23 de diciembre de 2018 8:28 hs

Al común denominador de la gente le llega la foto con la copa y la medalla. La vuelta olímpica, la felicidad del vestuario, las mieles de la victoria. Pocos reparan en el largo camino para llegar a la gloria.

Por estas horas Pablo Repetto es poco menos que un mesías en Ecuador. Terminó con los años de angustia de un club grande como la Liga Deportiva de Quito y conquistó el campeonato ecuatoriano, el más importante de fútbol de ese país.

Atrás de esa copa elevada al cielo, hay una historia. Que comenzó pedaleando con la ilusión a cuestas de un adolescente que soñaba con ser Enzo Francescoli y concurría todos los días a entrenar en las juveniles de Wanderers. Que pasó por cumplir el sueño de lucir en el pecho al Ave Fénix en una camiseta con la que siempre soñó, con la del club del barrio, el Fénix de su padre. Pero aquel sueño se interrumpió abruptamente con una fractura de tibia y peroné, que lo obligó a tomar otros rumbos.

Tenía apenas 26 años cuando se paró por primera vez ante sus pares, los jugadores, para darles órdenes y transmitirles la idea que tenía como entrenador. La nueva carrera lo llevó a vivir todo tipo de aventuras y experiencias. De aquel ascenso con Fénix en la temporada 2006/2007 a recorrer países tan distintos como Bolivia, Paraguay, Emiratos Árabes y Qatar.

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Sueños de botija

Pablo corría por las canchas de baby fútbol y soñaba convertirse en futbolista profesional cuando el padre de Francescoli se ofreció a llevarlo junto con su hijo Pablo a las inferiores de Wanderers, que pedían aspirantes para integrar sus planteles.

Por aquellos años las juveniles bohemias habían adquirido cierta fama debido a que era el cuadro de Enzo. “Yo vivía en Capurro. En ese momento Wanderers era el equipo al que todos querían ir. Y comencé a ir todos los días en bicicleta”, comenzó narrando Repetto a Referí.

Fue fichado y jugó en Séptima, Sexta y un año en Quinta división. Pero como contaba con escasas posibilidades de tener minutos tomó la decisión de salir. Y se fue a Racing donde completó Quinta división y militó dos años en la Cuarta. “Estuve en el plantel de Primera un tiempo, pero nunca tuve la chance de debutar”.

Fénix, mi cuadro

El debut en primera división recién se produjo en 1995 defendiendo los colores del club de su barrio, el de su padre, el que iba a ver de niño en aquellas tarde sábado en la vieja divisional B (actual Segunda División Profesional).

“Era el sueño del pibe, el cuadro de mi barrio, de toda la vida, mi padre es hincha, socio, yo de chico iba a ver a Fénix, y era el cuadro del que era hincha. Me quedaba a tres cuadras la cancha. Fénix estaba en la B cuando era chico. Defender su camiseta fue como cumplir un sueño”, contó Pablo a Referí.

De 1995 a 2000 defendió la camiseta albivioleta hasta que una tarde contra Salus sufrió una lesión que marcaría su futuro.

“Una lesión que me termina de sacar de las canchas, por encima de que en mi carrera como futbolista no tenía mucho futuro. Fractura de tibia y peroné. Fue en un partido Fénix-Salus que ganábamos 3 a 0 y ocurrió en los últimos minutos de manera tonta. Saqué un lateral y recuerdo que en una pelota dividida se me tiran con los dos pies, no de mala intención, y le pegué a la pelota cuando lo podía haber evitado. Fui ingenuo, ganando 3 a 0 no tenía que haber ido por esa pelota”, recordó.

“Tenía 26 años y ahí fue el quiebre porque veía que jugaba de lateral y en la B, entonces era difícil que fuera transferido y la verdad me sentía que no tenía un gran nivel, era un jugador normal. Aparte, si le cuesta a los fenómenos volver luego de una lesión de esas, a mi me iba a costar 10 veces más”.

Por aquellos tiempos Repetto estudiaba en la Facultad de Economía cuando decidió que era tiempo de realizar el curso de entrenador para seguir vinculado de alguna forma al deporte que tanto lo atrapaba.

