Deberían.
Por acá pasaba todos los días, por acá saludaba, dicen. Este era su trillo diario, el camino de sus últimos años. Don Aníbal. ¿Músico reconocido? Él era Don Aníbal, repiten. Lo cantamos, claro, pero ¿qué más? ¿Qué tanto más grande?
¿Qué tanto más?
Pero si era Don Aníbal. Si siempre estuvo acá. O casi siempre. En Paysandú.
¿Dónde más?
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Su apellido, en boca de alumno de siete años en clase de canto, tiene gusto a chiste fácil: Aníbal Zapayo. Alguna maestra corregía y amenazaba con despachos masivos a la dirección, así que el chiste moría ahí.
Aníbal Sampayo. Punto. Con los nuestros no se jode.
Ni con él.
Ni con Eduardo Franco.
Ni con Leandro Gómez.
Ni con Lucas Piriz.
Y nadie se animaba a romper ese código y, menos todavía, a cantar mal esas dos canciones que burbujean desde el hipocampo por culpa de la asociación nostálgica que evocan sus onomatopeyas.
Tataupá, ky chororó.
Chuá, chuá, chuajajajá.
¿Qué era aquello? ¿Qué cantábamos? ¿Qué pensábamos? Ni la más remota idea. ¿El canto de un pájaro? ¿El sonido de algo que tenía que ver con el río? No importaba. Lo que fuera, se archivaba en el fichero de la memoria y el corazón.
Y nadie lo olvidaba jamás. Ni en Paysandú, ni en ningún otro lado.
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De Ky chororó hay una versión muy nueva, muy reciente. La hizo el músico Garo Arakelian, la publicó en su último disco, Milonga de Quirón, y dijo esto en una entrevista con El Observador:
Esa canción, desde que soy niño, me fascina. No la conocí por la versión original, la conocí por el disco debut de Los Olimareños, que estaba en casa. Además de chico no entendía qué quería decir, era algo rarísimo, y mi madre nunca me lo supo responder tampoco. La canción me quedó grabada, pero como una información misteriosa. La melodía y la armonía en sí mismas no forman parte del cancionero folclórico o criollo que tenemos. La armonía tiene particularidades técnicas que son distintas al folklore uruguayo o el canto popular uruguayo que estaban naciendo en ese momento. Esta versión desde hacía 5 años que la tenía maquetada y sentí que lo que me faltaba en el disco era esto, que está hablando del río, del canoero en ese río que por un lado te alimenta pero también es un trabajo sufrido, y esa perdiz, el tataupá, que le dice que siga remando, que sus penas no están en la dimensión del río que viene con una memoria ancestral, desde un lugar que ya no conocemos.
Una canción que se graba como una información misteriosa.
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Esta es una ciudad orgullosa. Pone a la historia por delante y la lleva como bandera. En el aire de Paysandú flota una especie de rebeldía intergeneracional que puede malinterpretarse como postura separatista, pero que en realidad brota de las piedras del suelo que todavía tienen rastros de la Defensa. O sale de ese rótulo que es tan identitario, que está tan arraigado, que tiene su propio cartel gigante en la costanera, a la vera del río: La Heroica.
Esta es la ciudad que tuvo al pasado 6 de agosto de 2026 entre ceja y ceja. Ese día, Aníbal Sampayo cumplió 100 años. Una buena porción de los sanduceros abrazaron el aniversario del músico, aunque como suele pasar la apropiación de una figura de este tipo no es absoluta. Sampayo es un ícono áspero: está cruzado por convicciones políticas fuertes que decantaron en su música, su vida y que centellean en su legado. Y eso se siente. Y eso, un poco, para algunos, cuesta.
De hecho, hasta los sampayeros más fieles y orgullosos lo saben: Don Aníbal no es fácil de asimilar a nivel nación, porque su memoria incluso se pelea hasta con la idea de país cerrado, hermético, definido dentro de sus límites políticos.
Sampayo no quería eso. Sampayo prefería abrir el horizonte.
Adriana Dávila, sampayera canaria adoptada por Paysandú, lo confirma. En el Museo Histórico Departamental de la ciudad, una casona frente a la Intendencia en el centro sanducero, esta mujer observa el último impulso organizado por el grupo para reivindicar la memoria del músico. Se trata de una exposición que empapela las paredes de una de las salas del edificio y que recorre los principales hitos de la vida de Sampayo. Ahí se exhiben también algunos de sus objetos más emblemáticos, como su arpa. Es una creación del Grupo Cultural Aníbal Sampayo en colaboración con la Udelar, la Alianza Francesa de Paysandú y con apoyo de los Fondos Concursables, exposición que además que tendrá una versión en el Museo Histórico Nacional, en Montevideo.
