6 de septiembre de 2025 5:01 hs

¿Por qué este camino?, se preguntó Ulises Beisso y la respuesta parecía evidente: “Es la forma que he ido encontrando de darle sentido a mi vida”. Para el artista uruguayo, el hecho de producir objetos con sus propias manos o generar mundos fantásticos y diversos por medio del lápiz o el pincel sobre un cartón le producía un "íntimo placer" que en cierta forma lo ayudaba a "estructurar" quién era.

Esa necesidad personal, íntima y estructuradora, fue el motivo de la creación de un cuerpo de obra casi como un diario íntimo. El exponente de una sensibilidad singular y radical para el contexto del Uruguay de comienzos de los 90. Casi 30 años después de su muerte, Ulises Beisso hace historia al convertirse en el primer artista contemporáneo en tener una exposición en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba).

“Sentís que esta obra salió del clóset hace poquito", dice a El Observador el curador de la exposición, Martín Craciun. "No es una obra que estuvo muy mediada, no pasó por exposiciones, por galeristas, por curadores. Es una obra que él fue haciendo y la fue guardando. Algunas piezas las mostró, pero muchas obras no, y cuando revisás el archivo y los cuadernos de Ulises te das cuenta que que él estaba trabajando para construir un legado”.

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Los únicos uruguayos que habían tenido una retrospectiva en el Malba hasta el momento eran dos: Pedro Figari y Rafael Barradas. La incorporación de Beisso es la oportunidad de dialogar con un artista con una condición contemporánea.

"Estamos dialogando desde Uruguay, estamos siendo referidos, nos están mirando, tenemos voz en una conversación”, dice Cracuin –quien actualmente es el coordinador del Instituto Nacional de Artes Visuales– y expresa que se trata de un aporte hacia toda la cultura de un país: la recuperación de un artista.

De alguna manera, el rescate de Ulises Beisso funciona como una reparación histórica que la sociedad hace con un hombre incomprendido e invisibilizado cuyas obras no vieron la luz durante un cuarto de siglo.

Ulises Beisso: Mi mundo privado

Beisso trabajó en el arte de manera constante desde fines de la década de 1980 hasta el 1996, cuando muere a causa de un cáncer de páncreas. En una década produce unas 300 obras entre pinturas, esculturas, dibujos, mobiliario y objetos. 80 de esas piezas se exhiben hoy en el Malba.

Mi mundo privado propone un puente entre dos momentos claramente diferentes en el producción de Beisso. En primer lugar, la creación de un universo vibrante con animales fantásticos, seres sexuados y referencias mitológicas. Los Rituales Dorianos, como refiere a ellos el artista, hablan del placer y el hedonismo mientras desafían a la pactaría tradicionalista de la sociedad uruguaya, la culpa y la vergüenza.

“La humanidad ha necesitado por distintas razones inventarse religiones. Todas ellas con sus dioses, cultos y ritos. Muchas de ellas son públicas y llegan a congregar gran cantidad de gente. Pero también las hay privadas, personales y secretas. Esta es una de ellas”, escribe Beisso al inicio de su Manifiesto Doriano, una declaración de intenciones sobre las Doras, estas semidiosas veneradas creadas a tamaño real que "jerarquizaron hasta el delirio las pasiones y los odios, no soportaron los prejuicios, los esquemas y las pequeñeces de los mortales".

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Por otra parte, Craciun presenta el periodo más oscuro de su obra. Imágenes de lo (mí) escondido, una serie en la que el artista se centra en el dolor, la tristeza y el devenir del final de su experiencia vital. Una crítica prácticamente monocromática a la sociedad, un testimonio furioso de una ternura conmovedora.

“Es como la exteriorización de este momento de la vida del artista en donde reconoce que está enfermo y reconoce que esta sociedad lo censura, lo reprime, lo restringe. El deseo se construye en la mirada y esta cosa oscura, porque es la sociedad que te lleva a ese lugar”, señala el curador.

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El ejercicio que se plantea es el de construir un arco temporal entre ambos periodos, que permita comprender la obra del artista y la historia de ese creador incomprendido que quería participar de un diálogo que en Uruguay estaba dominado por hombres blancos heterosexuales.

En ese contexto, Beisso crea una obra de carácter personal y autobiográfico que propone pensar la diversidad en el contexto cultural montevideano de los años 80 y comienzos de los 90. “Lo de Ulises es tan explícito que queda un poco fuera de lugar. Hay representaciones y hay artistas que han trabajado en este código, pero es difícil encontrarlos en la historia oficial del arte. La representación homoerótica en la historia del arte uruguayo casi no existe”, explica el curador.

