Eduardo “Colo” Gianarelli entra en el estudio desde el que conducirá una de las apuestas televisivas más grandes de los últimos años. Golpea suavemente el suelo con la mano y camina hacia la cámara. De pronto se detiene, lleva la mano al puente de su nariz y contiene la emoción antes de inaugurar oficialmente el programa. Llega entonces la primera referencia futbolística: “Hoy parece que juega Uruguay. No puedo buscar otra comparación. Durante muchos años vimos, opinamos, elegimos a nuestros favoritos, pero hoy es diferente”.
Desde el primer momento Gianarelli despliega un oficio de conductor televisivo acumulado al frente de Agitando una más con el recuerdo de Omar Gutiérrez, las temporadas de Polémica en el Bar, MasterChef o La Mañana en Casa. Y muestra lo más importante ese momento: calma. Calma en un mar desconocido, en vivo, real. Todos los desafíos que presenta un reality show del tamaño de la infraestructura del formato inspirado en 1984.
La primera en entrar a la casa de GH es una mujer. Una manicura de 22 años de nombre Yasmín Esquivel. Su entusiasmo al abrir la puerta y recorrer los primeros metros de la casa donde convivirá con otras 20 personas despierta en el público en las tribunas risas desperdigadas y caras de sorpresa cuando da saltitos y grita ante cada rincón del hogar televisivo.
“¿Acá va a estar el Colo? ¿Qué anda el Colo?”, dice cuando se para frente a la televisión del living donde unas horas más tarde verán al conductor del ciclo. Él, desde el piso televisivo de Montevideo, se sorprende con la ocurrencia y los primeros signos de uruguayidad dentro de la casa: “Querían un Gran Hermano uruguayo, ¿no? Ahí está”, enfatiza el conductor.
Desde entonces empiezan a entrar a la casa un puñado de uruguayos que formarán parte de un experimento donde quizás nos veamos a nosotros mismos. Por lo pronto, más de 700 mil personas –según la medidora Ibope– vieron la entrada de los jugadores en sus televisores y más 40 mil se conectaron a través del streaming, esperando ver entrar a ese conocido, la esperanza de haber sido ghosteado por un bien televisivo o la sorpresa de ver aquel rostro que hace tiempo no veían.
Finalmente la primera selección nacional se compone más o menos así: una veinteañera a la que una tarotista le auguró fama, un herrero mujeriego, un peón de campo manya, una chofer de ambulancia jubilada que “vivió la vida al revés”, un dramaturgo que fue abandonado por su padre y recordó a Gaspar Valverde, una funcionaria de OSE, una influencer de Carrasco, un gaucho-cheto-domador-surfista, un hombre de 37 años que piensa que en el boliche le creen cuando dice que tiene 30, una mujer viral en Tik-Tok que siembra la sospecha de una primera salida, una salteña que canta el Himno de la Alegría y tiene 17 hermanos, una muchacha “intensa, manipuladora mentirosa”, un guardavidas que concursó en Tailandia por Mister Mundo, el hombre de Pocitos que quiere “darse los gustos en vida”, alguien que se cansó de ser “una mujer mantenida” y se dice expareja de un famoso uruguayo, un muchacho demisexual “de Sayago, muy de Sayago”, un poronguero que por fin iba a conseguir “un buen trabajo” pero entró en Gran Hermano, un chofer de UCOT candombero que se parece a Lenny Kravitz y dos Tatianas.
Llegan como representantes de algunos barrios de Montevideo y de departamentos del país como Salto, Durazno, Flores, Paysandú, Maldonado, Tacuarembó y Canelones. No escucharemos esta vez la cuota en portuñol de la frontera. Con los participantes entra también la música nacional a la casa de Gran Hermano desde La Nueva Escuela hasta El Cuarteto de Nos, pasando por Chacho Ramos, Sonora Borinquen o Sonido Profesional.
Eliana Dide desde Buenos Aires recibe desde Buenos Aires a los participantes mientras van llegando a la puerta de la casa. La puerta que esperaron abrir durante los últimos meses, y todos esperan cerrar por último. Recibe, también, los intentos de seducción de varios participantes antes de entrar en un confinamiento hasta fin de año, mientras los familiares miran, aplauden y miden a los contrincantes de sus seres queridos desde Montevideo.
Algunos se toman de las manos mientras miran las pantallas en las que se reproducen las presentaciones de quienes conocen hace una vida pero ahora se presentan ante el país. Quienes dejarán atrás ese ámbito doméstico para convertirlo en un hogar ampliado, quienes pasarán a convivir en la casa más famosa de la televisión con voyeristas a tiempo completo, quienes están preparados para jugar al juego que siempre quisieron ganar.
Durante tres horas el estudio de Canal 10 se convierte en la antesala a un experimento social que por primera vez tiene a los uruguayos como protagonistas, y para muchos de quienes entran en la casa, como el instante previo a la oportunidad que desearon durante mucho tiempo.
