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Dentro del MLN: sus cuadros en el poder, la "mística" que lo sostiene y su "utopía" por el socialismo

Definido en el presente como una "organización político-militar" en democracia, el MLN-Tupamaros mantiene su orgánica en el corazón del MPP: ¿Quiénes son sus dirigentes? ¿Cómo hace política? ¿A qué aspira?

5 de julio 2026 - 5:00hs

Sábado 25 de abril de 2026. Le toca el micrófono al secretario de la Presidencia, Alejandro “Pacha” Sánchez. Habla de que “ser de izquierda” no se trata de exhibir un “cartel” hacia afuera sino de “estar al lado del que más necesita” y alienta al Plenario del MPP a “gritar los goles” del gobierno. La arenga termina con una vieja seña tupamara: “Más guiso y menos masitas”.

La consigna es atribuida a Jorge Manera Lluberas, previo a su renuncia a la dirección del Movimiento de Liberación Nacional (MLN) en 1989. Refiere a renunciar a las comodidades y trabajar por los más pobres. Miembro fundador del movimiento tupamaro, Manera reflexionó desde la cárcel un manifiesto de Valores Ideológicos Básicos (VIB), una serie de atributos distintivos del “revolucionario ideal” para los tiempos venideros: honestidad, modestia, austeridad, espíritu de sacrificio.

Más de 30 años después, muy lejos de la clandestinidad y los alzamientos armados, las nuevas generaciones tupamaras se siguen formando en esa escuela. A veces hasta con choques entre generaciones.

El MLN tiene poca actividad pública, salvo una marcada liturgia: un acto en abril en memoria de su fundador Raúl Sendic y otro en octubre en homenaje al “Che” Guevara y a los “compañeros caídos” en la “Toma de Pando”.

El Comité Central no se reúne desde principios del año pasado. Tampoco circulan documentos propios de la organización. Para algunos es un síntoma del lugar que tiene hoy el movimiento en pleno gobierno del Frente Amplio, o de la falta de densidad teórica en ausencia de históricos como Eleuterio Fernández Huidobro.

Muchos de los principales dirigentes del MPP son también tupamaros, pero a menudo se desmarcan en público de las expresiones más polémicas de su movimiento, como cuando el MLN celebró el “acto eleccionario ejemplar” de Nicolás Maduro en 2024 o cuando en 2020 llamó a “resistir el modelo agresivo y hambreador” del gobierno de Luis Lacalle Pou.

“El MPP es el poder”, señala un importante dirigente tupamaro y emepepista. “El MLN no”.

Archivo. Alejandro Sánchez en 2024

Archivo. Alejandro Sánchez en 2024

Y aún relegado a ese segundo plano en la agenda pública, dos de los hombres más influyentes de la Torre Ejecutiva –Alejandro Sánchez y Camilo Cejas– integran el Comité Central tupamaro y varias figuras del MLN asisten cada lunes a la mesa chica de la fuerza política más votada del Uruguay: el Movimiento de Participación Popular.

El Ejecutivo del MLN

Sobran las entrevistas en que dirigentes tupamaros del MPP bromean con que “el hermetismo es una estrategia de márketing” y “parte de la mística”, o que dicen no saber quiénes están en la dirección. Contrario a lo que sucede con cualquier sector de izquierda o de los partidos tradicionales, la lista no es pública.

Los nombres del Ejecutivo del MLN demuestran que quienes integran la cúpula tupamara no son los dirigentes de mayor exposición. También revelan lealtades y trayectorias compartidas con los exponentes de primera línea.

La dirección fue designada por el Comité Central tras la última elección hace cuatro años. Se espera que haya una nueva Convención el año que viene, para la que los grupos de base postulan los nombres que serán elegibles.

El ejecutivo más veterano es Rúben García Bianchimano. En octubre de 1969 fue uno de los capturados tras la “Toma de Pando”.

A José Mujica lo conoció hospitalizado, al borde de la muerte tras el tiroteo en el bar La Vía. En sus últimos años, el expresidente tomó distancia de las actividades del MLN, con chicanas tales como que “a los compañeros les gusta demasiado la mística”. García aclara, categórico: “Pero estaba en contacto con nosotros, no te creas que no”.

