1 de septiembre 2024 - 5:00hs

La historia del productor argentino Daniel Grinbank con Uruguay es larga. En 1981 produjo su primer espectáculo es Montevideo, nada menos que un show de Serú Girán y Nito Mestre que terminaría con la reunión de este último con Charly García sobre el escenario, es decir, un reencuentro de Sui Generis.

Después vino una lista de producciones y coproducciones en Uruguay que tiene ítems como Sting, Eric Clapton, Bob Dylan, los Ramones y hasta los Rolling Stones, en su única –hasta ahora— presentación en Montevideo, en 2016. Más acá en el tiempo, el negocio cambió, y Grinbank también ha traído obras de teatro, y ahora, una experiencia de arte inflable en conjunto con la productora local Gaucho.

Este domingo 1° de setiembre se inaugura Blow Up Experience en Punta Carretas, un recorrido por una serie de espacios decorados con espejos, luces, inflables y herramientas visuales como mapping y realidad virtual, diseñada para divertir y también para que el carrete de fotos del celular acumule unas cuantas nuevas diapositivas y videos.

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El recorrido, que dura unos 45 minutos y está pensado para ser recorrido en familia, con grupos de amigos o en pareja, se podrá visitar hasta el 31 de octubre. En la previa a la inauguración, Grinbank conversó con El Observador sobre por qué este tipo de eventos son una pata cada vez más grande del mundo del entretenimiento, recordó algunos de sus hitos en Montevideo, y por qué la crisis argentina hace que la capital uruguaya esté “al borde de la saturación” de espectáculos.

¿Cómo nace Blow Up?

Hay una división en mi empresa desde hace tiempo y que fundamentalmente creció pospandemia, que es el área de exhibiciones. Dentro del área, que es un fenómeno que cada vez es más creciente en el mundo dentro del área de entretenimiento y cultura, van apareciendo distintas expresiones, y el arte inflable, que es el eje de Blow Up, tiene una evolución tecnológica, por ejemplo. Hay proyecciones inmersivas, mapping, realidad virtual. Y es un fenómeno que cada vez más va creciendo, que se llama Kidulting, que es permitirse que los grandes puedan disfrutar de cuestiones como cuando eran chicos, ya sea solos, en pareja o en familia, y que también lo disfrutan adolescentes y niños. Compramos la franquicia y después la enriquecimos con cuestiones que nosotros quisimos incorporar. Cada espacio funciona en sí mismo, y al mismo tiempo es un recorrido.

Pasamos por San Pablo dos veces, por Río de Janeiro, Porto Alegre, Belo Horizonte. En Argentina tuvo más de 400 mil espectadores, estuvimos en Buenos Aires, Rosario, Córdoba. Estoy muy contento con lo que se logró en Montevideo porque como no había un espacio se montó a partir de carpas que se conectan. Es importante también destacar que esto se disfruta con limitada cantidad de gente para que sea una experiencia agradable.

Daniel Grinbank

¿Cómo ha sido ese proceso de cambio que lleva a que estas experiencias tengan cada vez más peso en el mundo del entretenimiento?

Yo estoy en una industria que es muy dinámica. En todos los aspectos, desde qué ofrecemos, cómo lo ofrecemos, obligan a una renovación porque plantearme los mismos esquemas que existían antes me dejaría fuera del terreno. Pasamos de un mundo analógico a uno digital, cambiaron los consumos y eso cada vez se va a ir profundizando más, con cuestiones como la evolución de la inteligencia artificial. Entonces uno se plantea lo siguiente: la creación sigue siendo un acto único, lo que cambia es la venta. ¿Cómo lo vendés, cómo lo monetizas?, y también cambian los jugadores, antes el canillita era fundamental porque te vendía el diario, ahora es ¿cómo hago para que Google no me afane todos los contenidos sin pagarme? Cambian los problemas, cambian las dinámicas, siguen prevaleciendo los contenidos. Y algo que también pasa, que también tiene que ver con estos cambios, es que tanto Blow Up como un concierto de música sin una puesta de luces, sin pantallas, sin algunos elementos que antes no importaban tanto, hoy son esenciales. En 1991 hicimos acá en el Franzini la reunión de Sui Generis y el sonido era precario, las luces estaban puestas horribles. Hoy la demanda es otra y uno se va actualizando, sino quedás fuera.

Lo visual es mucho más importante que antes, entonces.

Sí, y la palabra clave es experiencia. Que también tiene que ver con cómo cambió la sociedad. Cuando yo era chico, mi viejo me llevó al zoológico. Afortunadamente los zoológicos existen cada vez menos, porque nos fuimos dando cuenta que eso no estaba bien. Ese plan familiar se ha reconvertido. Por otro lado, los chicos fueron perdiendo la calle. Yo jugaba en la calle, mi hija no puede porque hay otra inseguridad, la cosa ha cambiado. Entonces hay necesidades y una nueva demanda, donde uno es protagonista a través de sus fotos, sus selfies, de lo que muestra en las redes, que es una retroalimentación en sí misma, todo está pensado para que compartas en Instagram o en TikTok.

Daniel Grinbank

Hace ya muchos años que producís espectáculos en Uruguay. ¿Cómo ves al país como plaza para eventos culturales?

