25 de octubre de 2026 5:00 hs

Abayubá camina en una plaza en el límite entre Montevideo y Canelones. Encorvado, con una actitud recia y acechante, el joven cacique se erige en la localidad que lleva su nombre, pero su mano derecha ya no empuña su maza. Sus flechas fueron robadas. Está desarmado.

Murió a manos de los españoles en el combate de San Salvador en 1574. Dicen que no se rindió cuando la lanza de Juan de Garay le atravesó el cuerpo. Dicen que empujó el arma para acercarse al enemigo y mordió la rienda de su caballo. Pero ahora, está desarmado.

También Abayubá cayó en la lucha. Abayubá a quien llaman en vano con sus grandes alaridos las tribus que el cacique acaudillaba. Era el joven amado del viejo Sapicán. Con sus palabras encendía el valor de los charrúas. Y con su paso y su actitud gallarda aun contaba sus fríos por sus manos que, hiriendo con la maza, eran rudas y fuertes como el viento que sopla al Uruguay desde las pampas. –Tabaré, Juan Zorrilla de San Martín También Abayubá cayó en la lucha. Abayubá a quien llaman en vano con sus grandes alaridos las tribus que el cacique acaudillaba. Era el joven amado del viejo Sapicán. Con sus palabras encendía el valor de los charrúas. Y con su paso y su actitud gallarda aun contaba sus fríos por sus manos que, hiriendo con la maza, eran rudas y fuertes como el viento que sopla al Uruguay desde las pampas. –Tabaré, Juan Zorrilla de San Martín

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En una oficina en el centro de Montevideo la maza aparece dorada sobre la mesa. “Este es el mazo de Abayubá”, dice el arquitecto Rodrigo Melazzi, integrante del proyecto de Archivo Nacional del Patrimonio 3D, mientras apoya sobre la mesa una réplica exacta del arma perdida generada a partir del escaneo del monumento que formó parte de la exposición Evidencia con la que Fernando Foglino exhibió los pies, la lanza, la cabeza, el puño, el estandarte y las demás partes faltantes en los monumentos públicos en el 49º Premio Montevideo de Artes Visuales del SUBTE antes de llevar a Cuba, Finlandia, Austria y Alemania.

El Archivo Nacional del Patrimonio 3D es un proyecto liderado por el artista visual Fernando Foglino junto a los arquitectos Rodrigo Melazzi y Andrés Nogueira que lleva más de una década detrás de un objetivo: que Uruguay sea el primer país del mundo en tener la totalidad de sus estatuas y monumentos públicos digitalizados y a disposición del público de forma gratuita.

En el camino se convirtió también en un reservorio de rescate y preservación ante el vandalismo y el robo de piezas de bronce del espacio público. En ocasiones, el único registro posible.

Todo comenzó en 2014, cuando Foglino inició un proyecto artístico que investigaba el origen y la historia de la escultura de José Artigas realizada por Juan Manuel Blanes. El proyecto requirió un escaneo tridimensional y la exploración de técnicas de fabricación digital. Herencia Blanes bajó al prócer del pedestal, lo reinterpretó en diversos materiales y lo puso a disposición del público. La recepción de la gente y la interacción con aquella exposición despertaron un nuevo interés.

“Agarramos manija con que Uruguay es como un laboratorio, porque es chico y se pueden hacer este tipo de cosas, con ese titular ambicioso que es todos los monumentos digitalizados”, recuerda Foglino.

Dos años después crearon el Archivo Nacional de Patrimonio 3D. Lo que no sabían entonces es que esas mismas piezas que escanearon durante los primeros años del proyecto desaparecerían de la vía pública. “Ahora nos llaman con la noticia de que se robaron el Peón de estancia y nos dicen por favor díganos que lo tienen escaneado. Y sí, lo tenemos”.

El objetivo, explican, es generar el registro de más de 300 monumentos en todo el país. “Andamos en menos de 200 pero arriba de 150. Todavía falta, y es una lástima que cuando empiezan a vandalizar alguno de los monumentos que no tenemos escaneados todavía”, dice el artista visual.

