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25 de enero 2026 - 5:00hs

El uruguayo Ulises Beisso nació en la época equivocada. Los críticos de arte han elogiado su obra, buena parte de la cual estuvo oculta durante más de tres décadas porque estaba vinculada a su homosexualidad en tiempos de tabúes. Se infectó con el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) en un momento en que, de desarrollarse la enfermedad, era menos tratable. No se hablaba de los antirretrovirales, mucho menos de la profilaxis preexposición (PrEP) a la que ahora se accede en el país. Murió antes de los 40 años en 1996.

Felipe —el nombre es ficticio para garantizar su anonimato— nació en la época justa, en el lugar justo. Tiene solo 29 años y ya hace tiempo que hizo pública su orientación sexual (homosexual): “No para revelar un dato personal, sino como una acción política de demostrar que los putos existimos y tenemos los mismos derechos que cualquiera”.

Puede que sea su formación docente, su simple curiosidad, o ambas que lo llevan a estar al corriente de las últimas tendencias médicas. Dice que siempre usó condón —“en un mundillo gay en el que da la sensación de que cada vez se usa menos el preservativo”— y hace cuestión de menos de un año —por aquello de que todo método tiene un mínimo de falla, a veces por error humano en su uso— contrajo sífilis que la detectó a tiempo. Y fue su médica tratante quien, después de haber atacado la infección bacteriana con la clásica penicilina, le recomendó:

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—¿Por qué no empezás a tomar PrEP, es una pastilla al día que combina unos antirretrovirales, por tu edad en esta mutualista no tenés que pagar el ticket de medicamento y reducís un montón las chances de contraer VIH? ¡Ah, encima cada seis meses te voy controlando, haciendo exámenes y eso te deja más tranquilo!

En el baño de la casa de Felipe, al lado del cepillo de dientes, está el blíster con el PrEP. Lo toma como un medicamento crónico más. Olvidarse de una toma “no es tan grave” y puede compensarse, pero él se creó un grupo de Whatsapp consigo mismo en el que se va escribiendo “Hoy tomé el PrEP”.

No tiene casi contraindicaciones. No es exclusivo “para los putos”, como le llama con cariño Felipe, sino para mujeres, trans y varones que por sus prácticas sexuales, por antecedentes de enfermedades de transmisión sexual o porque sus parejas padecen la infección tienen riesgo de transmisión. Y según consta en la monografía de posgrado en Enfermedades Infecciosas de Juan Pablo Castro (Universidad de la República), estos antirretrovirales que se usan de manera preventiva para quienes no tiene VIH logran “reducciones entre 75 % y 99 % en la incidencia de VIH”. Felipe, a diferencia de Ulises, nació cuando le convenía nacer.

No hay un contra-fáctico que confirme que Ulises no hubiera muerto igual a la misma edad. Pero si el artista tuviese a disposición las herramientas médicas de hoy, “las probabilidades de que hubiese fallecido con una infección de transmisión sexual serían muchísimo más bajas”.

La infectóloga Susana Cabrera, coordinadora del programa de infecciones de transmisión sexual del Ministerio de Salud, lo dice con evidencia, también lo ve en los consultorios, lo sabe por las cifras nacionales (“solo” 829 casos nuevos de VIH en 2024 y unas 17.000 personas viviendo con el virus), y aún así no se conforma. Al contrario.

Sucede que el VIH, como otros virus que causan enfermedades de transmisión sexual, perdió su momento de fama. La humanidad dejó de asustarse, el sida pasó a ser vista como una enfermedad crónica más, dejaron de repartirse preservativos al volumen que se hacía antes, y hasta se le ha quitado relevancia al correcto uso de esos mismos condones: o porque se habla menos, o por las prácticas de riesgo que se imitan de la pornografía, o porque se lo ve más como un anticonceptivo que como una barrera de contagio.

China —que desde que prohibió el tener más de un hijo y luego dio marcha atrás nunca se caracterizó por respetar demasiado los derechos reproductivos— ahora quiere encarecer los preservativos para que la gente tenga más hijos, a costa de no desearlo o contraer una infección.

Pero lo que todavía más le preocupa a Cabrera es que ve casi un imposible el objetivo que el país se había trazado para 2030: la erradicación de la transmisión de enfermedades como esta o la sífilis de las madres a bebés, o lograr que el 95% de las personas con VIH estén diagnosticadas (por ahora es el 92%), el 95% de las diagnosticadas estén en tratamiento (por ahora es el 83%), y el 95% de las tratadas tengan carga viral suprimida (ahora es el 70%).

Y como dice el dicho médico: mejor prevenir que curar. Uruguay tiene a disposición el PrEP, pero se desconoce de su existencia, se indican menos de lo que se debería y algunas personas hasta lo discontinúan.