Es un país que tiene una previsibilidad muy envidiable con respecto a nosotros los argentinos, que vivimos de cimbronazo en cimbronazo. Aunque haya diferencias y la democracia se caracteriza por la convivencia de las diferencias, no tienen la grieta que tenemos nosotros, que somos un péndulo que va de un lado a otro Y al momento de traer un espectáculo esa estabilidad también ayuda. No podés desconocer que es una población chica, y hoy estoy viendo que por la crisis argentina es impresionante la saturación de espectáculos argentinos que están teniendo. Eso genera que el público sea el mismo y se dispersa, entonces si vos calculás el volumen de gente que está asistiendo a espectáculos seguramente sea el mismo, pero si lo dividís por todos los espectáculos que hay, a cada uno le toca menos gente. Y eso es porque la crisis argentina expulsa, y acá hay una moneda más estable que invita a venir. También hubo movidas muy hábiles, como lo que planteamos con la productora Gaucho para el show de Fito Páez en la rambla de 2023, que tuvo el récord de público en la historia de los espectáculos acá, de pensar en precios de entradas que pudieran ser accesibles para una mayor cantidad de personas. Cuando cambiás algunos esquemas, como veo que se está ajustando ahora a determinados precios, no va a sostener el mercado ese volumen de comercio. No tiene manera, por una cantidad de población. Entonces, hoy Montevideo es un mercado muy saturado por la crisis argentina, como también le pasa a Chile, los países limítrofes con los que hay una relación cultural muy estrecha, y donde los argentinos buscan la salida a su crisis. Así como los europeos venían a hacerse la América, hoy los argentinos vienen a hacerse la uruguaya (risas).

Imagino que en este momento producir algo en Argentina no es nada fácil.

Cada vez más difícil, por la inaptabilidad, por la imposibilidad de transferencias de divisas al exterior, por tener una de las sociedades de gestión más caras del mundo, la crisis económica que afecta también a los sponsors. Hay variables que hacen que entres a mirar a Uruguay con más foco, sin desconocer esto que es la cantidad de población que pueda acceder a un espectáculo, estamos hablando de una ciudad que tiene la dimensión de Rosario o Córdoba. Entonces hay mucha diferencia desde lo económico, pero se ve acá un crecimiento, ha venido también mucha emigración argentina de nivel socioeconómico medio y alto. Lo que sí duele de Argentina es que cada vez menos gente tiene acceso a los eventos culturales, porque la gente consume cultura cuando ya tiene resuelta la alimentación, la salud, la vivienda. Si en mi país hay una caída del 18% del consumo en supermercados, si la gente consume menos leche, ¿cómo no va a haber una caída en los consumos de los espectáculos?

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De lo que has producido acá en Uruguay, ¿cuáles son esos espectáculos o experiencias de las que siempre te acordás?

Esa reunión de Sui Generis fue una experiencia muy grande por todo lo anecdótico, porque en el medio se pelearon Charly y Nito, no se querían hablar, no la querían hacer, nos quedábamos en el Hotel Oceanía en Punta Gorda, y yo iba de un lado al otro hasta que al final arreglaron y se hizo. Después ese momento en 1990, cuando acá no venían artistas de afuera y con una semana de diferencia estuvieron Sting y Eric Clapton, dos conciertos memorables. El de los Rolling Stones acá en 2016 fue muy bueno, después ya más acá Escenas de la vida conyugal con Ricardo Darín fue una experiencia teatral muy interesante, y el show de Fito del año pasado, con ese morbo de la capacidad alcanzada, además de que fue fantástico y emotivo. Pero me salteo un montón. Hubo uno de James Taylor en el Teatro de Verano que fue fantástico, que él mismo sintió que era uno de sus mejores recitales, el de UB40 en el Cilindro. Hay mucha historia con Uruguay.

Mencionás a Fito Páez, del que desde hace un tiempo volviste a ser manager, justo además en un momento en el que su obra y su carrera están siendo revalorizadas. ¿Cómo es el trabajo con él?

Creo que Fito ha dado una vuelta interesante, de amigarse con su pasado y no tener ese desafío de constantemente generar algo mayor, por más que sigue haciendo cosas nuevas y ahora, de hecho, está grabando un nuevo álbum. Una vez que termine la gira que está haciendo ahora, que es por los 40 años de su disco debut y los 30 años de Circo Beat, se viene De novela, que es con el disco nuevo y un compilado de sus clásicos, además de un documental que se va a terminar de filmar en setiembre en un show que va a dar en el Zócalo, en Ciudad de México. Me fascina trabajar con él, como me fascina el trabajo de management que tengo con artistas nuevos. Me sigue divirtiendo mi laburo.

Cuando repasás tu carrera, ¿te das cuenta del rol que has tenido de facilitador del disfrute ajeno?

Yo me siento un privilegiado, tengo una tercera mirada. Para mí hay una foto que es el escenario y el público que es fascinante, porque es como una película donde esa energía que fluye en esa comunión la podes chupar desde otro lado. Pero sería un cínico si dijera que no me doy cuenta. Y además lo disfruto. Disfruto mi laburo, no hay ningún otro hecho que me motive, y me obsesiona la búsqueda de la calidad. Me gusta producir y me gusta sentirme orgulloso de lo que produzco.

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