El veterano dirigente fue uno de los firmantes en 2020 junto a Alejandro Sánchez y Marisa Adano para inscribir al MLN en la Corte Electoral. Si bien ya están constituidos como agrupación política, la organización no salió a buscar votos con lista propia. “Nosotros apoyamos la 609 (del MPP). No vamos a generar contradicciones al santo botón”.

Algunos, como se verá, polemizan con esa estrategia.

Otro de los viejos en el Ejecutivo tupamaro es Héctor Tajam. Economista de profesión, el “Pocho” fue diputado y senador del MPP en tiempos en que los jóvenes Sánchez, Daniel Caggiani, Sebastián Valdomir y Sebastián Sabini hacían sus primeras armas en el Parlamento.

Fachada de la sede del MLN sobre Tristán Narvaja

Fachada de la sede del MLN sobre Tristán Narvaja

Tajam exteriorizó días atrás en una columna en Mate Amargo algunos postulados ideológicos que chocan de lleno con el pragmatismo del MPP en el gobierno. Escribió que “las decisiones sobre el rumbo estratégico del desarrollo nacional se trasladan a expectativas de lucro que no tienen porqué coincidir con las necesidades más urgentes de la sociedad” y clasificó al proyecto de ley de Competitividad del Ministerio de Economía en “ese rumbo, casi, casi, en el concepto liberal de menos Estado = mayor bienestar”.

El vínculo del MLN con el gobierno de Orsi fue el principal tema del último Comité Central en marzo-abril de 2025. Los asuntos internacionales y de política económica son los más sensibles para una organización que siempre fue heterogénea en lo ideológico, pero el MLN tiene por definición cerrar filas con el gobierno y con el FA.

Tajam está casado con Gabriela Cultelli, responsable de Mate Amargo, el portal “oficioso” aunque no “oficial” del MLN. Sin integrar la dirección, ella es hija de un histórico como Andrés Cultelli y hermana de uno de los “caídos” en Pando. Sus editoriales generan diferencias en varios de los tupamaros que hoy tienen responsabilidades públicas. Cultelli, por ejemplo, mantiene una activa agenda en defensa del régimen en Venezuela y después del fraude electoral de 2024 cuestionó que a sus “propios compañeros de lucha” que hoy critican al chavismo les han ido “comiendo la cabeza”.

Tajam y Cultelli fueron dos de los tres observadores del MLN que en la madrugada de ese 29 de julio emitieron una declaración celebrando un supuesto triunfo de Maduro. El pronunciamiento abrió de inmediato un flanco a la campaña de Orsi en el que pegaron los adversarios. Horas más tarde, el candidato puso en duda el resultado y detrás de él se abroqueló el MPP.

El tercer responsable de aquel comunicado fue otro ejecutivo del MLN: Ismael Smith. Es un dirigente que, a pesar de aquel episodio, es muy bien ponderado por sus compañeros del MPP y de hecho representa al sector en la Comisión de Asuntos Internacionales del FA. Además es diputado suplente por la 609.

Otro nombre importante del Ejecutivo tupamaro es Richard Varela. Es un hombre muy cercano al hoy secretario de Presidencia y a Camilo Cejas, con quienes compartió años de militancia.

Funcionario del Instituto de Inclusión Social Adolescente (Inisa) y militante del sindicato, Varela protagonizó el año pasado las diferencias en el directorio que casi terminan en la renuncia del presidente Jaime Saavedra y que propiciaron que el entonces vicepresidente del organismo pasara en comisión a la Presidencia de la República bajo el ala de Sánchez. Varela estaba alineado con el jerarca saliente y ha sido muy crítico con Saavedra, quien también supo ser del frente juvenil del MLN. En marzo, luego de que el presidente del Inisa tratara de “delincuentes de poca monta” a dos internos que intentaron amotinarse, Varela lo comparó con un lobo disfrazado de cordero.

El ejecutivo más joven del MLN es Tomás Barolín. A sus 26 años se desempeña como adscripto en Cancillería y es una de las apuestas del MPP para los temas internacionales. Prueba de ello es que acompañó al secretario de la Presidencia al Foro de Oslo y que ha estado en cursos de formación en mediación en el marco del proyecto de Sánchez de ofrecer al Estado uruguayo como referencia en la materia.