Junto a Dávila, en el museo, está Eduardo “Chito” Lemes, músico sanducero que conoció a Sampayo de toda la vida, un “sampayólogo” de referencia y alguien con quien hay que hablar si se quiere llegar al verdadero Aníbal.
Dávila y Lemes, entonces, están al frente de la sociedad civil Grupo Cultural Aníbal Sampayo, que reúne músicos y personas vinculadas a la cultura que pretenden reivindicar el legado, la obra y la vida del creador de Río de los pájaros, pero también la música litoraleña como elemento propio de la identidad regional.
“El grupo ha tenido distintos nombres desde que murió Sampayo hasta ahora, pero sobre todo nos conocen como Los sampayeros”, dice Dávila.
¿Y qué hace un sampayero?
“Reivindicar la causa, pero no se trata solo de la figura de Aníbal Sampayo, sino de toda la cuestión de la música litoraleña como patrimonio cultural inmaterial, como rasgo identitario de la región, y la región entendida como supranacional. Este grupo no tiene apoyos institucionales de ningún tipo más allá de las colaboraciones puntuales y de las alianzas, pero hasta ahora se hicieron 19 Semanas de Sampayo desde que Aníbal murió, todas a pulmón. Y eso es importante porque es una característica que no tienen todos los legados musicales en el país, incluso en la región: una base popular o comunitaria como esta.”
La exposición se despliega en varios paneles y estampan en la cara del visitante una vida tumultuosa que fue, vino, subió y bajó. Y terminó acá, en Paysandú, a donde los caminos lo trajeron, pero una ciudad de la que también estuvo varios años distanciado contra su voluntad.
Sampayo nació el 6 de agosto de 1926 en la capital del departamento, se formó musicalmente en esas calles y luego pasó a una vida de cuasi nomadismo artístico que lo llevó a, entre otras cosas, terminar involucrado en la fundación del festival de folclore de Cosquín, el más importante de la región. Así, su legado es sobre todo transnacional: cuando recibió el Disco de Oro en 1963 fue por ser el compositor más popular de Uruguay y Argentina en ese momento, y además tuvo en Brasil, Bolivia y Paraguay otras de las fronteras que quebró.
Pero siempre volvió a Paysandú. De hecho, cuando el Alzheimer ya lo atenazaba con fuerza al final de su vida, quienes lo conocieron dicen que a todas las preguntas las respondía con un sí lacónico, a excepción de una puntual:
¿Te querés ir de Paysandú?
¡No!
El latido de Sampayo se siente en la ciudad, y también en el Mapa Sampayo, una iniciativa cartográfica multimedia impulsada por el periodista Daniel Machín y el diseñador Gabriel Bentancor, ambos responsables también del proyecto Montevideo Sonoro.
El Mapa Sampayo propone, a partir de un mapa interactivo ilustrado por el artista sanducero Óscar Scotellaro, una suerte de recorrido por algunos de los lugares donde los mojones de la vida del músico se desarrollaron.
“Cuando arrancamos con Montevideo Sonoro una de las propuestas recurrentes de mucha gente era que lleváramos la idea al interior”, cuenta Machín.
“Entonces empezamos a pensar en hacer mapas temáticos, y aprovechar la oportunidad para dotar a ese proyecto, a esa web, con algunas características que Montevideo Sonoro no tenía. Por ejemplo, el Mapa Sampayo está diseñado por un ilustrador y con otra impronta. Conseguimos un apoyo de la Dirección de Cultura de Paysandú en aquel momento a través de un fondo ANDE, y pudimos desarrollar esa idea con canciones de Sampayo vinculadas al territorio y con artistas locales. Fue la posibilidad de mostrar una gama generacional interpretando su obra, desde artistas que van desde los veintipocos años hasta Mario Fernández, que tocó con Sampayo.”
En ese mapa está marcado el lugar. Su casa.
Y hay que ir.
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Dr. Verocay 1154.
Paredes blancas, ladrillo expuesto, tejas, un farol, un banco de madera. Una placa: Al padre de la identidad de nuestro canto, de parte del pueblo de Paysandú. 06/08/2009
Su casa.
Allí lo detuvieron el 27 de mayo de 1972, a los 45 años, acusado de conspirar y traficar armas para la guerrilla tupamara. Hubo más detenidos y El Telégrafo replicó un mensaje de las Fuerzas Conjuntas titulado La sedición en Paysandú coronado con una foto suya. Estuvo ocho años preso en el Penal de Libertad y cuando lo liberaron, en 1980, la dictadura no le dejó cantar ni subirse a un escenario. Así que se fue. Se despidió de Paysandú y se mudó a Suecia, donde todavía vive su hija Selva.