Saca el celular y graba el momento exacto en el que su novia ingresa a la casa más observada del mundo. Pedro, que se presenta como su futuro esposo, dice que apoya 100% a su pareja y observa con atención la presentación de Agustina Zerbino. “Es algo que ella quiere hace mucho tiempo y que lo venimos laburando. Ella está copada y nosotros felices de que pueda hacerlo. Le va a hacer muy bien, porque ella es influencer, entonces le va a ser bien y es lo que a ella le gusta. Todo tiene un propósito. La va a romper”, dice.
Cerca de la familia de Carrasco están los amigos de Trinidad. “Yo espero no verlo hasta dentro de tres meses”, dice Mateo. Parte de un grupo de chicos jóvenes que visten remeras negras con letras negras con el nombre de Facundo.
Más atrás se ubican los amigos de Esteban Álvarez, o Black Steven, el conductor de ómnibus reikista. “Va a ser una fiesta para él y a puro candombe siempre. Lo hablábamos en casa siempre con toda mi familia, que era obvio que iba a estar. Se lo merecía, yo sé que lo busca y que va a estar a nivel hasta el final”, dice su amigo Esteban.
En otra esquina de la tribuna un grupo de jóvenes con boinas rojas sostiene un cartel: Juan Santana de Tambores a la casa de GH. Algunos llegaron desde Tacuarembó para ver a su amigo entrar en el reality uruguayo, que ya había intentado participar en Gran Hermano Argentina en temporadas anteriores. “Siempre quería hacer algo diferente, siempre pensando y atrayendo esa fuerza, y ahora se le dio. Ahora tiene que meterle y jugar”, comenta Vicente.
“Que haya una persona del norte en la casa de Gran Hermano está tremendo, muestra todo lo que hay allá”, dice Franco. “Menos de un pueblito llamado Tambores, que está entre dos departamentos grandes y con poco más de mil personas”, acota su compañero.
La primera noche de Gran Hermano Uruguay llegó con una sorpresa: una de las participantes que entró en la casa deberá salir en las próximas horas. Es, en palabras del conductor, una “aspirante”. La noticia cayó sobre algunas personas en la tribuna que llevaron sus manos a la cara y se taparon la boca, otros se miraron con desconcierto y algunas se tomaron de las manos en señal de apoyo.
“Gran Hermano ha decidido que el juego arranque desde el minuto uno”, señaló Gianarelli.
Pero para analizar el juego en el estudio están los seis analistas de la noche: un panel conformado por Ciara Nin, Lucas Fuente, Natalie Yoffe, Sofía Tardáguila, Oscar Belo y uno de los uruguayos ganadores de Gran Hermano Argentina: Santiago "Tato" Algorta.
“Es increíble, algo impensado. Hace tantos años que queremos nuestro propio Gran Hermano y se está haciendo realidad. Yo estoy desde el lado del panel analizando a los participantes y hay muchas personalidades muy fuertes, muy marcadas, divertidas, algunos otros estrategas. Creo que lo van a dar mucho, lo van a dar todo”, dice Yoffe a El Observador durante la tanda.
“Uno pensaba que el uruguayo es como capaz que más tranqui, más chato, como muy amiguero y sí, puede ser amiguero pero dar show también y es lo que me está sorprendiendo del casting y la uruguayez a flor de piel está en los participantes”.
A su lado, Lucas Fuente se mostró feliz porque llega a la versión local luego de ser panelista de Gran Hermano Argentina y quedó “sorprendido con el casting”. “No puedo creer los tremendos personajes que estamos viendo. Todavía faltan entrar un par más, pero estoy ansioso por llegar a mi casa, ya aprender el 24 horas y ver porque realmente no se puede creer. Estoy sorprendidísimo”.
Santiago “Tato” Algorta se sienta a la derecha del conductor, que lo consulta como la voz de la experiencia de un ganador uruguayo de Gran Hermano. Ahora, en un rol de panelista de la noche, explica que espera una edición de reglas claras: tres meses de duración sin repechajes y placas “chicas”. “Espero mucho juego y espero una edición muy uruguaya y ver a ver qué onda nosotros”.
“Va a mostrar que somos un poco todo: somos conservadores en ciertas cosas pero en otras no. Es un país muy estable, un país muy tranquilo, un país muy confiable, de mucha credibilidad, entonces me encantaría que este gran hermano refleje eso también”, dice el exparticipante.
“Me parece que está bueno para la primera edición de Uruguay volver un poco a las bases. Desde el inicio, ese formato que no hay duda que funciona, que se creó en Holanda y funcionó a la perfección. Me encanta que vuelva a eso. Sobre todo que sea una edición que la gente se enganche y que se involucre mucho a votar y a apoyar a su candidato. Estoy seguro que todo el mundo se va a sentir representado con alguien”.
Al volver al aire las pantallas le muestran a los familiares apretados en las tribunas qué está pasando dentro de la casa al mismo tiempo que a los cientos de miles de televidentes. Se escuchan los primeros “tengo una amiga que vive en… ” o “conozco a alguien con tu apellido en…”. Los pocos grados de separación que tenemos los uruguayos atentan con acercarse, pero todavía ninguno recordó conocerse de antemano en el país de los tres millones.