Los promotores del proyecto señalan que algunas piezas están bajo un especial peligro de desaparición y es por eso que encabezan su lista de prioridades. Pero el obstáculo está en que la monumentalidad del proyecto está enteramente en sus manos: los tres hombres que salen a escanear esculturas en la noche son los mismos que ensamblan las imágenes, actualizan la web o facilitan los modelos para proyectos universitarios, videojuegos, museos virtuales, proyectos audiovisuales o intervenciones artísticas como la reproducción de tres metros de Abayubá y Zapicán que el artista Pablo Uribe instaló en el Palacio Legislativo para la Bienal de Montevideo.

“Sigue siendo algo inédito que un país disponga de estos materiales para distintas aplicaciones”, señala Foglino.

“Hemos generado un conocimiento, un know-how, inédito. El escaneo que nosotros hacemos tiene una precisión de 0.5 milímetros, tiene los poros del metal, porque apelamos a que vos puedas hacer una réplica a escala 1:1 de la pieza idéntica a la original. Entonces no podemos hacerlo de otra forma que no sea metiéndonos en la axila del monumento o en las ruedas de La Carreta”, dice el artista. Y lo dice literalmente. Para escanear las piezas deben entrar en las curvas y recovecos de las esculturas y no dejar ningún rincón desatendido.

Así es que han entrado en los rincones que generalmente no se ven. Y es allí donde se encontraron con uno de los aspectos que más los sorprendieron de este proyecto. “Ves cosas que no ves a simple vista. Los monumentos siempre están hechos para que tengas un punto de vista alejado, entonces al escanearlo aparecen un montón de cosas que te hace ver que es impresionante el trabajo”, señala Foglino.

“La calidad de los escultores es increíble cuando en una escultura de mármol vos podés ver un lienzo, una tela, una transparencia. El talento es impresionante”, agrega Melazzi después de años entrando en los rincones de los monumentos.

Actualmente, señala, se encuentran haciendo algunos escaneos puntuales para la Intendencia de Montevideo, como la Fuente Cordier –también conocida como la Fuente de los ríos, del escultor francés Luis Cordier– y La Diligencia –creada por José Belloni e inaugurada en 1952–. “Son esculturas que nos han encargado directamente porque hay planes próximos de restauración”.

Abren una caja que guardan en el estudio y de ella comienzan a salir pequeñas réplicas de esculturas. Como si sobre la mesa de madera pudieran armar un pequeño mapa de la ciudad desde el Cóndor de Luis Cantú (1934) en las canteras del Parque Rodó a La Meditación del italiano Emilio Fiaschi (1916) en Carrasco pasando por el monumento al Obrero Urbano de Bernabé Michelena (1932) en Reducto.

“Tenerlos todos juntos, como si fueran fichas de un tablero, te hace ver relaciones y encontrar ciertos relatos que tienen que ver con la identidad del país”, destaca Foglino. Pero también les permite observar algunas estadísticas, como que hay una sola escultura hecha por una mujer: la escultora y grabadora argentina María Carmen Portela, que desarrolló gran parte de su obra en Uruguay.

Entonces, ¿qué pueden decir las esculturas del espacio público sobre la sociedad que convive con ellas?

Mucho, señala Foglino, tiene que ver con una intención de Montevideo de tener un aire europeo. “Hay un montón de esculturas importadas de Italia o de Francia. Lo más emblemático es Carrasco, que aún siendo un arenal y no teniendo una casa ya se colocaron seis esculturas de mármol italiano para decir esto va a ser así de pituco". Además destaca las esculturas de fundición francesa como Neptuno, la Fuente de Venus o los bebederos Wallace.

Además, el artista señala que Uruguay hizo una apuesta muy grande en el Centenario, durante 1930, que dio lugar a algunas de las esculturas más conocidas que pertenecen a esa camada, como el Monumento a la Carreta de Jose Belloni.

"Fue el Uruguay pasando raya y diciendo ¿qué somos? Una pregunta que nos seguimos haciendo. Somos el peón rural, los indígenas, el sembrador, el labrador, el esclavo aguatero. Todos los oficios pertenecen a ese lote. Es sorpendente la cantidad de esculturas que se hicieron en ese momento".