La nómina del Ejecutivo del MLN se completa con Fernanda Cousillas –hoy coordinadora adjunta del Centro de Formación Permanente de Primaria–, Rodrigo González –director de Gestión Ambiental de la Intendencia de Canelones–, Estefanía Díaz –diputada de la 609 por Canelones–, Carlos Larrosa –presidente del sindicato de OSE–, Nicolás Lorenzo –diputado por Artigas–, Carlos Haller –exjefe de seguridad presidencial de Mujica– y Sebastián Vázquez –director de Desarrollo Económico de Canelones–.

También está un histórico como Juan “Jota” Domínguez, un tupamaro de la vieja guardia pero ya apartado de la actividad cotidiana por razones de edad.

La “organización político-militar”

“¿Quieren hacer la revolución? ¡Vayan y háganla!”, le espetaba Julio Marenales a los jóvenes que entraban a militar al MLN ya con el FA en el gobierno. Sino, laudaba: “Jodete”.

El recuerdo es de Sebastián Vázquez. Militaba desde la adolescencia en el MPP, pero se hizo tupamaro atraído por la “mística” del “Pepe presidente”, del “poder popular” expresado en campañas como el Plan Juntos y por la “historia” del movimiento. Mucho después, en pandemia, sería el encargado de recuperar la vieja sede de Tristán Narvaja y montar el bar Lo de Molina.

Vázquez fue parte de esas nuevas generaciones que fueron apadrinadas por Marenales. El exguerrillero salteño cuestionaba al MPP por ser “un gigante estúpido” que “no tiene ideología”, pero aún en su radicalidad no perdía el sentido de la realidad: quería encontrar la alternativa, pero reconocía que la mejor propuesta económica que tenía la izquierda era la de Danilo Astori.

A Marenales le atribuyen una definición por todos compartida para explicar qué es hoy el MLN: una “organización político-militar”.

Para el veterano Rúben García los tupamaros deben estar “a disposición” por si hay una escalada y las condiciones empeoran. “No es querer salir a generar... sino estar ahí. Está dentro de aquello del derecho los pueblos de defenderse y levantarse si hay una pérdida... como hubo y nos salió carísimo (...). Si se llega a dar... son cuestiones de prever”, dice. “Se va a estar dispuesto, pero no es que uno se plantee ahora. No somos marcianos. Sabemos que si nos ponemos a hacer eso, la gente nos rompe la cabeza”.

Ante la consulta de si el MLN tiene armas para un eventual levantamiento armado, García rebate que solo puede haber “alguno” que tenga porte legal.

Vázquez, de los jóvenes integrantes del Ejecutivo, lo relativiza: “Los jesuitas también se definen como organización político-militar. (...) Tenés principios que son fundacionales y está bien mantenerlos. Te da espíritu de cuerpo y pertenencia. Los blancos siguen yendo a Masoller y entiendo que hoy no harían lo mismo”.

De la misma generación, la diputada Inés Cortés asocia ese carácter “militar” a la “disciplina” de la estructura, de acatar pedidos de los responsables políticos y eventualmente plantear la “discrepancia” en “una instancia posterior de evaluación”.

La tradición militar se expresa también en la “compartimentación”. “Sabés lo que tenés que saber”, resume Cortés, quien no integra ámbitos de dirección pero ha sido oradora designada por el Ejecutivo en los actos tupamaros. “Era una herramienta de autodefensa en la dictadura, porque los compañeros no podían cantar más de lo que sabían”.

La historia guerrillera es parte de su propio acercamiento al MLN. Ella es hija de un tupamaro preso, pero no lo conoció, y su madre tampoco sabía demasiado sobre esa etapa. Cortés ya militaba en la Federación de Estudiantes Universitarios por la Facultad de Ciencias Sociales cuando sobre 2014 la invitó un militante que había creído solo del MPP. Fuera del movimiento de masas de Mujica, tenía motivos hasta “emocionales” para adentrarse en la otra organización.