Un Uruguay no del todo (prep)arado

Mateo —también nombre ficticio de un usuario de otro prestador de salud privada en Uruguay y que tiene 41 años—, nació antes que Felipe, después que Ulises y, por tanto, “a tiempo”. Estuvo 13 años en una pareja cerrada del mismo sexo. Cuando se separó empezó a tener relaciones sexuales casuales en las que usaba condón y una vez un chico con el que se acostó le dijo: “Voy a pedir consulta para el PrEP”

La sigla le sonaba, pero no sabía demasiado. Hizo la consulta con la primera infectóloga disponible en la agenda de su mutualista y quiso el destino que era alguien especializada en la materia.

Desde hace tres años toma todos los días, incluso cuando viaja por su trabajo o de vacaciones, lo mismo que Felipe. Pero hay una diferencia: en su prestador le cobran $ 1.400 (como si fueran dos ticket de medicamento) las dosis que le alcanzan para un mes.

La infectóloga Cabrera admite tamaña inequidad: “Esta medicación co-formulada no integra el Formulario Terapéutico de Medicamentos”, ese listado de fármacos obligatorios que deben disponer los prestadores basado en la equidad, accesibilidad y sostenibilidad. La actualización depende del Ministerio de Salud Pública, “pero lleva un atraso increíble”.

Y agrega: “Precisamente esta combinación está en el listado que ingresará (al FTM) porque no solo es PrEP, sino que es la base de todo tratamiento antirretroviral”

Eso es solo una parte del problema en un país que, siguiendo los cálculos que hizo Brasil en que se requieren unos tres usuarios con PrEP por cada nuevo paciente diagnosticado con VIH, hace que en Uruguay como mínimo en el último año deberían haber indicado más de 2400 nuevos, cuando no se llegaron a 500) . Es decir: se debería indicar cinco veces más.

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Felipe y Mateo son unos rara avis: están informados, son responsables por su salud y por consecuencia de la del resto, adhieren a un tratamiento sin moverse casi un milímetro de lo recetado por los profesionales y ambos se atienden en mutualistas privadas.

La investigación del infectólogo Castro explora un sector mucho más complejo: el subsector público de Uruguay. Y su primer hallazgo fue un preocupante “efecto cascada”.

En las policlínicas, hospitales y maternidades públicas que estudió, entre 2017 y 2024 solo se indicaron PrEP a 113 personas (la “nada” para lo que es la población objetivo). Iniciaron el tratamiento (al menos retiraron en farmacia la medicación), 87. Solo 40 se hicieron el testeo regular de VIH que implica parte del seguimiento. Y solo 30 usuarios no discontinuaron el tratamiento al menos en el primer año (el resto lo abandonó).

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De aquellos pocos que continuaron el tratamiento, ninguno contrajo VIH. Por el contrario, de los 113 a los que alguna vez se le indicó, hubo 10 con el virus: algunos porque no iniciaron el tratamiento y el resto porque lo discontinuó.

El sida, por la prevalencia que ha tenido en los varones que tienen sexo con varones, parece ser una enfermedad que carga con prejuicios incluso en 2026. Los datos de la monografía de Castro muestran que las mujeres heterosexuales y las mujeres trans fueron de las que más dejaron o no tomaron PrEP cuando se les había indicado.

La infectóloga Cabrera reconoce que la adherencia a un tratamiento que implica tomar una pastilla diaria (o a veces más si no se consigue la fórmula unificada), puede ser parte de la complicación. Por eso desea que llegue a Uruguay el PrEP inyectable que se viene probando “con éxito” en otros países y que implica solo un pinchazo cada determinados meses.

Cada dosis le saldría a Uruguay unos 4.000 dólares. Los precios del mercado están demasiado elevados y la oportunidad para un país de Sudamérica es ver cómo avanza Brasil que desea esta estrategia y tiene más demanda. En África, explica Cabrera, “hay fundaciones como las de Bill Gates que negocian precios para pobres”.

En Grindr, que es una red social de citas que es líder entre la comunidad LGBTIQ+, el usuario puede agregar en su perfil su estado serológico y si toma PrEP. Felipe, el mismo que por política grita a los cuatro vientos su orientación sexual, toma PrEP y prefiere no incorporar el dato. ¿Por qué? “Yo me cuido para mí, soy responsable primero que nada por mi salud, y no tengo por qué estar exponiendo qué medicamentos tomo o no. Eso termina causando más prejuicios, como si el VIH fuera algo exclusivo de los putos”:

A Felipe le gusta hablar del tema aunque esté de vacaciones. Se siente orgulloso de haber persuadido a tres amigos a que inicien el tratamiento con PrEP. Hace una pausa, y reflexiona:

—Tal vez tomar PrEP como homosexual es una razón política, de querer derribar prejuicios.

—¿En qué sentido? Si incluso vos no lo querés hacer público en tu perfil de la red social Grindr…

—Cuanto más nos cuidemos y se extienda el PrEP entre los gays, más va a bajar la incidencia. Y espero que las futuras generaciones no tengan que cargar con eso de que el VIH es cosa de putos.

Tal vez Felipe piensa que nació en la época equivocada y otros, en un futuro, cargarán con menos peso que él.

Temas:

Uruguay VIH Tratamiento PREP SIDA Enfermedades de transmisión sexual

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