5 de septiembre 2024 - 5:00hs

La Tierra tiene unos 4.500 millones de años; la vida unos 4.000; la vida fuera del agua entre 400 a 500 millones de años y nuestra especie, unos 200.000 años. Se estima que han existido unos 100.000 millones de seres humanos en la historia. Sin embargo, a pesar de esta realidad cósmica, algunas vidas logran cierta trascendencia.

Thomas Schelling en su ensayo “La vida que salvas puede ser la tuya”, caracteriza a esta aparente dicotomía con los conceptos de “vida estadística” y “vida identificada”.

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Términos que recoge el ganador del Premio Nobel, Richard Thaler, uno de los padres de la economía del comportamiento para ejemplificar cómo y por qué los seres humanos no somos 100% racionales, meras calculadoras. Porque si así fuere, por ejemplo, no habría razones para no sentir exactamente los mismo con cada uno de los más de 100.000 jóvenes de entre 18 a 25 años que han perdido la vida en la actual guerra entre Rusia y Ucrania, o tener sentimientos semejantes con los más de dos uruguayos que se quitan la vida por día y son en su amplia mayoría, jóvenes.

¿Qué diferencia sustancial existe entre la triste muerte de Juan y las otras tantas muertes que ocurren a diario? Primero, el hecho coincidió con la transmisión por televisión en vivo para cientos de miles de personas durante un partido de fútbol (¿fui el único que se sorprendió de que el encuentro siguiera como si tal, cuando era evidente que esto no era un hecho habitual?).

Los días que siguieron fueron revelando detalles de su vida personal. Su reciente paternidad, su familia como prioridad absoluta, sus valores como hijo, amigo y compañero. Y mientras Juan se iba despidiendo, iba naciendo entre nosotros un abrumador sentimiento de empatía que derivaba en dolor.

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Lejos, muy lejos de las frías estadísticas, de nuestro inexorable destino, de la condición cósmica de la existencia. Nos habíamos alejado definitivamente del “econ” (el “homo economicus", manera crítica o a veces irónica de referirse al ser humano racional de la escuela clásica). Nos acercamos a nuestras condiciones más humanas, esas que nos hacen actuar y reaccionar a través de emociones.

Una mención aparte merece la reacción el club San Pablo y toda su comunidad, muy lejos del mundo racional. Juan encontró el recogimiento de una vida identificada.

Hace unos meses leí una nota de El País de Madrid que titulaba “A quién le importa la muerte del delivery Victorio Hilario en una esquina de Nueva York”, haciendo referencia al triste accidente impune que terminó con la vida de Victorio, quien se desempeñaba como repartidor en la urbe estadounidense. Un hecho que logró trascendencia mediática y a partir de ello, escaparle a la vida estadística, de los varios deliveries que fallecen por las mismas causas, para adentrarse en la vida identificada. Logró conmover a una parte de la sociedad y a la vez tuvo como efecto colateral la difusión de las precarias condiciones laborales de su sector de actividad.

Inevitablemente, hice una rápida asociación entre los dos hechos. La mayoría de las veces, aquellos que somos aficionados (y no) al futbol no tenemos presente que además de sesgos pasionales, para los jugadores hace rato que esto no es un juego. Es su fuente laboral. Esa dedicación implica renuncias excepcionales: fines de semana, licencias especiales, noches fuera de casa, distancias, etc. Todo en pro del espectáculo.

Juan Izquierdo, Nacional, Foto: AFP
Juan Izquierdo

Juan Izquierdo

Sin embargo, detrás de ello cada profesional tiene su vida con sus tensiones, vínculos, satisfacciones y prioridades. Nada hará regresar a Juan Izquierdo ni pretendo sugerir que el destino hubiera sido otro, pero ojala sea un llamado a la atención y a la reflexión para cuestionarnos el nivel de presión ejercida, desmedida y de las rígidas obligaciones que esta práctica conlleva.

Las transiciones importantes, como el nacimiento de un hijo, es uno de los momentos más estresantes de la vida, aunque sea una alegría y una bendición. Juan debía estar compartiendo un tiempo único con su pareja aquel jueves, disfrutando de sus hijas. No hay show que lo valga.

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