23 de noviembre 2024 - 5:00hs

En las últimas semanas la tragedia ocurrida el 30 de diciembre del 2004 en el local República de Cromañón, en Buenos Aires, volvió al imaginario colectivo del Río de la Plata. La razón fue el estreno de una serie –llamada, justamente, Cromañón – que recrea lo ocurrido hace casi exactamente veinte años.

Contar desde la ficción un episodio que todavía está fresco en las memorias significaba un riesgo. Porque se está retratando una catástrofe en la que murieron 194 personas y que dejó a cientos con secuelas físicas y psíquicas de por vida, donde se conjugaron la corrupción política, la codicia y la desidia de los responsables del edificio y una cultura de interacción con las bandas que ellas también celebraban más allá de los riesgos que ya se sabía que podía significar.

También porque fue un episodio que quebró la historia del la cultura argentina, del rock en ese país, y hasta de otras áreas: en la ciudad de Buenos Aires, tras las secuelas políticas del hecho, no volvió a gobernar la izquierda.

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Todos esos factores hacían que Cromañón tuviera un muro muy alto que saltar. Incluso, ante el estreno de la serie, la asociación de sobrevivientes sacó un comunicado y una campaña llamada “no nos cuenten Cromañón”, donde manifestaban su rechazo a esta adaptación. En ese texto, sin embargo, mencionan un punto que la serie logra y que le da valor.

“Creemos que es positivo que se hable de Cromañón y que un pibe/a que no conoce lo que es se entere de su existencia y pueda llegar a interesarse por el tema, e intentar buscar información”, dice el texto.

La serie, que tiene ocho capítulos y se puede ver en la plataforma Amazon Prime Video, tiene además un notorio respeto por la tragedia. Quizás demasiado. Por supuesto que eso es una ventaja, porque no cae en un morbo innecesario, no juzga y no manipula. Pero también es un problema. En su afán de no ofender ni señalar a nadie con el dedo (que está bien), termina chapoteando en la superficie de un mar muy profundo.

El problema no está en sus actuaciones, ni en cómo se ve esta producción que fue rodada principalmente en Uruguay (el complejo Euskalerría emula a un monoblock del conurbano bonaerense, una vieja fábrica se convirtió en Cromañón, y hasta se ve al Palacio Legislativo en un memorial para las víctimas que se hace en la Plaza Primero de Mayo, además de otros lugares menos conocidos de Montevideo, como casas y comercios de barrio). Ni siquiera en su guion, que es eficaz y siempre invita a seguir viendo. El problema está en el objetivo de la serie. En cómo quiere contar a Cromañón.

El problema de contar la tragedia de Cromañón “sin permiso”

Cromañón, serie de Amazon Prime Video
Cromañón, serie de Amazon Prime Video

Cromañón, serie de Amazon Prime Video

Ciudad Celina es una de las tantas localidades que componen esa masa de suburbios llamada “el Gran Buenos Aires”. En 2004 todavía se llamaba Villa Celina, y es ahí donde viven los protagonistas de esta serie. Cromañón retrata uno de los grandes traumas recientes de Argentina desde la perspectiva de un grupo de adolescentes y jóvenes de barrio, casi todos hijos de hogares trabajadores, obreros, a lo sumo de clase media.

Cada uno tiene sus sueños: algunos tienen una banda y quieren ser estrellas de rock; otros sueñan con el patinaje, la fotografía. Otros sueñan con el amor. También tienen deseos más inmediatos y mundanos, pero también importantes: estar con sus amigos, tomar una cerveza o fumar un porro, ir a ver a Callejeros a Cromañón.

La historia, entonces, se centra en el público que estaba esa noche en el boliche del barrio de Once, y por extensión, en algunos de los padres (todos piolas y cancheros, llamativamente). Una decisión efectiva, por supuesto, a la que además le viene bien el tono de coming of age que la serie plantea en sus primeros capítulos.

Embed - Cromañón - Tráiler Oficial I Prime Video

Las desventuras juveniles cotidianas de estos personajes no solo van encariñando al espectador, lo que hará que después el impacto de la tragedia sea más fuerte, sino también le ponen una perspectiva más humana al episodio. Pero al final la sensación que queda es la de una historia contada solo en parte.

