GV: “Gordo”, “cura”, por mi nombre no me dice nadie, mi madre nomás.
AF: ¿Cuál es el nombre completo?
GV: Mi nombre es Juan Andrés María Verde Gaudiano.
AF: ¿Sos del 89? Tenés 35 años. ¿Cómo es el tema del sacerdocio?, ¿cuánto años son de seminario y en qué seminario estuviste vos?
GV: Yo estuve en el seminario mayor de acá de Uruguay, es el seminario donde estudiamos todos los pichones de cura y tuve siete años de estudio e hice tres de filosofía y cuatro de teología. Eso eclesialmente es el básico, después podés hacer un doctorado, pero el estado reconoce ese estudios como una licenciatura en ciencias teológicas esto es algo novedoso pero está bueno porque ahora saco cartel de que soy licenciado en ciencias teológicas. Hay algo que me encanta de Uruguay, pero tiene sus pros y sus contras, y es que somos un país laico, por momentos laicista y por momentos anticlericalista.
AF: Definime qué es laico y cuál es la diferencia entre laico y laicista.
GV: Hay muchas excepciones del término. En Uruguay la iglesia está separada del Estado de muchas maneras y se entiende que cada uno es libre en la religión que quiera tener. Culto libre, eso es lo que yo celebro. La contrapartida es que hay extremos y acá en Uruguay se vive más el extremo, o el anticlericalismo de no respeto hacia lo que es el sacerdote como en otros países. Ahora estuve en Colombia, cuando vas a Argentina lo ves, estuve en Angola.
AF: ¿Se los respeta más, hermano?
GV: Sí. Yo igualmente soy hincha a muerte de mi país y a veces veo las faltas de respeto en cosas concretas, por ejemplo que no te dejen rezar. No es que no te dejen porque por ley nadie te puede prohibir rezar, pero vas a visitar a un enfermo en un hospital y a veces te ponen más trancas de las que deberían ponerte y eso no está bueno.
AF: Está bueno que me abrís esta puerta para conversar. Mi interpretación, probablemente errada, es que está habiendo una dislocación cultural y hay un corrimiento de lo que es políticamente incorrecto a la falta de respeto e incluso hacia contenidos aberrantes. Dejemos el concepto de contenido aberrante o chistes aberrantes. El traspaso posible entre un contenido que hoy es políticamente incorrecto y que para vos y para mí no es negociable. Y yo lamentablemente entiendo, y creo que hay un quiebre mundial en eso y no sé si serán redes sociales, será que todos estamos hiper comunicados, pero siento que se van corriendo los límites. El ejemplo es la inauguración de los Juegos Olímpicos en París. A vos como cura, ¿cómo te cayó esa Última Cena?
GV: Me chocó. Me chocó porque uno intenta ser tolerante. Yo como sacerdote intento ser abierto, acoger realmente la diversidad, soy de los que buscan esa unidad en la diversidad, pero esto es una falta de respeto, esto es una falta de tolerancia y al sentimiento cristiano y judeo cristiano, porque es una representación de lo que fue la Última Cena en tono burlesco y en un evento donde el espíritu es unir.
AF: No nos tenemos que quedar en el hecho, hay que bucear arqueológicamente qué está pasando para que eso en los juegos olímpicos haya sido apertura ¿me entendés? Sabés la cantidad de gente que tiene que haber estado pensándolo, ¿o tendremos que empezar a ver este tipo de cosas también en los próximos años?
GV: Yo digo que no. Bienvenido todo, pero no la falta de respeto. Porque si yo para mostrarte mi idea tengo que faltarle el respeto al pueblo judío...
AF: Si nos hubiésemos encontrado acá en 1935 hubiera sido una falta de respeto cómo nos saludamos recién. ¿no estará corriendo la época?
GV: Sí, pero acá lo que se interpreta hoy con ese gesto me parece que no es del todo amigable, especialmente para los que tenemos fe y para los que sabemos que la Última Cena fue el momento en que Jesús celebró la primera misa. La misa es de lo más sagrado que uno tiene como católico y que se haga una representación irónica, burlesca, de lo más sagrado que uno tiene en un evento que está llamado a unir y a unir lo diverso, lo distinto, las diferentes razas, países, religiones... Yo hubiera celebrado mucho más que Celine Dion después de su terrible enfermedad logró volverse a parar en un escenario y cantar frente a millones de personas.
AF: Mostrame tu mundo, ¿es un llamado el sacerdocio?, ¿es como si conectas con un Wi-Fi divino?, ¿es así, literalmente?
