no aplica: "No tiene sentido comparar, porque no estás peleando contra las cinco grandes". La diferencia, en su lectura, no es de tamaño sino de objetivo: uno es un nodo de una red global privada y el otro, infraestructura pública para las necesidades del país.

"Antel lo que debe es garantizar capacidad propia para ofrecerle al país —esto es al sector público y al sector privado—, capacidad de cómputo, de procesamiento de datos, que opere en Uruguay, que mantenga el control y la soberanía de los datos", planteó. Y admitió que para muchos usos eso no será necesario: "Probablemente para muchos también no sea necesario tanto control sobre ese dato y vayan a nubes privadas, y Antel hoy lo habilita".

Aun así, remató: "Para las capacidades que tiene Uruguay, esto sirve. Ojalá Uruguay tuviese mayores demandas para capacidades de este tipo". Y dejó abierta la puerta a más: "Uruguay podría pensar en más infraestructura pública de data center".

Soberanía de datos: la mirada distinta dentro del propio directorio

La discusión sobre si los datos tienen que quedarse físicamente en el país no está saldada, y dentro del propio directorio de Antel hay lecturas diferentes. Laura Raffo, directora de la empresa en representación de la oposición, lo dijo sin vueltas: "Yo tengo una concepción distinta de la soberanía digital de la que ha mencionado esta administración".

Su definición corre el eje de la ubicación física al control. "Para mí, soberanía digital no significa que los datos tengan que estar solamente dentro de nuestras fronteras. Significa que Uruguay tenga capacidad de decidir cómo se protegen, quién puede acceder a ellos, bajo qué reglas se utilizan y cómo garantizamos su seguridad", planteó. Y agregó: "En términos de ciberseguridad, proteger un dato no depende solo del código postal".

De ahí se desprende su diferencia con la postura de alojar obligatoriamente lo crítico en infraestructura estatal. "Proteger los datos críticos no necesariamente quiere decir que los tengas que tener de manera local. Podés tener altos niveles de protección sin que estén localmente ubicados", sostuvo. "Lo más importante es que tengas proveedores y que tengas infraestructura que cumpla con los requisitos máximos de seguridad".

Raffo también señaló que la discusión llega tarde frente a lo que ya está pasando: "La adopción crece mucho más rápido que la reglamentación". En Uruguay, dijo, la inteligencia artificial la usan "prácticamente un millón de personas", que "ya están subiendo un montón de datos" a herramientas como ChatGPT o Gemini sin que exista control sobre eso.

El ejemplo que puso es la propia empresa: "En Antel mismo te puede suceder que un empleado use la inteligencia artificial para analizar mejor un documento interno, porque no hay manera de impedirlo y controlarlo. Hay manera de recomendar que no lo haga, pero no hay manera de impedirlo".

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