La revolución en el siglo XXI

Tristán Narvaja 1740. Una corta escalinata conduce a la portería. El servicio es con funcionarios rentados de lunes a viernes. Los fines de semana, el cuidado del local queda a cargo de militantes nombrados por los grupos de base. Salvo los que están absorbidos en el gobierno, también legisladores y dirigentes tienen que cumplir con esas guardias cada unos tres meses.

A mano izquierda hay una gran maqueta que recuerda el túnel excavado desde el Penal de Punta Carretas para la fuga de 106 tupamaros presos en 1971.

Sobre la pared, hay una pieza recordatoria que expone los restos de cinco fusiles, dos culatas y varias balas que quedaron del robo a la Aduana de Bella Unión en 1964.

Maqueta de la operación

Maqueta de la operación "El Abuso" y recordatorio de las armas de la Aduana de Bella Unión

Al fondo hay un patio con parrillero. Un mural de Raúl Sendic Antonaccio recuerda una de las citas más evocadas en el MPP para reivindicar el rol del otrora guerrillero: “Si nos ponemos a discutir sobre nuestras diferencias, nos podemos pasar toda la vida discutiendo. Si nos ponemos a trabajar sobre nuestras coincidencias, vamos a pasar toda la vida trabajando”.

¿Qué relación puede tener el MLN en el siglo XXI con un levantamiento armado? ¿Qué visión tiene de la revolución cuando ya accedió al poder por la vía de los votos?

Hijo de tupamaros presos, el hoy diputado Gabriel Otero no llegó al MLN por su crianza entre la cárcel y los cuarteles, sino por invitación del periodista Ricardo Pose a partir de su militancia en La Teja. Tenía 17 años y el MPP estaba a un año de constituirse con el acuerdo político entre el MLN, el PVP, el MRO y el PST.

En aquel 1987, Sendic convocaba a un Frente Grande “sin cartas en la manga” e incluso defendía avanzar sin el Frente Amplio. “No había un sueño guerrillero de volver a los ‘60. Los viejos, incluso el mío, salieron todos repitiéndolo. Se estaba claramente en gestar una fuerza política que fuera tras el silvestre, el militante sindical, el cooperativista, el que estaba atrás de la tierra para la vivienda”.

Pero aún en esos años Otero confiesa haber asistido a un “curso súper acelerado” de cómo usar un arma. “Soy hijo de otro tiempo y tuve que aprender determinadas cosas porque en ese momento se creían necesarias”.

Más de un extupamaro viejo recuerda que las guardias en Tristán Narvaja eran todavía con “fierro” en el cinto. Los actuales militantes reconocen que hay un arma guardada por las dudas, pero aseguran que ya no se usa.

Lejos de la primera fila del “lío”, Otero estuvo en las manifestaciones en las afueras del Hospital Filtro ante la extradición de los etarras. En el episodio, que se cobró la vida del manifestante Fernando Morroni, se hizo célebre el llamado de Jorge Zabalza a un “bautismo de fuego” de las nuevas generaciones tupamaras. Otero asegura que era “una manifestación pacífica” y que “la violencia provino del gobierno”.

–¿Qué tiene para reivindicar hoy el MLN con la “toma de Pando” cuando ya no cree en la lucha armada?

–No, no es no creer. No está definida la lucha armada en este momento, cuando estuvo definida en su momento. Los procesos revolucionarios, contame uno que no sea por la vía de la violencia.

–¿Creen que ahora con el gobierno hay un proceso revolucionario?

–Nosotros creemos que vamos hacia la liberación nacional y el socialismo a través de este sistema burgués de elecciones. Pero se reivindica lo que fue el Coordinador, el MLN. Cuando reivindicás al “Che” y la “toma de Pando”, reivindicás la juventud de ahora. Cultelli, Salerno y Zabalza, tres muchachos de entre 18 y 24 años que son asesinados. Es por la juventud, muchachos. Esto no lo hizo gente de 50 años. Lo hizo una generación que dio lo más noble que puede tener una persona, que es la vida.

Al ser consultado sobre la idea de Rúben García de un MLN a disposición ante una escalada, y aclarado el punto que no se está “ni cerca” de eso, Otero resume: “Si acá una patota de la derecha conservadora fuera a querer envalentonarse y tomar el poder, sí, el MLN va a estar claramente del otro lado haciendo frente”.