GV: Es un proceso. Para mí no es mágico. No lo podés contar hasta que lo vivís. Yo jugaba al rugby, tenía novia, a los 20 años ya había visitado 15 países, vestuario, boliches. No es que me crié en un entorno eclesiástico, puritano, todo lo contrario. Sin embargo sí recibí la fe desde pequeño, pero en casa de herrero, cuchillo de palo. De mis cuatro hermanos, el que menos pintaba para cura era yo, por lejos. Pero en un momento me pasó algo que es difícil de explicar. Es que sentí que tenía todo lo que podía hacerme feliz en esta vida. Todo: familia, deporte, me iba bien en el estudio, habíamos salido campeones con el Carrasco Polo pero a la vez me sentí vacío. "(Me pregunté) ¿La vida se trata solamente de esto?”, y empecé una búsqueda, una búsqueda sincera de decir: “tiene que haber algo más”. Y en esa búsqueda me parece que me fui para el otro lado.
AF: ¿Pero vos pisabas iglesias?
GV: Sí y no. Iba porque las chicas estaban buenas. Mi familia era católica, mi viejo estuvo en los toldos en Argentina con mamá, Toma Napache, iba a ser un monje. Son dos personas de mucha fe.
AF: ¿Y cómo se entra al seminario?
GV: Al seminario entrás porque otro cura te presenta. Tú empezás con algún cuestionamiento y eventualmente lo tenés que hablar con algún sacerdote. Un día le pregunté a un sacerdote, ¿dónde está Dios? Llega un punto que vos tenés que decir: “yo creo en esto, no creo en esto y estoy dispuesto a dar mi vida si creo en esto o si no creo en lo otro”. Y el cura me dijo: “lo que pasa es que vos sos un gordito autosuficiente”. En la medida en que estés lleno de tus seguridades, nunca va a haber lugar para Dios en tu corazón. No lo busques si estás lleno de vos. Y casi le doy una trompada, porque yo siempre fui medio bruto encima. No podía creer lo que me dijo y me lo cuestioné. Y es verdad, estaba lleno de mis seguridades. Y así fue que empecé a decir: “bueno, ¿Dios, dónde estás?” Y esa búsqueda para mí fue espectacular, fue un camino increíble que después lo intenté compartir con mis amigos. Yo escribí unos libritos y cuentan que hablan de Dios como un amigo, pero en esa búsqueda, en esa búsqueda, ¿dónde está?
Y ahí fui dejando mis seguridades. En ese momento de guacho mis seguridades eran familia, novia, plata, rugby. Me acuerdo que había regalado todas las pilchas de rugby de los equipos que había jugado, para mí era un trofeo, era un tesoro. Y ahí fue que me fui al Paiva, a una obra en el medio del campo, Salesiana, donde viven gurises, hijos de peones rurales, muy humildes, y estuve un año ahí viviendo y ahí me toqué con mi fondo más fondo. Me sentí vulnerable vamos a decir, porque estaba lejos de mi familia, lejos de mis amigos, mis amigos pensaban que me había vuelto loco porque había dejado de jugar al rugby un año para irme en una misión. Mi novia justo se había ido a Europa en un intercambio y decidimos tomarnos ese tiempo y hubo un antes y un después. En Paiva sentí que Dios me hablaba en mi idioma, me respondía en mi idioma. Y me devolvió más, mucho más de lo que yo le di en mi propio idioma.
AF: Mientras me contabas eso estaba pensando en las confesiones de San Agustín, esa conversión, viste, que estoy haciendo, que estoy algo de mi tiempo, no es lo que quiero y encuentro el verdadero camino. ¿Y qué es Dios para vos? La definición que a mí me gusta es la de Baruch Espinosa: “Dios es todo”. Hay un panteísmo, todo es Dios, es Dios tu ropa, es Dios la luz, es Dios la mosca que está volando, es Dios el rio de enfrente, es Dios Santa Eugenia, este piso es Dios. Todo es Dios, está en todos lados Dios.
GV: Sí, Dios está en todos lados. Yo creo que a Dios no lo podemos definir, pero lo más cercano es amor. Yo siento que donde hay amor, está Dios.
Yo lo vivo como un amigo, como una relación de amistad, de respeto obvio, lo vivo como un amigo del alma, pero con ese respeto y ese cariño de alguien que a mí me cambió la vida, y que le dio un sentido a mi vida, un por qué, un para qué. Yo nunca me imaginé ser cura. Y de hecho, cuando volví de esta experiencia misionera, todo empezó con un cuestionamiento que era: “si fuiste tan pleno y tan feliz, sin tus seguridades, entregando tu vida...”. Fui a enseñar matemática, física, no es que fui a enseñar catequesis o sea fui a compartir mi tiempo pero me encontré con ese Dios de que tanto me habían hablado, lo encontré presente en estos pibes.
AF: Te he escuchado en alguna entrevista y capturé algo que me pareció muy interesante para entrar ahí y es que vos decís, “ojo con el tema del celibato, es un entrenamiento”, Bueno, vos venís del deporte, eras júker, tenías que entrenar porque si no te pasaban por encima en un scrum, y el celibato es eso. Ser célibre también en algún punto es un entrenamiento, se ejercita.
