En dos minutos, el policía de la Guardia Republicana Joel Rodríguez pasó de estar disfrutando un rato junto a su pareja, unos amigos y su moto, a recibir un balazo en una rapiña que terminó con su vida al día siguiente.
Ese fue el tiempo que le tomó a los implicados en su homicidio amenazar a los presentes, balear al sargento y escapar del lugar con dos motos, según el relato de la fiscal Adriana Edelman en la audiencia que terminó con la imputación de dos de los implicados, Agustín y Alejandro, detenidos este lunes en La Cruz de Carrasco.
Los jóvenes, de 18 y 20 años, fueron imputados como coautores de los delitos de rapiña y homicidio especialmente agravado, con prisión preventiva hasta diciembre. Junto a ellos fue detenido un adolescente de 17 años, y horas después de las detenciones un cuarto implicado, también menor, se entregó a las autoridades.
Según informó el Ministerio del Interior en un comunicado, el joven que se entregó fue liberado, mientras que el adolescente capturado fue imputado por tres infracciones gravísimas: dos delitos de rapiña especialmente agravados por la pluriparticipación y un delito de homicidio muy especialmente agravado. Pasará 150 días en el Inisa.
Embed - Detienen a los cuatro involucrados en el homicidio del sargento de la Guardia Republicana
En la audiencia, a cuyo audio accedió El Observador, la fiscal Edelman marcó que uno de los principales riesgos procesales de los dos implicados es la seguridad de los testigos protegidos que declararon en contra de los jóvenes, que temen por su vida ya que ambos integran la banda del “Fraga”, un hombre detenido en el barrio privado en Haras de Carrasco con varias drogas y armas.
"Fraga sería el eslabón más arriba", afirmó Edelman para explicar que es la cabeza de la organización.
Además, la fiscal fundamentó el pedido de prisión efectiva en el terror de los testigos que "saben que forman parte" de esa banda. "Todos manifestaron que si se enteran de quienes son, los matan... hay gente de trabajo, gente que es grande, gente que tiene hijos chicos, hay gente de todo tipo".
"Lamentablemente asistimos a una realidad que en determinados lugares víctimas y victimarios vienen de una realidad que es tremenda. Es tremenda también la realidad de la gente que quiere vivir un poco más tranquila y vive aterrada porque si sale, si habla, si dice, si ve... entonces ese es el contexto de nuestros testigos pero si después que vinieron a declarar con nosotros los ven caminando en el barrio, o sea no consigo un testigo nunca más", advirtió Edelman.
A esto también sumó que Agustín es uno de los dos jóvenes que se fugaron del Instituto Nacional de Inclusión Social Adolescente (Inisa) en febrero.
En aquella ocasión, los dos jóvenes se escaparon de las autoridades en una camioneta cuando estaban llegando a una actividad en una piscina de Solymar. Horas después el compañero de fuga del ahora imputado, de nombre Antuan, fue asesinado en Maroñas, y Edelman recordó que Agustín era buscado por el crimen.
Ante esos argumentos, a los que sumó el estilo de vida de los imputados, con antecedentes violentos, sin trabajo, el juez Carlos Monzón accedió a otorgar las medidas cautelares que pidió hasta el 23 de diciembre.
Los dos minutos en los que cometieron el crimen
Según relató la fiscal Edelman, a la 19:00 del viernes 11 de julio Joel Rodríguez, en ese momento vestido de particular, estaba junto a su pareja y dos amigos al lado del Molino de Pérez, plaza de Punta Gorda, junto a su moto Kawazaki de alta cilindrada estacionada en las calles Scasso e Ismael.
Tanto Joel como sus colegas, que iban en otra moto de alta cilindrada marca Bajaj, ya “habían encendido la moto y se habían puesto el casco”, cuando otras dos motos con cuatro personas en total aparecieron por la calle Scasso y abordaron al grupo. En una de ellas iban Agustín, Alejandro y uno de los adolescentes.
La fiscal de Homicidios afirmó que al menos tres de los cuatro implicados bajaron de sus motos y rodearon a Rodríguez. Primero lo empujaron y luego “uno de ellos le efectúa un disparo”. Uno de los jóvenes comenzó a gritarle al autor del balazo: “¡Lo mataste, lo mataste!”.
Una de las otras víctimas se tiró atrás de un muro y otro comenzó a correr. Los delincuentes lograron rodear a uno de los amigos de Joel y comenzaron a pedirle las llaves de su moto Bajaj. “Las llaves están puestas”, le respondió el hombre. Tras ello los implicados tomaron las dos motos robadas, otro de ellos tomó uno de los dos vehículos en los que habían llegado, y dejaron otra, una moto Milestone, abandonada en el lugar. También le robaron su celular.
La Milestone había sido robada cerca de la zona del homicidio, en las calles Bologna y Murillo, cinco días antes del crimen.
Tras analizar las cámaras de videovigilancia de la zona, se constató que el grupo delictivo ya había pasado por la zona en la que estaba el policía a las 18:31, poco más de media hora antes de cometer el asalto. Edelman aclaró que la moto de Joel y la de su amigo “son de altísima gama y presentan particularidades que son muy codiciadas”.
Los jóvenes volvieron a La Cruz de Carrasco, pero en menos de 20 minutos ya estaban nuevamente en la zona del crimen. A las 19:05 una cámara registró a los implicados en el Molino de Pérez, y a las 19:06 “capta un fogonazo de disparo”. Antes de las 19:08 los criminales se habían fugado, y 30 segundos antes, el delito había sido denunciado al 911.
Las cámaras registraron por última vez a las tres motos en las que se fueron los rapiñeros a las 19:37, cuando ingresaron por el camino Antonio Pereira a su barrio.