En 1984 se arrimó a la región y se asentó en Entre Ríos. Y esperó. Cuando al año siguiente la democracia asomó la nariz, cruzó el puente General Artigas , miró al río Uruguay desde arriba y volvió a su ciudad para nunca más abandonarla. Su recibimiento fue en el club Paysandú Wanderers y 350 personas lo abrazaron otra vez.
Cada de Aníbal Sampayo en Paysandú
Emanuel Bremermann
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Los sampayeros han estado de festejos todo el 2026, pero agosto fue la zafra. Se presentó una biografía escrita por Schubert Flores Vassella, hubo un espectáculo central en el teatro Florencio Sánchez, un conversatorio en el Cenur Litoral Norte, shows musicales en la Alianza Francesa, en el Centro Cultural Gobbi, en salas de toda la ciudad. Hubo fiesta. Estuvo el recuerdo de Aníbal. Todos los recuerdos: la persona, el vecino, el músico y la figura discutida.
“Aníbal era un tipo que no tenía ninguna postura ni de estrella ni de nada”, recuerda Lemes. “Andaba en la calle todo el tiempo caminando, se paraba a hablar con todos, era un personaje muy integrado a la sociedad. Incluso hoy en día hay gente que se entera de lo que hizo y dicen ¿pero cómo? ¿Sampayo era tan importante?”.
“No había tanta conciencia de lo que él había sido. Algunos lo valoran por eso, pero no tienen conciencia de su proyección. Y el personaje de cercanía es un elemento que tiene que ver con sus convicciones más políticas. Esta idea de lo comunitario, de lo popular, está en la raíz de su pensamiento. No solo cantaba a la gente más humilde, sino que él se consideraba parte, por lo tanto no había una distancia. Por eso que su legado se sostenga sobre una iniciativa popular como el Grupo Cultural Aníbal Sampayo nos parece que es la manera más lógica de celebrar ese legado, porque básicamente de eso se trató su obra”, agrega Dávila, que suma además que su cancionero es conocido en Paysandú y no se discute, pero eso no quiere decir que no sea resistido.
“Que exista cierta resistencia es reconocer que fue importante, porque no te resistís a algo que no te importa. La resistencia tiene que ver con que hay una mirada muy específica sobre una sensibilidad social determinada, y sumado a su pasado ligado al MLN, sucede que es una figura demasiado política como para generar consenso absoluto”.
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Aníbal Sampayo murió a los 80 años el 10 de mayo de 2007. Hubo duelo departamental y Río de los pájaros se escuchó a coro en las veredas y las escuelas de Paysandú.
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Uno de los últimos registros audiovisuales que existen de Sampayo es el documental Hit, de Claudia Abend y Adriana Loeff, estrenado en 2008. Él aparece a partir del minuto 7, en la casa de Dr. Verocay 1154. Tres niños juegan a la pelota en la calle. Él baja la escalera, los mira.
Le van a romper el auto al turco y se va a armar.
Después se sienta frente a la cámara de Abend y Loeff. Sus respuestas son escuetas, algo extraviadas. Pero la cosa cambia cuando empieza a cantar Río de los pájaros. Después, una guitarra lo acompaña y el cierra el tema con el silbido característico. Fue la última vez que la cantó.
“La idea de empezar Hit con Río de los pájaros fue de Fernando Cabrera”, recuerda Abend, 18 años después.
Fotograma de la película Hit, de Claudia Abend y Adriana Loeff
“Cuando lo filmamos él ya estaba muy mayor, algo enfermo y tenía algunas fallas en su memoria. En la entrevista no recordó muchas de las cosas que le preguntamos sobre el pasado y su historia, pero increíblemente cuando le preguntamos si tenía ganas de cantar Río de los pájaros para nosotras con su vecino Óscar Pina, Aníbal, que venía un poco confundido en la conversación, empezó la melodía, se enganchó a cantar y se puso a silbar. Y de alguna manera esa canción lo conectó con la memoria inmediatamente. Fue un momento muy emocionante.”