En el mismo sentido Ricardo Ocampo –director de W-Galería y parte del estate del artista– señala que "esa faceta homoerótica era totalmente tabú" en la época, pero no solo en Uruguay sino en América Latina. “No tengo dudas de que el arte fue lo que salvó a Ulises. Lo salvó en el sentido de poder canalizar todo ese profundo dolor que vivía a través de experimentar el arte desde un lugar único y maravilloso”, dice el galerista.

Ulises Beisso, Sin título. 100 x 152 cm - 39.37 x 59.8 in. UB 16

“Esta también es la historia de una persona que intentó dejar su legado para una comunidad que necesita encontrar su lugar, que necesita poder representarse, que necesita poder andar caminando de la mano por la calle. Y esto habla de una libertad que es la que se construye con la libertad del otro", expresa Craciun. Y es que el mundo privado de Ulises Beisso se vuelve colectivo ante la mirada contemporanea.

Mi mundo privado, la exposición de la obra de Ulises Beisso en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba) se puede visitar hasta el 10 de noviembre de 2025.

De Montevideo al Malba: una travesía de 30 años

Ulises Beisso nació en Montevideo el 24 de abril de 1958, dentro de una particular familia de clase media. Fue el primero de los cinco hijos del matrimonio de Ulises Beisso Pérez y María del Rosario Quijano Capurro, hija de Carlos Quijano, por lo que creció en medio de una fermental usina de construcción cultural y política.

Desde niño mostró interés por el arte. Estudió en el taller de José Luis Montes y continuó su formación con Jorge Damiani hasta que en 1977 se mudó a México, donde el exilio encontró a su abuelo. Allí vivirá durante dos años y asistirá a la academia La Esmeralda, participando en talleres de dibujo, pintura y escultura.

Ocampo reconoce dos momentos de quiebre “extremadamente importantes” en la historia del pintor. En primer lugar, el encuentro Ulises con la paleta mexicana: “México fue clave en él en poder construir toda esta identidad en su imaginario, desde la paleta cromática a su producción, y cambió tremendamente la obra de Ulises”.

A su regreso a Uruguay, entre 1979 y 1983, estudió en el taller de Guillermo Fernández. Al mismo tiempo fue a la universidad y obtuvo el título de psicólogo en el Instituto de Filosofía, Ciencias y Letras de la actual Universidad Católica del Uruguay y conjugó sus actividades profesionales como psicólogo, ilustrador y diseñador gráfico en los Cuadernos de Marcha.

En una cultura artística que privilegiaba otros lenguajes y que se comprometía públicamente con otras causas tras la restauración democratica, el arte uruguayo fue construyendo un imaginario lejos de los intereses o las necesidades de Beisso. “Después de los años 50 no hay un lugar muy grande dentro del arte para ese tipo de figuración que él tiene. Una estética muy postmoderna, de alguna manera, de poner juntos elementos distintos de la historia para construir algo nuevo como una suerte de utopía queer ”, señala Craciun.

Ulises Beisso, Homosexual - solo partes humanas, 1992. Acrílico y tinta sobre papel. 20.5 x 22 cm - 8.13 x 8.63 in. UB 403

En segundo lugar, Ocampo identifica el viaje del artista a Nueva York en 1995 –donde iba a tratar su enfermedad– y particularmente el encuentro con la obra de Ross Bleckner en el Museo Guggenheim como un momento de cambio. En ese viaje Beisso compró el ejemplar 38 de la revista Parkett y encontró entre sus páginas una fotografía que mostraba a un hombre semidesnudo recostado en una cama se convertiría en la inspiración para su última serie de pinturas negras: Imágenes de lo (mi) escondido. Una serie que expondrá poco antes de morir en el Cabildo de Montevideo.

“Esos dos encuentros lo marcan de una forma en la que no volvió a ser el de antes, no volvió a producir como antes. Son dos momentos clave dentro de su vida en todo sentido. En esos viajes Ulises cambió de forma muy interna y su obra es reflejo de eso”, dice Ocampo.

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A la muerte de Ulises Beisso le siguió un silencio absoluto. Si bien algunas de sus piezas quedaron en manos de su pareja, Juan Arrospide, –más específicamente las que estaban en la casa que compartían– la mayor parte de su producción fue guardada bajo llave en una habitación de su casa materna hasta que la puerta se volvió a abrir veinticinco años más tarde.

No solo se estaba poniendo bajo llave la obra, se estaba poniendo bajo llave la historia. Esa acción de cerrar y secuestrar el trabajo representa también los años de que la obra no se pudo ver”, dice ahora Ricardo Ocampo, director de W-Galería y parte del estate del artista.