Sin dudas que no contar con el visto bueno de las víctimas fue un obstáculo para contar la tragedia de otra forma, quizás enfocando la narrativa en personas reales y no en posibles espectadores del show que funcionan como una muestra eficiente pero genérica de la audiencia de esa noche. Tampoco contaron con la aprobación de Callejeros, lo que hace que la banda orbite el relato pero nunca aparezca (ni tampoco su música).

Más allá de permisos o prohibiciones, hay un puñado de datos que la serie menciona al pasar y que sin grandes desvíos se podían incluir en la historia, haciéndola mucho más rica y sustanciosa, en uno de los grandes pecados de la narración audiovisual: el contar y no mostrar.

Mostrar aunque sea de forma breve y contundente el escaso control de las autoridades de la ciudad a este tipo de locales. O que aceptaban coimas de sus dueños para ahorrarse inspecciones es más contundente que decirlo en una frase de diálogo, como sí pasa con algunos de los problemas del local del show, que no tenía agua corriente y tenía puertas trancadas con candado para evitar colados, entre otros elementos que lo convirtieron en una trampa letal.

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Cromañón, serie de Amazon Prime Video

Cromañón, serie de Amazon Prime Video

Mostrar que para estos jóvenes sin perspectivas de una Argentina post crisis de 2001 el rock barrial (como se conoce al subgénero que nace de los hijos musicales y culturales de Los Redondos y La Renga que integraba Callejeros), con su sonoridad stone y sus letras que incluían temáticas sociales era una tabla de salvación, es más fuerte que decirlo a la pasada a través de un personaje.

Contar que las bandas alentaban la aglomeración, el encendido de bengalas y las muestras de fervor futboleras porque era colorido, simpático, y para la gente era sentirse parte del show, sentirse parte de algo ante el desamparo, se puede mostrar. No se le puede pedir a la ficción que tenga el perfil ni la intención de un documental, ni tampoco debe serlo, pero se puede ir más allá.

Si es por no ofender, además, la serie no trata en ningún momento de asignar culpas exclusivamente a una parte, y cuando le toca plantear información lo hace de una manera objetiva. Eso, profundizado, puede dar más datos a un espectador que luego hará con esa información lo que le parezca.

Lo mejor de la serie de Cromañón

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Tragedia de Cromañón
Tragedia de Cromañón

Más allá de lo que se le pueda achacar (la serie ha recibido cuestionamientos directos de sobrevivientes pero también elogios de espectadores que vivieron la época y la catástrofe de forma más o menos cercana), Cromañón no está exenta de méritos.

A lo ya mencionado de cómo presenta a sus protagonistas, creando un plantel de personajes algo genéricos con vínculos entre ellos con varios clichés, pero al mismo tiempo generando así una forma respetuosa de acompañar lo vivido por quienes estuvieron en ese lugar en el mundo real, la serie le suma una mirada sobre las secuelas inmediatas y futuras del hecho.

La narrativa se divide entre 2004 y 2008, cuando empezó el juicio oral por el caso. Eso permite reflejar el impacto en los que lo vivieron en carne propia y en los seres queridos de las víctimas. La culpa del sobreviviente, el dolor, la bronca, el trauma, los fantasmas que acompañan desde que el humo y las llamas coparon todo.

El segmento ambientado en 2004 funciona además por como está planteado narrativamente: la serie empieza el 24 de diciembre y va planteando una especie de cuenta regresiva al show del 30 (la última de tres fechas que Callejeros hizo en Cromañón) que al ya saber lo que se viene, cargan la tensión y la angustia del espectador.

Y cuando llega finalmente a esa noche fatídica, en el quinto episodio , el retrato del incendio es impactante y asfixiante, sin ser morboso, todo un logro en una situación tan funesta y violenta.

Los méritos, de todos modos, no logran sacar la sensación de que se pudo haber contado algo más. Sin cargar culpas ni caer en facilismos, como lo hace, pintar un cuadro más completo de un episodio que sigue resonando y que hasta en este país tuvo secuelas, con bandas suspendiendo shows al ver bengalas o fuegos artificiales entre el público.

Episodios tan marcados y complejos como Cromañón pueden ser más contados con más fuerza y no ser uno más de los tantos “contenidos” que pueblan las plataformas. Con la presencia tan extendida que tienen en nuestra vida cultural, podemos ser más exigentes con las ficciones.

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