“Pienso que en el caso de Sampayo hay una especie de paradoja que también es bella, y es que mientras él estaba perdiendo su memoria, su canción empezaba a vivir nuevamente en la memoria de otras personas. Una canción que se había silenciado durante tantos años, volvía a ser cantada por niños que ni siquiera habían nacido cuando él la compuso. Al final uno de los grandes valores del cine y particularmente del cine documental es atrapar el tiempo, congelar para siempre una imagen, un momento pequeño de un hombre simple en el fondo de su casa en Paysandú, sentado en un banquito y con su vecino tocando la guitarra, que de repente le viene como un momento de lucidez y puede cantar su canción una vez más”, cierra.
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Escribe el usuario @AnavonRebeur en los comentarios de Hit, que se puede ver en el canal de Youtube de la Agencia del Cine y el Audiovisual Uruguayo:
Rio de los pájaros era repertorio obligado de las escuelas primarias en Buenos Aires en la década del 60 y 70. Me estremeció escucharla otra vez. Gracias por recordarme el coro de las escuelas argentinas. Recién ahora me entero que es de un uruguayo.
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“A veces se nos dice 'en Montevideo no lo conocen tanto, solo cantan Río de los Pájaros'", dice Dávila. "Pero es una manera de conocerlo. Si todo el mundo canta Río de los Pájaros no podés decir que es desconocido. Quizás la gente no sabe recitar su biografía como acá en Paysandú, pero creemos que el alcance de la figura también es nacional, más allá de que su obra interpela un poco la idea de lo nacional. Y creo que ahí es donde también genera esa rispidez.”
Sobre eso también habla Machín, cuando trae un concepto de Schubert Flores, su biógrafo, que dice que Sampayo pagó el precio de hacer una carrera musical a espaldas de Montevideo.
“Sampayo tiene un legado monumental. Tal vez hoy no tenga la popularidad o la legitimidad de otros artistas como Zitarrosa o Los Olimareños, pero la influencia que tuvo y sigue teniendo en músicas y músicos, en el cancionero, en lo que generó en términos de pensamiento, de crítica de su profesión, del trabajo y de su materia prima que es la canción, es indudable. Él va más allá de un repertorio o de una colección de canciones, porque generó una especie de cosmovisión que excede la guitarra y la música. Es una filosofía del ser litoraleño, que obviamente incluye a Paysandú pero que va mucho más allá, que no respeta las fronteras políticas.”
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Es sábado 19 de setiembre y la primavera llegó a Paysandú. O sea: hace calor. Sin medias tintas. Así es como funciona en el norte.
A las seis de la tarde las reposeras empiezan a aglomerarse en la explanada de la plaza Artigas. Ahí donde los sanduceros aprenden a andar en bici, ahora las rondas de mate direccionan su proa hacia el escenario que domina el centro del lugar y donde en más o menos una hora empezará Sampayo 100, el homenaje que organizó la Dirección Nacional de Cultura para conmemorar el centenario del músico, y que está pensado y dirigido por el músico Guzmán Mendaro, que describe así el armado del espectáculo:
“Me conecté con la obra de Sampayo escuchándola enteramente, y luego Yisela Sosa, una de las cantoras que estuvo en el show, me prestó la autobiografía de Sampayo que se llama El canto elegido. Eso me puso un poco en contexto. Traté de hacer un repertorio que sea bastante popular dentro de lo que hacía él; no ir a las rarezas ni a cosas que no han sido editadas, sino ir a los grandes hits y que destaquen en nuevas voces, sobre todo en voces femeninas, ya que no estamos acostumbrados a escuchar la obra de Sampayo desde una interpretación femenina. Me centré en que haya una mixtura entre lo masculino y lo femenino en el repertorio, y que sea pop.”
Dirección Nacional de Cultura
A eso de las siete de la tarde, Diego González y Paola Bianco, conductores del evento, abren. Suben autoridades. El público escucha. Promedio de edad: ¿55? ¿60? Pero hay de todo, en realidad. Los canteros de la Artigas también contienen espectadores sin reposera. Hay olor a sahumerio y a garrapiñada, llega de los puestos en la vereda. El stand del Instituto de Música regala posters del concierto. En la pantalla aparece él: Sampayo, gigante, hablando de la música, de su vida, de Paysandú. Tres guitarras en manos de Jacinta Bervejillo, Matías Romero y Enzo Fernández, y el arpa paraguaya entre los dedos de Ruth Vaucher, abren con El Salpicao. La introducción instrumental da paso a dieciséis canciones más que atraviesan el atardecer nublado, pesado, con las voces de Jorge Nasser, Alfonsina, Isabel Lenoir, Yisela Sosa, Ana Prada, Copla Alta, Lucía Chappe y Martín Buscaglia. Suena la flauta de Valentina Estol, el piano de Luciano Supervielle, la percusión de Ayrton Dos Anjos, el bajo de Checo Anselmi, la guitarra eléctrica del propio Mendaro y un par de sampleos de DJ RC.
