21 de octubre 2024 - 5:00hs

La grabación parece la onda sonora de un momento de felicidad. La voz de una nena de 7 años se escucha claramente entre las palabras de su papá: los dos cantan Hamburg Song, la canción de la banda británica Keane. Una grabación casera que ella volvió a escuchar ahora, 18 años después, cuando la eligieron para abrir el show de la banda en Buenos Aires. Como un ensayo prolongado del sueño de aquella niña.

Paz Carrara dice que la música es algo que vino con ella como una configuración de fábrica. “A los niños en general les gusta mucho la música pero a mí me llamaba particularmente la atención, me emocionaban ciertas cosas. Me quedaba escuchando el himno y mis películas favoritas eran películas para grandes, solamente porque tenían un soundtrack que me gustaba”.

Los Coristas –con un soundtrak compuesto por Bruno Coulais e interpretada por Les Petits Chanteurs de Saint-Marc y la Orquesta Sinfónica de Bulgaria– era su favorita por la época en la que cantaba a Keane en la grabadora de su casa o escuchaban a Jorge Drexler.

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“A mi viejo le gustaba mucho la música y creo que tenía esa misma sensación que tengo yo sobre la música que me hace sentir cosas. Puede ser una guitarra y una voz, puede ser Jorge, puede ser algo orquestado e instrumental. Es como el ser permeable a lo que te hace sentir algo, y no tiene que ver con un estilo, no tiene que ver con un idioma, no tiene que ver con nada más que como esa música que te transmite”.

Luego de la muerte de su padre, su relación con la música cambió. “De repente cuando muere mi viejo fui muy consciente de la perspectiva de la vida. Esto es muy corto para perder el tiempo. Él murió muy joven, a los 41 años, pero vivió su vida plenamente y para eso tenés que ser muy consciente de lo que te hace feliz y yo tenía esa suerte: yo tenía muy claro qué me hacía feliz”.

Empezó a componer y al tiempo se fue de su Córdoba natal camino a Buenos Aires, buscando espacio, música y gente a la que la moviera lo mismo que a ella. A los 18 años llegó a la capital, recorrió sus calles y tocó sus puertas.

“Hay menos miedo y a la vez vas realmente a tocar puertas sin saber que estás tocando puertas. Como un juego. Esos primeros años fueron muy de hacer, de entusiasmo, de meterme, de conocer, de hacer amigos, de entender la música como una magia increíble que me hacía a mí ser súper poderosa”.

En 2022 lanzó su primer disco, Me cansé de hacer canciones (que no salgan si no estoy llorando), pero después de publicar Todo vuelve al punto de partida, su último disco producido junto a Gonzalo “Bambi” Moreno Charpentier, se sintió vacía. El sentido, dice, vuelve cuando toca las canciones en vivo.

El próximo 30 de octubre presenta su último disco en en Magnolio Sala. Antes, habló con El Observador sobre su búsqueda sonora, la necesidad de una voz en medio de los discursos de odio y qué aprendió de Jorge Drexler.

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Me canse de hacer canciones (que no salgan si no estoy llorando), apuntaba al hacer canciones desde la tristeza. ¿Qué encontrabas ahí y qué cambió en vos?

Lo sigo encontrando, la tristeza es algo que está presente en todos nosotros y empecé a componer porque estaba muy triste. ¿Viste cuando estás triste que solo escuchas música triste? Yo estaba muy en esa, escuchaba mucho a Loli Molina que me perforaba el corazón. Hice mucha música así, muy sentida, analizando todo lo que me pasaba y me encantó. Pero hay una necesidad del afuera de catalogarte siempre, “esta persona hace música tranqui, o esta persona hace música triste, o esta persona hace música para llorar” y cuando las personas me empezaron a escuchar no me gustó ese límite. No es que algo cambió tanto en mí, es que no quise sentirme limitada por hacer solo música triste. También estaba escuchando otro tipo de música, cuando me vine a Buenos Aires empecé a conocer el indie pop que me pareció increíble, realmente hay una escena zarpada en este momento. Me sentía rodeada de muchas cosas que también me gustaban y veía espacios que tal vez, porque alguien me catalogó como alguien que hace música tranquila, yo no iba a poder ocupar. Entonces fue como "vamos a hacer un chiste de esto y decir que mi primer disco se va a llamar No voy a hacer más canciones tristes", aunque por supuesto que las haré.

Todo vuelve al punto de partida es un disco en el que te reencontraste con tu esencia como cantautora. ¿Necesitabas volver a ese punto de partida, volver a tu esencia y re-centrar?

