¿Cuánto influyen las exportaciones de carne en la economía uruguaya? ¿Sigue vigente entender a esta industria como actividad primaria con escaso valor agregado? La respuesta tradicional limitaría su impacto al sector agropecuario y algunos eslabones directos. Sin embargo, una reciente investigación nos invita a revisar esa visión simplista y descubrir efectos multiplicadores, especialmente en materia de servicios.
El despegue de las exportaciones cárnicas a China es una historia bastante conocida. En 2006, representaban apenas US$ 3,56 millones. Para 2019, habían escalado a US$ 1.130 millones, equivalentes al 1,7% del Producto Interno Bruto (PIB) uruguayo. Lo realmente interesante es que este boom no solo impactó al productor ganadero o al frigorífico, sino que generó un efecto dominó a través de toda la red productiva nacional.
Tradicionalmente, hemos temido que un auge exportador en commodities genere "enfermedad holandesa", apreciando el tipo de cambio y dañando la competitividad del resto de la economía. Un fantasma que suele rondar cuando las materias primas dominan la canasta exportadora. Pero el caso uruguayo parece contar otra historia.
La investigación muestra que cuando aumentan las exportaciones de carne a China, no solo se benefician los productores directos, sino también sus proveedores. Es más, el primer dato sorpresivo: el efecto en los proveedores de servicios es más del doble que en los proveedores agropecuarios. Por cada punto porcentual de aumento en la exposición a exportaciones cárnicas a China, los proveedores de servicios experimentan un incremento del 14% en sus ventas, mientras que los del sector agropecuario apenas un 6,5%.
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Estos impactos se trasladan al empleo y salarios. En el sector servicios, un mayor vínculo con exportadores de carne genera aumentos del 3% en empleo y salarios, y cerca del 7% en ventas por trabajador. Los servicios de información y comunicación, inmobiliarios, transporte, y servicios profesionales son los más beneficiados.
Quizás lo más interesante es descubrir que estos efectos positivos no se limitan a los proveedores directos. El impacto se propaga hacia arriba en la cadena de valor, beneficiando incluso a empresas que abastecen a estos proveedores, con especial intensidad en el sector servicios.
En términos agregados, las exportaciones de carne a China aumentaron las ventas totales de la economía uruguaya en un 1,79% entre 2014 y 2019 (prepandemia). Aunque dos tercios de este efecto corresponden al valor directo de las exportaciones, el tercio restante (unos US$ 1.600 millones) proviene de efectos indirectos a través de encadenamientos productivos. Y aquí está el segundo dato sorpresivo: el sector servicios captura el 22% de estos efectos indirectos.
Lo fascinante es que el sector servicios no solo se benefició pasivamente, sino que se adaptó activamente para capitalizar esta oportunidad. Las empresas de servicios reestructuraron sus vínculos para integrarse mejor con los exportadores cárnicos, fortaleciendo su capacidad para aprovechar el comercio con China.
Estos hallazgos desafían la narrativa común sobre los límites del crecimiento basado en recursos naturales. En tiempos donde el nacionalismo económico y proteccionismo comercial de países desarrollados dificulta el camino de la industrialización exportadora para economías emergentes, descubrimos que los sectores primarios pueden servir como plataforma para impulsar servicios con mayor nivel de valor agregado o sofisticación.
Como señala acertadamente Dani Rodrik, "el futuro de los países en desarrollo está en los servicios". Uruguay parece confirmar esta tesis, mostrando cómo las exportaciones de commodities pueden estimular actividades en servicios productivos a través de redes empresariales.
Esto no significa que debamos conformarnos con ser meros exportadores de materias primas. Por el contrario, implica que debemos potenciar intencionalmente estos vínculos entre sectores tradicionales y modernos, aprovechando la capacidad transformadora que tiene la inserción internacional.
La lección es clara: cuando hablamos de sostener y expandir las exportaciones de carne, no estamos únicamente abogando por divisas hacia al sector ganadero. Estamos apostando por una red de efectos multiplicadores que beneficia a sectores aparentemente desconectados, desde servicios profesionales hasta tecnologías de información.
En tiempos donde la transformación productiva parece cada vez más esquiva para economías pequeñas, quizás no debamos buscar quiebres drásticos con nuestro perfil productivo histórico, sino conexiones inteligentes entre lo tradicional y lo moderno. La carne uruguaya no solo alimenta al mundo; también nutre, inesperadamente, nuestra economía de servicios. Y eso vale la pena defenderlo y potenciarlo.
(La investigación a la que se hace referencia en este artículo es "Beefing Up the Service Sector: Commodity Exports to China and Production Network Spillovers", Amodio, Chiovelli, Frache - 2025).