“Empecé el curso, pero aún no terminaba de decidir si volví a jugar. Si bien tenía la tendencia a no jugar, a uno le cuesta retirarse. En eso me llama Chijane (Jorge, presidente del club entonces) y me ofrece la sub 17 de Fénix. Ahí termine de decidirme. Con 26 años empecé a dirigir. Era joven, fijate que los jugadores tenían 17 años”.

Caminante no hay camino

Después de un pasaje por Cerro, Repetto pegó el primer salto al exterior. En febrero de 2009 asumió la conducción de Blooming de Bolivia. El campeonato boliviano ya había comenzado y asumiría luego de haberse disputado la segunda fecha. Fueron cinco meses de trabajo.

“Los resultados no resultaron los esperados. Ganamos seis partidos, empatamos siete y perdimos seis. Había una expectativa mayor y volví a Cerro para el Apertura y la Copa Libertadores”, contó Repetto.

“Fue un bautismo con el fútbol grande. En ese entonces tenía 35 años y era muy joven para una Copa y recuerdo un partido que le ganamos a Emelec, que era dirigido por Sampaoli. Fue el primer triunfo de Cerro en la Copa. No se me va a borrar jamás”.

Del bautismo pasó a la confirmación. El año y medio que estuvo al frente de Defensor Sporting, en 2010 y 2011, le permitió sentir a flor de piel la adrenalina de pelear por campeonatos.

Bajo su conducción los violetas salieron campeones del Apertura y terminaron segundos en el Clausura. En la definición del Uruguayo perdieron la semifinal con Nacional. La campaña le permitió extender el vínculo con el club del Parque Rodó.

“Entre medio de mi salida de Defensor tuve una posibilidad de Banfield. Me reuní dos veces y por un tema del punto de vista deportivo no me pareció lo más adecuado. Además, el tema económico, no porque tuviera muchas pretensiones, pero antes había un técnico uruguayo que ganaba más del doble de lo que me iban a pagar. Estaba todo muy en el aire. No había un convencimiento de que yo fuera el entrenador y ahí puse algunas condiciones que hicieron que no llegara al club”, reveló Repetto.

Al poco tiempo, ya en el año 2012, apareció en su destino un club muy poco conocido en el ambiente: Independiente José Terán, que años después cambió su nombre por Independiente del Valle.

“Era un equipo desconocido”, reconoció Repetto. Pero admitió: “Viajé a Ecuador y cuando vi la infraestructura y la propuesta no dudé”.

Jamás imaginó Repetto lo que le tenía deparado el destino. Con ese equipo, integrado en su mayoría por jugadores totalmente desconocidos, llegó a la final de la Copa Libertadores de 2016.

“¡Pah, viví cosas increíbles! Resultados históricos como la eliminación de River, o ganar en La Bombonera, que no estaba en los planes de nadie. Son recuerdos inolvidables. Lo festejaba como un campeonato todo aquello con un equipo desconocido”.

Malas experiencias

Fueron tres años en los Rayados del Valle antes de partir a un destino exótico y desconocido como los Emiratos Árabes. La aventura duró cuatro partidos. “Cuando me estaba adaptando a las costumbres me dijeron hasta luego. ¿Qué pasó? Ellos pensaban que el equipo tenía que estar más arriba. Me queda el consuelo de que nos fuimos, pasaron dos técnicos y el equipo descendió”, contó el entrenador.

El siguiente paso de Repetto como profesional también fue en falso. Dos meses en Olimpia de Paraguay, en 2017. Pablo admite: “Cometí algún error, quizás hacer amistosos con Nacional, que era un equipo armado, perdimos los primeros partidos y fuimos cuestionados. Los resultados no fueron malos a nivel local, en la Libertadores pasamos la primera fase y quedamos afuera con Botafogo. Luego de ese partido me sacaron producto de que los hinchas no estaban conformes”.

Regreso a la gloria

En junio de 2017 apareció gente del otro lado del teléfono para plantearle una dura misión: sacar de las penurias deportivas a la Liga Deportiva de Quito.

Luego de un largo recorrido y un año cargado de idas y vueltas terminó coronando con el campeonato.

Cuanto tiempo ha pasado desde aquellos años de ilusión en los que concurría a entrenar en una bicicleta y de aquella fractura de tibia y peroné que cambió su destino.