100% y me pasa todo el tiempo, no solo en lo profesional sino en la vida. Todo pasa muy rápido a veces. Yo soy muy de ir para adelante, porque a veces tengo muy claro lo que quiero y voy. Pero de repente digo '¿pará, adónde estaba yendo?'. Haber hecho un primer disco que abrió tantas puertas hizo que el segundo tuviese cierta presión del afuera. Si bien no hago nunca música para que nadie me quiera ni para caerle mejor a nadie, creo que hay algo que sí o sí entra en tu chip mental de expectativas, de dónde está la vara. Y eso para mí no está bueno porque me limita a ser libre y me parece que mi esencia más grande es la libertad. Es hacer las cosas porque me pasa algo, me hace sentir bien, me hace emocionar, me hace sentirme vulnerable, me hace sentir buena o me hace sentir talentosa o puedo hacer algo con mi voz. Me hace vibrar el cuerpo. Muchas veces en esta industria nos olvidamos que por eso arrancamos, y hacemos un montón de cosas que no tienen nada que ver con eso. Este disco viene a recordarme ser honesta con las canciones, con la música, con cómo quiero comunicar las cosas, a quién le quiero hablar y por qué estoy haciendo esto.

Ante ese límite inconsciente que surgió cuando te planteaste el segundo disco, lo que hiciste fue salir de tu zona de confort. Saliste de ese ritmo más folk y acústico hacia un lugar mucho más pop. ¿Cómo te fuiste encontrando en este registro?

Me divertí mucho. También lo hice junto a una persona en la que confío mucho, artísticamente y personalmente. Ahí se unen mis universos, que es lo más importante. Mi banda es toda gente amiga, la gente que grabó en el disco es toda gente amiga, Bambi es un gran amigo. Además de ser todos muy talentosos. Eso hace que a mí me funcione un poco mejor la movida, porque puedo tomarme mi tiempo, puedo explicar qué es lo que me pasa, me entienden, me conocen. Entonces fue un proceso divertido. La verdad es que por muchos momentos tuve un montón de miedo y de incertidumbre, porque capaz que esto es re diferente, quizás esto no se escucha acá o lo que sea. Dudaba de hasta frases compositivas. Frases como "vos venís de otro planeta". Para mí es mega cursi esa frase, pero a la vez me salió, a la vez surgió, lo escribí. No ves los frutos de esa valentía esa hasta que no tocás en vivo y hasta que no ves las caras de la gente. Vengo de dos semanas de conciertos y se me subió toda la serotonina.

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¿Qué te pasó cuando este disco dejó de estar en tu mesa de trabajo y salió por primera vez? Ese momento en que deja de ser un poco tuyo y pasa a ser de quien lo escuche.

Vacía, depresiva, totalmente. Dije “este es el fin del mundo, creo que nunca más me voy a poder dedicar a esto, tal vez este es el último concierto que haga”. El nivel de drama fue total. Yo no lo había vivido así con mi primer disco, pero me sentí completamente vacía. No tenía más nada que cuidar. También vivimos en un mundo de inmediatez. Mirá que soy una persona re lógica, no es que pensara que voy a sacar el disco y mi vida cambia, pero uno está esperando que las placas tectónicas exploten y no pasa. La vida sigue normal. El disco salió y... nada. Siento que es como cuando sos madre y tus hijos dejan de vivir en tu casa. Es una sensación fea, fue feo, fue horrible.

¿Y qué pasó cuando eso se empezó a contrastar en el vivo con la reacción de la gente?

Le devolvió el sentido. Creo que también estoy aprendiendo, me siento total novata en muchas cosas. En muchas no, pero en esta sí. Es mi segundo disco y supongo que iré aprendiendo a que las cosas no sean tan drásticas. Porque realmente sentí que me devolvió la felicidad y el sentido, que no es que yo lo buscaba pero es lo que me da la música. Es horrible, yo odio cuando le pido un montón de cosas a la música cuando la música tanto me ha dado, pero es verdad, uno le pone expectativas. Me pasó mil veces, es una carrera muy frustrante muchas veces. Entonces fue muy lindo en estas últimas semanas.

Volviendo a Bambi, ¿en que momento dijeron “vamos a hacer un disco juntos”?

Es re místico también, eh. Nosotros nos conocimos por Cata, mi manager que en su momento también era su manager. Nos presentó ella y el primer día que nos vimos me invitó a grabar en su disco, yo conocía su proyecto y para mí él era alguien que tenía su lugar muy claro en esta industria. Además fui a mil shows de Tan Biónica en su momento, cuando era chica. Era como re loco, al toque pegamos buena onda. Empezamos a componer algunas cosas juntos para otros artistas y cuando empecé a pensar en este segundo disco yo ya tenía planeado todo, otros productores que igual son increíbles, estaba todo en marcha para otra cosa. Me abrí los registros akáshicos, cosas pasaron en mi vida (ríe), y me di cuenta que realmente yo necesitaba un poco más de libertad y escuchar más a mi instinto. Yo sabía que había muchas probabilidades de que me dijera que no. Todos los astros se alinearon, porque justo fue la vuelta de Tan Biónica entonces él después de 20 años no estaba produciendo ningún disco. Yo entré ahí y fue el momento justo. Fue la mejor decisión, porque él tiene una visión muy piola de las cosas. Además es un tipo que no que tiene muy trabajadas muchas cosas que para mí esta carrera y esta industria te implantan, tiene muchas perspectivas, tiene muy trabajado su ego. Fue muy fácil trabajar con él. Muy divertido.