“¿Alguien quiere mate?”, se escucha cuando faltan 15 minutos para las 23:00 y se arma la primera ronda de mate de la edición. Una ronda que parece interminable con un solo termo y mate, pero propicia la conversación entre los nóveles jugadores.
Mientras la televisión entra en la casa de Gran Hermano y los participantes empiezan a conocerse, en el piso de Canal 10 el conductor del ciclo no abandona su lugar pero comienza a tejer una cierta complicidad con las tribunas. Comenta, gestualiza, reacciona, se involucra en la experiencia colectiva que sobrevuela en el estudio como un “momento histórico” para la televisión nacional.
Mientras las familias se mueven de tribuna en tribuna y se reorganiza la gente que llenó el estudio, los panelistas se toman fotos y reciben innumerables notificaciones en sus teléfonos, Gianarelli ve a sus hijos entrar dando saltos entre la escenografía de pantallas envolventes.
– Has dicho que desde que te dijeron que ibas a ser el conductor de Gran Hermano soñaste con este día. ¿Qué soñabas y qué te está pasando hoy?
– Lo disfruté mucho. Traté de tomarme mi tiempo. A veces en los programas en vivo el tiempo parece que va lento, pero en verdad va muy rápido. Entonces encontrar el punto medio es difícil. Creo que lo logré, lo disfruté, miré a la gente. Nada, traté de transmitirle que de verdad es una emoción esto, es un hito muy importante en la televisión uruguaya y que jugaba Uruguay. Más allá de que vaya en Canal 10, esto lo juega Uruguay, juega la televisión uruguaya y por primera vez, después de mucho tiempo, creo que la gente está reunida para ver un programa por televisión abierta, también por streaming, y eso es muy emocionante.
– Se te veía emocionado en el arranque el programa.
– Sí, lo tuve que controlar mucho porque todo el día fue muy emocionante y tueve muchas demostraciones de cariño. Gran Hermano va a pasar y después queda eso. Es una experiencia impresionante pero si tengo que elegir una cosa u otra elijo el amor de mi gente. Que esté mi familia, compartirlo con todos, que todos se luzcan, es muy lindo.
– Conocés estos perfiles hace mucho tiempo, nosotros los vemos ahora. ¿Qué crees que nos dice este Gran Hermano de los nosotros los uruguayos?
– Yo conozco mucho a la gente que está entrando, mucho más de lo que se vio hasta ahora. Pero me llamó la atención que cuando entraron siete u ocho ya era una casa uruguaya: estaban diferentes clases sociales, diferentes edades, diferentes perfiles. Hay que darle tiempo a ver qué pasa, pero creo que es muy alentador lo que pasó este primer día.
– Si volvemos a hablar dentro de tres meses, ¿qué te gustaría decirme? ¿Qué te gustaría que pase?
– Que los participantes salieron sanos. Es un desafío muy grande para el canal cuidar la salud mental de los participantes porque es un juego de aislamiento donde tu vida cotidiana cambia muy rápido. Que sea una edición para toda la familia. Después la casa va a mandar, pero que se reúna la familia a ver una edición y que salgan los problemas de convivencia como cualquiera tiene en su casa. Yo creo que esto es impensado para la televisión uruguaya. Gran Hermano es una locura. Y ojalá que el equipo y que los auspiciantes que se la jugaron con Gran Hermano y la gente que es la que elige también se prenda y que diga: esto está bien, queremos muchas ediciones más.
– ¿Y qué esperas de este primer contacto la casa?
– ¡No, olvídate! Mirá, tenía dos momentos de nervios. Uno eran los primeros momentos y el otro era el primer contacto con ellos. Es una casa bastante potente así que no se van a quedar sin palabras. Escucharé lo que dicen.
Efectivamente, después de que Tatiana Milano entrara la casa y se tirara en la playa artificial, que quizás algún día le recuerde al guardavidas su trabajo en Punta del Este, los “hermanitos” se reunieron frente al televisor. “¡Chiquilines y chiquilinas!”, es el llamado que Gianarelli estrenó este domingo en Gran Hermano. Uruguayo, cercano, amigable. Entonces, les dio la bienvenida a su nueva casa.
Y los dejó en manos de Gran Hermano.
"Cada uno de ustedes está haciendo historia", les recordó la voz que es la esencia del reality. "No tendrán contacto con el mundo interior pero no están solos, yo los estaré viendo atentamente las 24 horas y creanme: este ojo nunca descansa", aseguró Gran Hermano antes de la primera cena: bandejas de sushi y copas de champagne, con las que soñarán cuando el presupuesto de la compra semanal apriete los bolsillos.
“Es el momento de despedirme, pero atentos: el juego ya comienza. Vamo arriba”, se despidió la voz de la casa.
Cerraron la puerta y ya no entra nadie. Solo queda ver, quién será la última persona en salir. Y qué pasa cuando 21 uruguayos se encierran en una casa con un solo termo y mate. Gran Hermano Uruguay ya está en el aire.