Los ecofeminismos (en plural, ya que engloban diversas corrientes) son una corriente de pensamiento y un movimiento social que establece una conexión fundamental y profunda entre la dominación y explotación de la naturaleza y la opresión de las mujeres.
En su núcleo, los ecofeminismos argumentan que existe un paralelismo y una interdependencia históricos, conceptuales y prácticos entre la forma en que se trata a las mujeres y la forma en que se trata al medio ambiente.
¿Qué características tiene este pensamiento?
Los ecofeminismos han ganado relevancia en el discurso sociopolítico porque establecen una conexión crucial entre la opresión de las mujeres y la explotación de la naturaleza, arraigadas en sistemas de dominación como el patriarcado y el capitalismo.
Su uso se ha intensificado debido a la creciente visibilidad de la crisis climática, que afecta desproporcionadamente a mujeres y comunidades vulnerables, y a la necesidad de enfoques que vayan más allá de soluciones superficiales. Además, los ecofeminismos ofrecen una lente interseccional que integra las diversas formas de opresión, dando voz a mujeres marginalizadas en la defensa ambiental y criticando los modelos de desarrollo dominantes en favor de alternativas basadas en el cuidado y la sostenibilidad de la vida.
Su crecimiento como puente entre el activismo climático y feminista, y su influencia en la reconceptualización del poder y la relación con la naturaleza, los convierten en una herramienta esencial para comprender y abordar la complejidad de las crisis ambientales y sociales actuales.
¿Quiénes lo usan?
Principalmente, es usado por académicos y teóricos feministas para analizar la interconexión entre la opresión de género y la explotación ambiental, desarrollando marcos conceptuales que explican estas dinámicas.
Es una herramienta fundamental para activistas y movimientos sociales feministas y ecologistas, quienes lo emplean para articular sus luchas, denunciar injusticias y proponer soluciones holísticas. También es adoptado por mujeres indígenas, campesinas y de comunidades rurales que se encuentran en la primera línea de la defensa ambiental y que, a menudo, son las más afectadas por la degradación ecológica y la violencia patriarcal y colonial.
Además, organizaciones no gubernamentales (ONGs) y defensoras de los derechos humanos y ambientales lo incorporan en sus discursos y programas para visibilizar las dimensiones de género en la crisis ecológica y promover políticas más justas. En menor medida el término puede ser mencionado por periodistas y analistas políticos que buscan comprender las perspectivas de género en los debates sobre sostenibilidad y justicia social.