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Lanzaste el detrás del disco, explicando el proceso de cada una de las canciones. En el inicio Bambi dice: Hay tanta música saliendo todo el tiempo que ahora me pregunto cuál va a ser el aporte que vamos a hacer a un mundo donde salen tantas canciones al día. ¿Cuál te parece que es el aporte que hace este disco?

Yo creo que el aporte siempre está en las letras, ese es mi aporte. Después en el sonido le doy más responsabilidad a él. Pero en las letras siento que logré mucha madurez al explicar ciertos sentimientos que a veces no son tan fáciles, del duelo al enamoramiento. Hay un millón de canciones sobre el amor y van a seguir habiendo porque el amor es lo más grande que hay. Siento que como parte de la comunidad LGBT hay algo muy lindo también: cronológicamente cuenta una historia, que es una historia lésbica, y si prestas atención se nota mucho que estoy hablando de una historia de dos mujeres. Desde las cosas estereotípicas de "a los dos meses me mudé a tu casa" u otras cositas como decir "se quedó con mis Converse", porque claro, un ex varón probablemente no pudiera usar mis zapatillas.

Trabajaste mucho desde la honestidad.

No me sale hacer música de otra manera. Admiro a los artistas que de repente escriben de algo que se inventaron, pero a mí no me pasa. Es mi forma de transitar también las emociones, escribir canciones. Y yo busco empatizar siempre con otros porque en el fondo me doy cuenta que a todos nos pasa lo mismo. Todos nos enamoramos, todos la pasamos mal, a todos nos quedó algo en la casa de nuestros ex. Nuestras historias a veces tienen anécdotas diferentes pero son muy parecidas, y eso me parece hermoso. Me parece que eso arma una comunidad cuando hay grietas en todos lados. Yo prefiero la unión desde ese lugar.

Hablabas de tu voz dentro de la comunidad LGBT y pienso dónde están ahora esas voces del pop en la región. Desde la letra, desde el discurso.

La comunidad está en el pop, la comunidad es el pop. Pero en la letra es más complejo. Creo que vamos a ser la primera generación con artistas que hablemos tan abiertamente de temáticas de sexualidad.

Hace poco hablaba con un artista uruguayo, Mocchi, sobre la importancia de estas voces en un momento en el que el discurso de odio aparece tanto en la agenda. ¿Cómo te sentís en esa situación?

Es complejo. Estamos en un país donde el presidente es muy complejo, donde el gobierno es muy complejo, en esta temática sobre todo. A mí me parece muy triste porque lo que se destapó es que hay un montón de gente que sigue pensando así y hoy está avalada. En mis redes lo veo un montón, sobre todo en redes que tal vez tienen menos filtros. Me encontré con un montón de chabones muy enojados porque me gustan las chicas. Pero creo que la única revolución es esto, resistir desde este lugar. Es triste igual lo que está sucediendo, pero creo que ya avanzamos a un punto de no retorno y está bien levantar la mano y seguir avanzando, porque todavía quedan muchas cosas que conquistar.

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Pensando en esto en este paso hacia el pop, ¿cuáles fueron tus influencias al pensar en el disco?

Hay mucha cosa del pop, y sobre todo de las mujeres en el pop, a las que se les pide demasiado. Las chicas tienen que hacer una coreografía, ser bárbaras, tener siete outfits, y en eso no me veo identificada. No creo que mi proyecto vaya por ahí y me costaba mucho. Pero sí hay muchas bandas de acá de Argentina o, por ejemplo Phoebe Bridgers, que hacen un pop más oscuro en el que me veo súper identificada. El dar un show con carisma, pero no necesariamente tener que hacer una coreo. Y en el sonido tuvimos de referencias desde Keane hasta Taylor Swift –que siempre es una referencia para mí–, mucho Regina Spektor, Bleachers –la banda de Jack Antonoff–. Las bandas indie pop acá también hacen un show que a mí me gusta mucho, en el que me veo identificada.

Hace un año cantaste con Jorge Drexler en uno de sus shows. ¿Cómo es tu vínculo con los artistas y con el público uruguayo?

Jorge fue el primer acercamiento a Uruguay que yo tuve, en el sentido de que realmente fue el soundtrack de toda mi vida. Cuando lo conocí dije: mejor ser humano del planeta Tierra. Aprendí mucho de su humanidad, de su humildad, de su forma de tratar a su equipo, de su forma de tratarme a mí, fue realmente muy lindo.

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Uruguay siempre fue un lugar que me hace sentir bien. Muchos veranos los viví en Uruguay y cuando fui a cantar por primera vez me sentí muy bien, es un público sensible y como desde la calma. Después del concierto, te saludan con calma y con un abrazo. Me encanta ir y quedarme días y aprovechar. Estoy feliz de volver, me siento muy afortunada.

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