¿Eso significa que el día de mañana vas a agarrar las armas si pasa? ¿Te preparaste para eso?

–No sé si estoy en condiciones de agarrar el Tramontina. Lo que está claro que yo voy a hacer frente en una vereda a eso. Lo político-militar plantea hacer frente. (...) Como va a estar un montón de gente del Partido Nacional, Partido Colorado, Frente Amplio. (...) Después no hay gente preparada... No queda ni un rescoldito de aquel MLN.

Hasta el día de hoy uno de los componentes de la formación del MLN es la “autodefensa”. En el caso de la hoy diputada Cortés fueron, por ejemplo, piques de ir con championes a las marchas o de evitar los celulares para temas importantes.

Vázquez también relativiza que cualquier sindicato u organización de izquierda tiene lecciones de autodefensa.

El MLN tiene además un frente interno con militantes que se especializan en eso. De ahí salió por ejemplo el actual jefe de Seguridad Presidencial, Álvaro Mariño, quien es bibliotecólogo de profesión. Lo mismo con Javier Dinardi y Carlos Haller, tupamaros que encabezaron la seguridad de Mujica.

Bandera del MLN Tuparamaros
Bandera del MLN Tuparamaros

Liberación nacional y socialismo

Lo siguiente es un pasaje inédito de una entrevista el 15 de octubre de 2024 con Alejandro Sánchez, jefe de campaña de Orsi, a 12 días de la primera vuelta.

Cuando el MLN respalda el triunfo de Maduro en Venezuela y ustedes se desmarcan, no queda claro qué rol juega. Mujica se ríe y dice no tener idea. ¿Qué es hoy el MLN?

–Una organización política que integra el MPP. Pero el MPP lo integra mucha más gente. Yo discrepé con esa declaración pública, no fue oportuna y no comparto los términos. El MLN sigue teniendo la misma función de pensar la construcción de una sociedad más justa.

¿Incide? ¿Piensa distinto al MPP?

–Son dos organizaciones, a veces tienen matices. (...) El capitalismo no ha resuelto los problemas del mundo. Tenemos el ecocidio más grande de la historia en aras del lucro. El objetivo de la vida tiene que ser el humano y la vida en la Tierra. Eso implica trabajar para construir una sociedad distinta que hemos dado en llamar socialista. Construir un piso en el que todos tengamos las mismas oportunidades, y cada uno desarrolle su vida como quiere. La lucha por una sociedad en que el objetivo no sea el lucro egoísta sigue siendo nuestra mirada de largo plazo. Siempre fuimos muy críticos con las construcciones que existieron del campo socialista e incluso con Cuba, porque no creemos en el partido único. ¿Cómo lo construimos? No podemos saber. ¿Cuándo se logrará? No tengo idea. Pero es mi utopía.

No lo proponen para el gobierno.

–No. No existe el socialismo por decreto.

A tres días del balotaje, el senador Sabini definía al MLN en un encuentro con exalumnos salesianos como una “organización pequeña” que “tiene más vida democrática que la que vivió en la ilegalidad”.

“El MLN no tiene que dar explicaciones a nadie: es una organización política legal que tiene la mayor cantidad de desaparecidos de este país. (...) Los partidos tradicionales se mataban a las cuchillas. Eso no quiere decir que todos los blancos tengan que asumir todos los errores que cometió el Partido Blanco. O el Partido Colorado, que fue el protagonista de los golpes de Estado en Uruguay. No les pedimos que asuman los errores del partido, sino que no los repitan de nuevo. Lo mismo creo que deberíamos hacer con el MLN”.

La teoría revolucionaria de la organización entra incluso en conflicto según las generaciones que lo miren y la concepción que tengan de cada concepto.

La camada de Inés Cortés en 2014 polemizó con la idea de “sacrificio” contenida en los VIB de Manera. “¿Por qué el sacrificio tiene que ser ‘pasarla mal’?”, se cuestionaban. “Después entendimos que es muy amplia la definición”.

También tuvieron “tensiones” desde el feminismo; que por qué un “hombre nuevo” y no una “mujer nueva”. Cortés hasta se cuestiona si “sigue vigente” el concepto.