El trío de guitarras de Sampayo 100
Dirección Nacional de Cultura
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En la previa hay expectativa en Paysandú por el concierto aniversario, pero también algunas cejas levantadas. Algunas de ellas son de parte de los sampayeros.
“Ellos consideraron que la manera correcta de homenajear a Aníbal era traer una propuesta hecha de allá”, dice Dávila el día antes del espectáculo.
“Se reunieron con los sampayeros, pero no hubo la posibilidad de incorporar el trabajo comunitario en la propuesta. De todos modos, creo que hay que destacar que han decidido destinar una gran parte de su presupuesto, hacer una actividad que cuesta mucho dinero, y que decidieron hacerlo en Paysandú y para Aníbal. Ahora, si vos me decís, ¿te parece que es una política descentralizada? ¿Es una política que tiene en cuenta lo comunitario o los procesos que se vienen desarrollando? Y… no tanto, pero probablemente no es porque no quieran, sino porque es lo que pueden hacer”.
“Bienvenido sea todo lo que alguien quiera derramar por acá, bienvenido sea”, interviene Lemes. “¿Qué nos gustaría que las políticas culturales fuesen otras, descentralizadas, de trabajo comunitario? Sí. Pero es lo que hay”.
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Sampayo 100 sigue y el cancionero se desgaja con Mi picazo parejero, Ky Chóroro, Garzas Viajeras, Dende Gurí, Verde Litoral. En las canciones, con los tonos disímiles de cada intérprete, los paisajes sonoros y visuales se suceden. Las interpretaciones de Nasser, de Buscaglia, de Alfonsina, de los Copla Alta centellean, son las que más contagian.
Alfonsina y Jorge Nasser en Sampayo 100
Dirección Nacional de Cultura
La noche ya está arriba cuando llega el turno de Río de los pájaros. Lo hacen todos los artistas que pasaron por el escenario a la vez, cantan casi a capella junto con el público de pie. Y no es el himno departamental, pero bien podría serlo. Bien podría Paysandú adoptarlo. Hacerlo sonar cuando la bandera tricolor del mburucuyá sopla en el viento. Que se entreteja oficialmente, así como está entretejido con el corazón de su gente.
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Dice Ana Prada, cantautora, sanducera:
Sampayo vive hoy en quienes volvemos a cantar sus canciones. En los coros de las escuelas de Paysandú que cantan sus canciones. En que todos conozcamos determinadas canciones de Aníbal incluso sin saber que son suyas. Para que el legado de un músico viva, lo que tiene que sonar es su música y sobre todo, en el caso de Aníbal, sus letras, sus maravillosas metáforas, su compromiso social. Él está en cada chalana que anda por el río Uruguay, su legado está en cada espinel, en cada gurisito pescador, y quienes tenemos que defenderlo y mantenerlo vivo somos quienes tenemos la posibilidad de subirnos a un escenario. Tenemos que incluir su obra en nuestro repertorio y hacerlo más uruguayo que nunca. Porque es increíble, cuando sos de acá, del litoral, escuchás las canciones de Aníbal y ves tus paisajes, esas tardes naranjas, esos atardeceres rojos, ese río. En cualquier lugar del mundo escucharlo es volver a un pedacito de nuestra infancia, a nuestros paisajes, al amor por nuestra tierra, a nuestras raíces. Yo ando mucho por Argentina y mucha gente cree que es argentino. Y yo les digo: 'No, Aníbal es uruguayo y es de Paysandú, de mis pagos'.
Dirección Nacional de Cultura
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Hay más placas que recuerdan el paso de Sampayo por Paysandú.
En Florida y Dr. Verocay, se puede leer: Por esta vereda diariamente transitaba Don Aníbal Sampayo. Luciendo su incondicional pajilla, pañuelo al cuello y portando una chismosa donde colocaba las compras del día. Con mucha paz, buen humor y humildad se detenía a conversar con los vecinos.
Otra, ubicada al lado de un mural lo recuerda en el barrio portuario de la ciudad.
Y la última está en el río. incrustada en el centro del muelle que lleva su nombre, y que se adentra en el río Uruguay, ese río que vio, escribió, cantó y quiso. El de las garzas viajeras, los gurisitos ojos de yacaré, los pescadores, los atardeceres rojos, el que tiñó las cuerdas de su arpa, que le enseñó a romper con la rigidez de las fronteras, el que le regaló, al final, el reposo manso de la tierra que amó.