22 de septiembre de 2024 5:00 hs

El analista e historiador israelí Yuval Noah Harari dio una conferencia para periodistas de países hispanoamericanos, de la que participó El Observador, para presentar su nuevo libro Nexus.

Harari explicó cómo la IA facilita una vigilancia sin precedentes, que podría llegar a aniquilar cualquier forma de libertad. “Ya no se necesitan agentes para seguir a los humanos: los smartphones, cámaras y el reconocimiento facial hacen que destruir la privacidad sea más fácil que nunca”.

La información no es conocimiento. La mayor parte de la información en el mundo es basura. No es verdad La información no es conocimiento. La mayor parte de la información en el mundo es basura. No es verdad

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En cuanto a la información que consumimos, Harari fue categórico: “La información no es conocimiento. La mayor parte de la información en el mundo es basura. No es verdad. La información verdadera es escasa porque escribir un informe auténtico requiere tiempo, dinero y esfuerzo. Escribir una mentira o información falsa es sencillo, no necesitas invertir nada. La ficción es barata y la verdad normalmente es complicada. Si queremos que prevalezca la verdad, debemos invertir en ella. Necesitamos periódicos, sociedades e instituciones académicas”.

Harari también habló sobre el test Voight-Kampff, una referencia a la película Blade Runner, que en su momento sirvió para distinguir a humanos de replicantes. Según Omar Hatamleh, director de Inteligencia Artificial del Goddard Space Flight Center de la NASA, en 50 años será casi imposible distinguir a un robot humanoide de una persona. Este debate, según Harari, subraya el impacto de la IA en la humanidad.

"Hace un año y medio, junto a Elon Musk y Steve Wozniak, firmamos un manifiesto para frenar la carrera descontrolada de la IA, pero no sólo no se frenó, sino que la IA ha acelerado más", señaló.

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Advirtió que la IA actual, aunque primitiva, tiene el potencial de crecer exponencialmente en las próximas décadas, y que los algoritmos ya están tomando decisiones importantes en plataformas como Facebook y Twitter.

“La IA ya puede crear textos, música y vídeos por sí sola. Aunque sus creaciones actuales son imperfectas, estamos en los primeros pasos de una tecnología que solo tiene diez años. Si hacemos un paralelismo con la evolución biológica, la IA actual es una ameba, pero evolucionará a un ritmo millones de veces más rápido”.

El autor profundizó en cómo la IA puede facilitar los regímenes totalitarios. “En la Alemania nazi o la Unión Soviética de Stalin, siempre existieron algunos espacios de privacidad. Con la IA, esos espacios podrían desaparecer por completo. Esta tecnología no descansa y puede procesar cantidades colosales de información, lo que facilita el control total de la población”.

No obstante, Harari destacó que el impacto de la IA no es necesariamente determinista. Las sociedades tienen la posibilidad de tomar decisiones para regularla y evitar los peores escenarios.

Finalmente, Harari cerró con una reflexión sobre la responsabilidad que tienen los gigantes tecnológicos como Facebook y TikTok en la difusión de información falsa.

“Las corporaciones deben ser responsables por lo que deciden sus algoritmos, del mismo modo que el editor de un periódico es responsable de su portada. La diferencia está en que ahora el control sobre la información está en manos de algoritmos cuyo objetivo es maximizar la atención de los usuarios, lo que favorece la propagación de teorías conspirativas y el odio. Si no hacemos algo al respecto, podríamos perder lo que nos hace humanos, como las lágrimas en la lluvia”.

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