Luego de la muerte de su madre en 2019, los hermanos de Beisso se pusieron en contacto con Ocampo con la intención de proteger y promover el legado del pintor. Entonces la obra fue reunida, catalogada y documentada a través de un extenso proceso de investigación."Fue un desafío porque nadie, absolutamente nadie más allá de las personas allegadas, conocían la obra. Amigos, familiares y un poquito de la escena artística montevideana. Para todo el resto era absolutamente desconocido”.

Desde 1996 se hicieron dos exposiciones retrospectivas de su obra en Uruguay. En 2003, se realizó una breve muestra en el Centro Cultural Dodecá. En 2022, el Centro de Exposiciones Subte inauguró Rara Avis, una exhibición antológica que exploró su legado artístico y su relevancia en el contexto cultural montevideano. Una primera gran aparición en público después de tantos años, con una reinterpretación contemporánea de su obra bajo la curaduría de Pablo León de La Barra y Craciun. "Nos dio el puntapié como para pensar y entender que la obra tenía una potencialidad increíble", recuerda Ocampo.

El aleteo de un colibrí

¿Cuánto tiempo se puede esconder algo? La voz del director Sergio De León resuena sobre el documental La intención del colibrí y parece extenderse fuera de los márgenes del audiovisual. “Esconder una cinta en una valija, esconder una obra en un cuarto, esconder quién uno realmente es”.

De León guardó durante más de 20 años una cinta de video que técnicamente era imposible de volver a ver. Una cinta Hi8 en la que grabó la exposición de 1996: Imágenes de lo (mi) escondido. Ese día registró con fascinación cada cuadro y cada objeto, desde todos sus ángulos y rincones. En ese momento no lo sabía, pero esa grabación fue el inicio de un documental en el que relató los esfuerzos de mostrar, finalmente, la producción de Ulises Beisso después de su muerte.

"Esa obra que yo filmé ahí, tengo la sensación de que nadie la vio. Había algo muy presente, que era la inminente muerte de Ulises porque estaba enfermo. Después gran parte de la obra quedó bajo llave. Juan quedó viudo y sin poder mostrarla, a pesar de sus intentos. Lo que siento es que hubo una resistencia fuertísima a que la obra saliera. Y ahora es todo lo contrario. El contraste es eso: una sorpresa".

Embed - Trailer "La intención del colibrí" de Sergio De León (Uruguay, 72') - Estreno 21 de octubre

Desde la inauguración de la exposición en el Malba el director de cine tiene más preguntas que respuestas y un tema que sobre el que vuelve es el reconocimiento o la invisibilización de un artista. “Uno siente una injusticia. Pero al mismo tiempo, ¿cuántos artistas hay que en vida no son reconocidos?", piensa en relación a la historia de Beisso.

En el mismo sentido reflexiona Ocampo sobre la visibilidad de los artistas contemporáneos. “Hay muchos artistas que hicieron una obra increíble y que producen obra increíble actualmente, que muchas veces están invisibilizados por la escena o por la realidad cultural. Si esto pasó en Montevideo en este periodo, ¿qué más pasaba?”, se pregunta y tira de una hipótesis: "Seguramente no estaba solo".

La irrupción de la obra de Ulises Beisso, el crecimiento que ha experimentado en los últimos años, hace creer al galerísta que “hay todo un Uruguay por redescubrir”. En este sentido, Ocampo entiende que Ulises Beisso “está abriendo una puerta a una escena uruguaya que estaba y está oculta”.

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"Las cosas no se pueden esconder para siempre", dice el realizador como respuesta a la pregunta que planteó en el documental y opina que después de tantos años la obra no solamente es vista sino que es "un suceso". "Y ese suceso me parece que tiene mucho que ver con quién era Ulises”, agrega.

Un colibrí llega a batir sus alas 70 veces en un segundo. Parece imposible, irreal, físicamente inviable pero así logran mantenerse en el aire. "Eso hace que sean seres de vibración muy alta", dice el director del documental y recuerda: "Ulises era una de esas personas que llegaban a un lugar y levantaban la vibración solo con su presencia”.

Actualmente la obra de Ulises Beisso se expone en el Malba, pero en mayo de 2026 estará en la sede el Instituto de Estudios de Arte Latinoamericano (Islaa) en Nueva York en una nueva exposición con la curaduría de Pablo León de La Barra.

"Su vida, que fue un profundo acto estético, fue por eso mismo un profundo acto ético", escribió Carlos Vargas en 1996 en Cuadernos de Marcha. En aquella despedida recordó las palabras de Ulises Beisso después de su última exposición en el Cabildo de Montevideo: "Dijo sentirse como un volcán que apenas había sacado un aspecto de lo que tenía para expresar y del que en el futuro surgirían infinitas cosas".

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