Desde la pandemia de COVID-19, el mundo ha sido testigo de transformaciones profundas tanto a nivel económico como social. Mientras algunos sectores aún luchan por recobrar su estabilidad, existen indicadores que muestran una tendencia positiva en la disponibilidad de recursos clave para la humanidad. Uno de esos indicadores es el Simon Abundance Index (SAI), un índice creado en 1980 por el economista Julian Simon, quien desafió las predicciones más pesimistas sobre los recursos naturales del planeta.
Este índice, que se basa en la relación entre la abundancia de recursos y el crecimiento poblacional, acaba de registrar un impresionante aumento en 2024. Según el último informe, la abundancia de recursos ha crecido un 518,4% desde 1980, lo que representa un aumento compuesto anual del 4,22%, duplicando la disponibilidad de recursos cada 17 años. Este dato es clave para entender cómo, a pesar de los desastres naturales, las crisis políticas y las guerras, la humanidad ha logrado adaptarse y prosperar. De hecho, el índice revela que el aumento de recursos ha sido más rápido que el crecimiento de la población global, que se ha incrementado a una tasa anual del 1,38%.
De la desesperanza a la innovación
El Simon Abundance Index tiene sus orígenes en una famosa apuesta de 1980 entre Julian Simon y el ecólogo Paul Ehrlich. Este último había sido un gran defensor de la idea de que el crecimiento poblacional conduciría inevitablemente a una escasez de recursos naturales. En su obra The Population Bomb (1968), Ehrlich predijo que el mundo enfrentaría una catástrofe de escasez de alimentos y recursos, y que miles de millones de personas morirían de hambre en las décadas venideras. Este tipo de predicciones cataclísmicas generó políticas autoritarias como la famosa política del hijo único en China y programas de esterilización forzada en varios países.
Sin embargo, Simon, en su desafiante postura, propuso que los recursos no eran limitados de manera fija, sino que la verdadera limitación era la falta de innovación humana. Según Simon, los avances tecnológicos y las nuevas formas de organización social permitirían a las sociedades superar cualquier tipo de escasez. A través de investigaciones exhaustivas, Simon demostró que, a lo largo de la historia, la innovación había permitido aumentar la disponibilidad de recursos, en lugar de disminuirla, como afirmaban los "pesimistas". La capacidad humana para transformar su entorno a través del conocimiento y la tecnología ha sido la verdadera clave para la abundancia.
Un claro ejemplo de este fenómeno es el fertilizante. Desde 1980, el precio de los fertilizantes ha disminuido un 56,4% en términos de tiempo de trabajo necesario para comprarlos. Este tipo de avances ha permitido que la producción agrícola se incremente de forma exponencial, alimentando a una población que ha crecido de 4,4 mil millones de personas en 1980 a más de 8 mil millones en 2023.
En la práctica, esto significa que una persona promedio hoy puede comprar 2,2 unidades de fertilizante por el mismo esfuerzo que antes le habría permitido comprar solo una. Este tipo de mejoras no solo se han dado en el ámbito agrícola. Los avances en áreas como la energía, la alimentación y el agua potable también han sido extraordinarios, proporcionando un aumento generalizado en la calidad de vida. El índice Simon ha cuantificado que, en promedio, los habitantes del planeta tienen hoy un 238,1% más de acceso a recursos básicos que hace 44 años.
Los retrocesos por políticas gubernamentales
Es importante señalar que este crecimiento no ha sido lineal. En momentos de crisis, como la Gran Recesión de 2008 o los efectos económicos derivados de las políticas de confinamiento durante la pandemia de COVID-19, la abundancia de recursos se vio reducida temporalmente. Por ejemplo, el índice de abundancia en 2022 cayó un 3,55% debido a los efectos negativos de estas políticas. Este retroceso refleja cómo las intervenciones estatales en mercados clave pueden ralentizar el progreso económico y social, afectando el acceso a recursos fundamentales.
Sin embargo, el SAI ha comenzado a recuperarse desde 2023, lo que da esperanzas de que la abundancia de recursos vuelva a seguir su curso ascendente. Marian L. Tupy, analista del Cato Institute, sostiene que la relación entre el crecimiento de la población y la abundancia de recursos sigue siendo positiva, y que los avances tecnológicos y la capacidad de innovación humana son, sin duda, el principal motor de esta tendencia. "Desde 1980, la abundancia de recursos ha crecido a un ritmo mucho más rápido que la población", señala Tupy, reafirmando la teoría de Simon sobre la relación entre crecimiento poblacional e innovación.
El rol crucial de la innovación tecnológica
El análisis del índice de abundancia Simon también pone en evidencia la relevancia de la innovación tecnológica como motor fundamental para alcanzar la prosperidad. El ejemplo del guano, utilizado como fertilizante en el siglo XIX, es ilustrativo. Cuando las fuentes de guano comenzaron a escasear, se desarrolló el proceso Haber-Bosch, que permitió sintetizar nitrógeno para producir fertilizantes a escala industrial. Este tipo de descubrimientos transformó completamente la agricultura mundial, permitiendo que la humanidad alcanzara nuevas fronteras en términos de productividad y capacidad para alimentar a grandes poblaciones.
A medida que los recursos naturales no solo se han vuelto más abundantes, sino también más accesibles, la humanidad ha logrado mejorar significativamente su expectativa de vida y su calidad de vida en general. Esto no solo es resultado de avances en sectores como la agricultura y la energía, sino también en áreas como la medicina, la educación y el acceso a tecnología.
El Simon Abundance Index es más que una simple herramienta económica: es un reflejo del potencial humano para enfrentar desafíos y adaptarse a los cambios del mundo. El índice demuestra que, en un contexto global de creciente población y recursos limitados, la clave para el progreso humano radica en la innovación. Si bien los desafíos existen y los retrocesos son inevitables, el hecho de que la abundancia de recursos haya aumentado tanto en los últimos 44 años es prueba irrefutable de que la humanidad sigue superando las expectativas y avanzando hacia un futuro más próspero.
A medida que el mundo sigue enfrentando crisis, es esencial no perder de vista el poder de la ingeniería humana y la creatividad para transformar lo que parece ser una limitación en una oportunidad. Sin embargo, como señala Tupy, "todo esto podría verse interrumpido nuevamente si las políticas gubernamentales erráticas interfieren con el proceso". En última instancia, la prosperidad global dependerá tanto de las decisiones políticas como del ingenio humano para aprovechar el potencial de los recursos de manera sostenible y eficiente.