En las horas previas a la Nochebuena, la Armada inició una investigación de urgencia respecto a hechos de “apariencia irregular” originados en la venta de vainas de proyectiles usados en sus entrenamientos.
El caso también está en la órbita de la Fiscalía, que investiga la posible comisión de un delito contra los bienes del Estado.
Todo se inició cuando en diciembre un delincuente fue detenido y en su poder tenía vainas de proyectiles de la Armada. Al ser interrogado manifestó que las había robado de una fundición.
Cuando la policía fue a la fundición encontró cientos de kilos de vainas de proyectiles y también una boleta que documentaba la compra de 40 kilos de vainas a la Armada.
Las vainas de la munición que se usa en entrenamientos militares pueden volver a rellenarse y ser utilizadas nuevamente como proyectil. Para ser vendidas como chatarra necesitan ser aplastadas antes, para imposibilitar su rehuso.
El caso policial fue laudado por la fiscal de Estupefacientes, Stella Llorente, quien ya dictó condenas, pero la posible comisión de un delito contra el Estado fue deglosada y se encuentra a la espera de que se le asigne un fiscal.
Al mismo tiempo, el caso desencadenó una investigación de urgencia en la Armada.
Aunque tanto en la Armada como en el Ministerio de Defensa sus respectivos voceros no proporcionaron información sobre el caso, fuentes vinculadas a las actuaciones relataron que el instructor de la investigación de urgencia ya tomó declaraciones a varios de los implicados. Ya se determinó que la venta de casquillos documentada en la factura encontrada en la fundición fue realizada por el Comando de Infantería de Marina.
La procedencia del resto de las vainas halladas en la fundición, el uso que le dieron al dinero recaudado por la venta reflejada en la factura y otras que se pudieran haber hecho, y si se había cumplido con el requisito de aplastar los casquillos, son algunos de los asuntos que ahora se busca determinar, tanto dentro de la Armada como en la Fiscalía.