La diputada admite además que “no hay una definición de qué es ser socialistas”, sino que es “una utopía”.

Sebastián Vázquez coincide con la ausencia de una definición clásica, pero tampoco lo ve utópico. “¿Qué es el socialismo en este momento? ¿Es China? Es una sociedad que no tiene nada que ver con la nuestra. Marenales decía: ‘Cada pueblo hará su experiencia. Ojalá que les vaya muy bien; pero no tenemos nada que ver con ellos’ (...). ¿Que cada uno acceda a una calidad de vida correspondiente a su trabajo y que haya un Estado de bienestar? No me parece tan utopía, menos en Uruguay”.

En el MLN hubo anarquistas, comunistas, socialistas y otras vertientes que levantaron la consigna de la “liberación nacional y el socialismo”. Desde la época de la guerrilla lo que los junta es la acción política. Se le atribuye a Sendic la máxima: “Las palabras nos dividen, los hechos nos unen”.

Mientras era presidente de la Cámara de Diputados, Sebastián Valdomir fue uno de los voceros en el último Comité Central que defendió la cautela económica del nuevo gobierno ante los impulsos de otros tupamaros por una mayor radicalidad.

Pero el respaldo hacia afuera no tiene fisuras. “Podemos tener algún matiz, pero tenemos claro que si el Frente no gana, sea quien sea, gana la derecha”, cierra filas García Bianchimano, aún cuando a lo largo de la entrevista mantiene un discurso mucho más duro hacia los empresarios y la oposición del que tienen los dirigentes jóvenes, como cuando dice que “tendrían que estar presos todos los hijos de puta” que hicieron el contrato con Cardama.

La tensión entre discursos según las condiciones en que se pronuncien la evidenció el propio “Pacha” Sánchez cuando durante un acto del MLN en abril de 2024 tildó de “entreguista” y “cipayo” a los ministros de Defensa y Relaciones Exteriores de Lacalle Pou por autorizar el ingreso de un buque estadounidense sin venia parlamentaria.

Él mismo suele justificar esa estrategia –que hacia afuera puede parecer contradictoria– con la anécdota de una conversación entre Marenales y Líber Seregni cuando el MLN intentaba el ingreso al Frente Amplio. El segundo le reprochó a los tupamaros que tenían “dos discursos” y el primero devolvió que tendrían que tener todavía “más”. Para el hoy secretario de la Presidencia es la comprobación de que tienen que poder llegarle a frenteamplistas, a emepepistas, a tupamaros y al resto de la sociedad.

Archivo, sede del MLN-Tupamaros.
Archivo, sede del MLN-Tupamaros.

El MLN en adelante

El MPP es la maquinaria proselitista y la organización de masas. El MLN es otra cosa. Hasta los propios tupamaros lo entienden como un posible “cuco” a ser agitado en campaña electoral. Al MPP se acerca el que quiere. Al MLN solo se entra por proposición de alguno de los de adentro.

No pocos se cuestionan su vigencia, pero tampoco se han ido. Valoran la “usina de pensamiento”, la reflexión política por fuera de lo inmediato electoral, la chapa identitaria.

La diputada Cortés aventura por ejemplo que en la próxima Convención pueden evidenciarse “una perspectiva más crítica y otra más alineada al oficialismo”.

Valdomir, en tanto, niega que haya una puja entre barras, sino “perfiles generacionales” que intentan llegar a una “síntesis”.

El diputado Otero es crítico con el lugar al que se ha relegado a la organización: “El MLN fue más interesante de lo que es. Hoy es lo que le dejan ser. (...) Dentro del MPP fue un actor de primera línea en un cambio en la estrategia de acumulación. El Frente Amplio ganó por un cúmulo de cuestiones, pero sin la espalda política del MLN y la reacción política a cada momento del país (...) hoy estaríamos hablando posiblemente de otra izquierda”.

Otero cuestiona incluso que los tupamaros no salgan con su propia lista a juntar votos dentro de la 609. “Yo soy de los que creo que el MLN tiene que estar en la calle y en los muros, firmando como MLN y apoyando al gobierno. Pero le dimos toda esa tarea al MPP”.

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