Además, el artista pone la mirada en la movilidad de las obras. Algunas, señala, han tenido más de cinco locaciones distintas como la dupla de caciques Abayubá y Zapicán que pasaron por la Rambla Sur, el edificio Libertad y el Parque Rodó antes de llegar a sus ubicaciones actuales.

Y es que ahora Abayubá está desarmado y solo. Lo separan 20 kilómetros de su tío, Zapicán. Las esculturas originales de los caciques fueron creadas por Nicanor y Juan Luis Blanes en 1881 y ampliadas en bronce en 1931 por Edmundo Prati para formar parte del espacio público de Montevideo.

“Cuando sacaron el monumento de la rambla fue un acto muy político. En el mismo pedestal de granito que antes estuvo el cacique Zapicán se colocó a la Reina Isabel con su corazón sangrante”, puntualiza Foglino. El de su sobrino todavía está vacío.

La historia de sus monumentos puede generar una narración visual histórica de las ciudades uruguayas. Y puede a su vez dar indicios sobre las sensibilidades de sus habitantes.

En la década en la que el equipo viene trabajando en el proyecto vieron cómo incide la carga política de estas figuras en el espacio público. "En 2019 hubo toda una movida mundial: la revuelta social en Chile y el monumento a Baquedano, países latinoamericanos sacando esculturas de Colón, y las de los esclavistas norteamericanos siendo tiradas por la gente. Fue un momento muy fuerte de reflexión sobre la cuestión política que tiene estar obligado a ver cosas en la calle que hieren sensibilidades".

En el territorio nacional, también hay ciertas esculturas tienen esas características. "A nadie le va a enojar El Cóndor pero sí le puede enojar la escultura de Rivera o puede haber gente a la que le enoje que haya un escultura de los charrúas. Es una conversación amplia e interminable", sostiene el artista que en los últimos años ha profundizado en los motivos y el contexto histórico en el que se instalaron los monumentos de nuestros espacios públicos.

En este sentido, el de la relación entre la gente y el espacio público, Foglino y Melazzi han visto durante una década cómo los montevideanos se relacionan con las obras a su alrededor.

“Es bastante revelador el apego que tiene la gente con ciertas imágenes y cómo repercute cuando sale una de estas noticias. Cuando le cortaron la cabeza y el ala al cóndor de Cantú en las canteras del Parque Rodó lo ves replicado en todos los diarios, los portales y las redes sociales ardiendo, la gente furiosa, y eso no pasa con tantas cosas. Parece que a los monumentos nadie los mira, pero pasa una cosa de estas y resulta revelador”, dice Foglino.

Melazzi en cambio, no está tan de acuerdo con su compañero. Para él, hay un ejercicio de desahogo virtual que no necesariamente va más allá de la pantalla. “La gente las ve cuando aparecen en la red y participa en ese momento, y así como cerró la red, deja de verlo”, considera.

Para que lo vean, este año participaron de una iniciativa impulsada por la Intendencia de Montevideo. En el marco del Día del Patrimonio –que este año llevó el nombre de Raíces indígenas: pasado, presente y futuro– se intervino sobre las esculturas de Abayubá y el grupo escultórico Los últimos charrúas (obra de Prati, Gervasio Furest y Enrique Lussich, inaugurado en 1938), para devolverles las armas que les quitaron en una intervención temporal con piezas creadas por Federico Gauthier en base al Archivo Nacional de Patrimonio 3D en color rojo, con la intención de hacer visible la ausencia.

"Se trabajó con las esculturas que ya estaban vandalizadas. Fue una campaña de sensibilización que terminó teniendo el título Para que se vea, y se hicieron de rojo, en impresiones 3D y resina, con una armadura metálica por dentro", explicaron. Una intervención temporaria. Aunque aueda planteada la importancia archivística de conocer cómo era originalmente la obra.

Ahora, Abayubá recuperó la maza que ostenta en su mano derecha y el carcaj de flechas que alguna vez llevó en la espalda. Vaimaca Perú también recuperó la lanza que llevaba entre sus manos. Pero por poco tiempo. Para el lunes 12 de octubre, la escultura del guerrero charrúa que fue forzado y exhibido en París junto Senaqué, Tacuabé y Guyunusa volvió a ser vandalizada.

Otra vez, el indio está desarmado.

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