Hoy, producto de su trabajo, su apellido se escribe con mayúscula. Se acostumbró a vivir en el Valle de Cumbayá. Se adaptó a los 2.200 metros de altura. Come papaya, mango, maracuyá y guayaba. Ecuador ahora es su lugar en el mundo y está regado de gloria.

 

ANÉCDOTARIO

Insólita conferencia

Luego de eliminar a Vasco da Gama de la presente edición de la Copa Sudamericana, Repetto vivió una insólita situación en la conferencia de prensa como técnico de Liga de Quito. Pablo llegó a la sala junto con el jugador Franklin Guerra, se sentaron y el silencio ganó la escena. Nadie de la prensa extranjera le preguntó nada. Fue cuando Repetto decidió romper el hielo con una sonrisa en su rostro: “Bueno, nos vamos; ¿No hay nadie que pregunte?”, expresó ante el asombro de Guerra, a quien también se le escucha decir por lo bajo: “Nos vamos”. La incertidumbre gobernó la escena. Repetto se paró y dijo: “Bueno, gracias”. Cuando ya se iba, regresó y con ironía terminó disparando: “Me la hicieron fácil”.

El día que pidió a Suárez

En julio Repetto hablaba con los medios sobre la salida del club del delantero Hernán Barcos que regresaba a Brasil para defender a Cruzeiro de Belo Horizonte. Repetto comenzó diciendo que el club buscaba un delantero que le ofreciera ciertas garantías y le dijo a los periodistas: “No lo tomen a mal, pero me gustaría que el reemplazo de Hernán Barcos sea Luis Suárez (risas). Queremos un jugador importante que se adapte pronto y que sea un aporte”, expresó entre risas el técnico de LDU.

Donaron recaudación

Cuando Independiente del Valle se aprestaba a jugar la final de la Copa Libertadores de 2016 el país fue sacudido por un terremoto que provocó severos daños. Fue cuando el plantel que conducía Repetto decidió donar la recaudación de la final a las víctimas.

“Con aquel terremoto se unió el país. Había un sentimiento hacia el club por la donación y lo sentimos en todos lados. Nos apoyó todo el país, parecía que jugaba Ecuador”, rememoró Repetto.

Los penales de Azcona

El golero de Independiente del Valle, Librado Azcona, fue protagonista de una anécdota con el técnico Repetto en un partido contra Pumas por los cuartos final de la Libertadores de 2016. Azcona contó que antes del encuentro Repetto le entregó un CD con videos de penales de los jugadores de Puma. “Pero le dije que mejor no lo iba a ver”. El destino forzó la definición de la serie por penales. Azcona se quería morir por no haber seguido el consejo de su entrenador. Sin embargo, le tocó atajar uno y clasificaron.

Las apuestas con Favaro

Desde hace tiempo Repetto y Eduardo Favaro, técnico de El Nacional de Quito, mantienen viva una apuesta cada vez que se enfrentan.

“Empezó él, que quede claro, porque después parece que uno lo está retando. Me defendí atacando”, contó entre risas Repetto. “Cuando estábamos en Independiente del Valle quedé en pagarle un asado si pasábamos una fase (de la Copa Libertadores) y quedó pendiente un asado. El tema es que me tuve que ir a Emiratos Árabes Unidos y quedó pendiente ese asado”. Aquella historia concluyó contando a la prensa ecuatoriana: “Está reclamando ese asado, entonces jugamos dos, si se da un resultado positivo (para El Nacional), solo pagará uno. Si no se me complica porque tendré que pagar los dos (risas). Es también para que la gente vea que tenemos una amistad que no se puede perder por el resultado de un partido de fútbol".

Conducta 1

No todas fueron flores en la campaña de la Liga. El club y el cuerpo técnico se solidarizaron con los momentos vividos por el colombiano Sherman Cárdenas cuando a su hija de seis años le diagnosticaron leucemia. De inmediato se lo liberó para que se fuera junto con su familia.

Conducta 2

Otro hecho que reveló la prensa ecuatoriana fue la situación vivida con el jugador Horacio Salaberry, defensa de Liga de Quito que fue separado del plantel y mandado a entrenar en el equipo de reserva por su acto de indisciplina en el partido contra Guayaquil City.

“El jugador salió muy molesto por ser sustituido en el encuentro disputado en el estadio Capwell, y tuvo un gesto que a Repetto no le agradó.

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