Gastón Solnicki: cine, música y su trabajo con Willem Dafoe en The Souffleur, la película que los trajo al Festival de Cine Internacional de José Ignacio
El director argentino Gastón Solnicki habló con El Observador en el JIIFF sobre The Souffleur, la película que hizo junto al actor estadounidense Willem Dafoe
El cineasta argentino Gastón Solnicki pasó por el José Ignacio International Film Festival (JIIFF) con su sexto largometraje, The Souffleur, una de las películas que forman parte de la competencia oficial del evento este año. Acompañado por el actor protagónico de la película, el estadounidense Willem Dafoe, el argentino presentó su trabajo más reciente y conversó con El Observador sobre el proyecto.
The Souffleur implica algunas novedades para el recorrido cinematográfico del realizador de 48 años: reconoce que es su película más cercana al documental y también la que tiene la estructura narrativa más tradicional de su filmografía, con un protagonista definido (el personaje de Dafoe).
La colaboración con el estadounidense significó además otros cambios, ya que fue la primera vez que trabajó con un actor profesional —el resto del elenco de la película, así como todas las caras que aparecen en sus trabajos anteriores no son integrantes del gremio—, y Dafoe además lo convenció de actuar en la película, encarnando a un millonario argentino que busca adquirir y demoler el histórico Hotel Intercontinental de Viena, donde Lucius Glantz, el gerente encarnado por Dafoe, trabaja.
De todas maneras, la película mantiene algunas cuestiones de la forma de trabajo del cineasta argentino, que filma sin guion, y en este caso elabora un collage compuesto por fragmentos de material de archivo, los segmentos de ficción, la música (que va desde Bach hasta la banda de cumbia villera Damas Gratis), la locución del personaje de Dafoe, y la propia ciudad de Viena, donde reside y donde realizó una trilogía que concluye con The Souffleur.
Willem Dafoe, Gastón Solnicki. Estreno de "The Souffleur" en el marco del JIIFF
Joaquín Ormando
A continuación, la charla con Gastón Solnicki en el marco de su paso por José Ignacio.
Durante la presentación de la película junto a Willem Dafoe apareció la idea de que mutuamente se habían “arrastrado al barro” durante el rodaje de The Souffleur. Dafoe contó que te obligó a actuar en la película, mientras que vos tenías la responsabilidad de que cada día tenían que “sacar un conejo de la galera” por el esquema de producción sin guion ni una narrativa lineal tradicional a la que apegarse. Con esas condiciones, ¿qué sentís que lograron “sacarse” el uno al otro durante el proceso?
La verdad que es una película que por ahí la primera pregunta que la gente se hace es “¿cómo la hiciste?” o “¿cómo lo lograste?”, y la verdad es que sí, hay una asimetría de experiencia, de calibres de todo tipo.
Creo que noté una de las razones por las que quizás Willem es un actor tan único y que genera una fascinación bastante llamativa, genera una locura que es algo que he visto con él en distintos lugares, y que va más allá de que sea famoso. Hay muchos actores famosos, pero él genera algo con su voz, con sus rasgos, y quizás con este aspecto tan vinculado a la juventud que él mantiene de necesitar estar expuesto a distintas cosas, a nuevas cosas. Eso siempre me sorprendió: por qué alguien de su talento, de su experiencia, aún se expone, con todo el riesgo que significa, a esas cosas. Un riesgo que recién entendí cuando editaba el material. Queda totalmente expuesto en todo sentido, también en las limitaciones y el poco tiempo que tuvimos para hacer la película, pero viendo el material entendí también cuanto él como actor estaba expuesto, en relación a lo que significa su trabajo, su reputación (risas).
Suena como una imagen medio futbolera, pero hubo una cosa como de agarrarse de la camiseta y arrastrarse, una cosa medio de arte marcial también. Es una danza que es parte del juego, parte del trabajo. Nunca había trabajado con un actor, mucho menos con un actor como Willem, o sea que siento que nos revoleamos por todos lados, pero que fue una lucha fértil. Creo que la película aterriza en la zona más difícil y más peligrosa, que es que no es una película grande ni una película chica, es una cosa muy extraña y única, que tiene estos nutrientes esquizofrénicos de distintos mundos. Willem trae esta cosa que es inmediatamente percibido como ficción, su voz la del narrador diegético por excelencia que se escucha, aunque esté leyendo citas, notas o pequeños vectores narrativos.
Siempre tuve narradores muy interesantes. Para mí la narración oral es una forma de apoyarse que le da mucha libertad a las imágenes y a la forma de estructurar y narrar en el cine, y creo que por eso siempre encontré narradores muy únicos en mis películas. Las voces cantantes son un aspecto estructural de mis películas y con Willem se genera un choque de mundos que es como una epifanía.
Gastón Solnicki, Willem Dafoe. Conferencia de Prensa de "The Souffleur" en el marco del JIIFF
Joaquín Ormando
Hablás de la oralidad, también contaste que sentís que la música tiene mucha conexión con tu forma de narrar, y que le encontrás muchos vínculos con el cine. ¿Sentís que sos el que pone la música y los actores tienen que bailar sobre ella?
Es una linda imagen, pero me imagino algo más como Willem disparando al piso y yo bailando. Me hiciste acordar que en un momento, el vendedor de la película me preguntó quién había hecho la música, y yo le dije: Bártok, Bach, Kurtág, Ligeti, Damas Gratis. Y me decía “no, quién la seleccionó”. Y yo le dije, “¿quién la va a seleccionar? Lo hice yo”. Para mí es un aspecto constitutivo que está en la génesis de la película, es mucho más que una cuestión ornamental, porque además la elección de esta música está desde el principio, mucho antes de que hubiera incluso una idea la narración o de los personajes, hay una intuición muy fuerte de ciertas músicas o de ciertas locaciones. Pero me gusta la idea, sí, aplicada a la música en sentido literal o, como dice Willem, a lo que generan los detalles no evidentes de un espacio, o una persona que nunca se imaginó que iba a estar frente a una cámara, y se generan estos dispositivos muy pequeños que muestran estas fragilidades de estas personas que el cine suele eclipsar, y permitir que eso entre a una película. Me interesa mucho más eso que el dispositivo con el que se suelen construir todas las películas, que es muy ruidoso e inaccesible.