Casi cinco décadas después de iniciar la construcción de la llamada "Gran Muralla Verde" para frenar el avance del desierto, China enfrenta ahora una consecuencia inesperada del ambicioso proyecto ambiental: la expansión de ciertas especies vegetales utilizadas para estabilizar los suelos que disparó la presencia de polen en amplias regiones del norte del país y provocó un aumento de casos de rinitis alérgica y asma.
Ante este escenario, investigadores locales comenzaron a impulsar una nueva estrategia para reducir el impacto sanitario del "enemigo silencioso".
Gran Muralla Verde de China
La iniciativa incluye el reemplazo de especies altamente alergénicas por otras con menor capacidad de producir los granulados, además de nuevas técnicas de manejo forestal y monitoreo ambiental.
¿Qué pasó con la segunda Gran Muralla china?
El programa conocido como la "Gran Muralla Verde", o Programa Forestal de los Tres Cinturones de Protección del Norte, fue lanzado en 1978 con el objetivo de contener el avance de la desertificación en el norte y noroeste de China. Desde entonces se plantaron miles de millones de árboles y arbustos para proteger tierras agrícolas, ciudades e infraestructura de las tormentas de arena.
El proyecto permitió recuperar amplias superficies degradadas y reducir la expansión de varios desiertos. En julio de 2025, la nación asiática completó un cinturón ecológico de 153 kilómetros en el borde del desierto de Tengger, considerado un nuevo hito.
Sin embargo, una de las especies elegidas para fijar las dunas fue la Artemisia desertorum, una variedad especialmente resistente a las condiciones áridas. Con el paso de los años, su expansión elevó considerablemente la concentración de polen durante determinadas épocas del año, disparando los casos de rinitis, alérgica y asma.
Conforme al reporte de El Confidencial, diversas investigaciones comenzaron a detectar un crecimiento de las enfermedades respiratorias asociadas a esa exposición, particularmente en regiones como Mongolia Interior y otras zonas del norte chino.
La consecuencia inesperada de la segunda Gran Muralla china
Una investigación publicada en la revista científica Allergy concluyó que las personas que viven en áreas con mayor concentración de Artemisia desertorum presentan niveles más altos de sensibilización alérgica y una mayor prevalencia de asma. El trabajo también identificó marcadores que permiten predecir cuadros más graves de la enfermedad.
Frente a este panorama, especialistas chinos comenzaron a promover una segunda etapa del proyecto ecológico. La estrategia consiste en sustituir progresivamente algunas plantas altamente alergénicas por especies nativas con menor producción de polen, diversificar la vegetación para reducir la concentración de un único tipo de alérgeno y reforzar los sistemas de monitoreo de polen durante las temporadas de mayor riesgo.
Además, equipos científicos trabajan en mapas de dispersión de polen y sistemas de alerta temprana para que las personas alérgicas puedan adoptar medidas preventivas antes de los picos de concentración.
El desafío para China consiste en mantener los beneficios ambientales logrados durante casi 50 años sin generar nuevos problemas para la salud de millones de habitantes.
Los cinturones verdes continúan siendo una herramienta clave para contener la desertificación, proteger los cultivos, reducir las tormentas de arena y preservar ecosistemas vulnerables. De hecho, el programa sigue expandiéndose con nuevas tecnologías, como drones, sensores remotos y maquinaria especializada para mejorar la forestación en zonas áridas.