GV: Sí. El mayor entrenamiento es la oración y si no estás bien con el Señor, es difícil. Y más en un mundo erotizado, en un mundo donde te van a vender un auto y viene con una chica y te van a vender un jabón y viene Mr. Músculo. En este mundo, el celibato es contracorriente. Hay gente que lo resuelve como muy básicamente, que es una opción por un tema práctico, y no, porque ahí tenés pastores evangélicos que llevan adelante sus iglesias con mucho esfuerzo, cariño e entrega y además tienen su familia.
AF: Me permito preguntarte esto porque sos una persona joven y además hiperactualizada, se plantea que las religiones protestantes le han ganado camino a la iglesia católica apostólica romana porque permiten otro tipo de cosas. Yo soy católico apostólico romano y vos sos sacerdote de mi religión, de nuestra religión. El pastor de religiones protestantes vive con su esposa, tiene hijos, etcétera. Es como que es más laxo, está más abierto, todo está más permitido. Y te van recortando camino, es difícil vivir esa vida en el mundo en el que vivimos. ¿Cuál es tu mirada al respecto?
GV: El cura, hablando en criollo como creemos nosotros, para mí es un regalo de Dios, es una vocación y si Dios te llama a esto, te va a dar las herramientas para esto y te va a dar todo lo que necesitas para esto.
AF: ¿Tenés amigos que se fueron siendo curas?
GV: Sí. Tenés amigos que se casaron y de pronto el matrimonio no funcionó y se separaron. El hecho de que fracase, entre comillas, un matrimonio o un sacerdote, en esa vocación, no significa que no pueda rehacer su vida y ser sumamente exitoso por otro camino. Creo que Dios, me gusta eso que decía Mamerto Benapace, que decía que de un bostazo de vaca también salen lindas flores. A veces Dios también de esas situaciones saca cosas increíbles.
AF: En Argentina el transporte de caudales más conocidos eran los camiones blindados de Juncadella. Y una vez me dijo un amigo multimillonario, que no le daba mucha importancia a la plata y jugábamos al tenis y todo el tiempo en el club le decían: “vos sos un boludo pero cómo no vivís la vida, estás acá jugando al tenis con nosotros un sábado a la tarde y podrías estar en tu yate” y el tipo tenía otro tipo de gustos, muy simple en su forma de vestir, la guita la entregaba fácilmente, ayudaba, muy especial. Y un día estábamos tomando un café y me dice: ”estoy podrido, todo el tiempo me están jodiendo, me están rompiendo las pelotas con lo mismo. No entienden algo, me dice, ¿vos viste en algún cortejo fúnebre al tipo rico que se muere con el camión de Juncadela atrás?”. En el primer auto van los deudos, atrás van los amigos, no hay camión de caudales. Conecto con eso con vos, porque sos una persona espiritual, vos has vivido y vivís dentro de la pobreza, pero quiero que entremos al concepto de riqueza y de pobreza pero de verdadera pobreza porque has estado en África también.
GV: Viví también en la riqueza. Viví seis años de mi vida en Carrasco y hace dos años que vivo en un asentamiento.
AF: Pero no se te nota que tengas un rechazo, o que te parezca que el rico sea malo.
GV: La experiencia que he tenido, es otra. Es ser testigo de la generosidad de gente que ha hecho posibles cosas increíbles con su plata.
AF: Por ejemplo, para vos ser rico ¿qué es?
GV: Bueno, ahí hay un concepto. Para mí ser rico es poder hacer todo lo que tú podés y querés hacer. Podés y querés hacer. La riqueza no pasa por el hecho de tener y tener y tener. Capaz que no es una definición muy buena. Para mí, quizás la riqueza esté en poder ser, en poder vivir, en poder tener. Porque vos fijate, tenés dos piernas, tenés dos brazos, estás acá respirando, si yo te dijera que te pagaría dos millones de dólares por tu pierna…
AF: No. Y yo frente a la incubadora cuando mi hijo estaba en terapia intensiva dije “todo lo que sea, mi carrera, el auto en el que vine, lo que sea lo que sea para que no estés un día más acá adentro”.
GV: Bueno, sos rico. Y yo vivo con mucha gente humilde, que vive en situación de precariedad y vive con una mayor aceptación.
AF: Recién estabas comiendo un chicle, y por ahí de donde vos venís mascar un chicle en una noche de lluvia, porque te lo he escuchado, es la diferencia entre que llueva dentro de tu rancho o no, porque mascas chicle y tapás un agujero.
GV: Cuando llegué a Santa Eugenia me impactaron dos cosas muy saladas, una es el corto plazo de proyección de las personas. Tú capaz que ya tenés previstas tus vacaciones en enero o en febrero y otro capaz que ya está viendo la reunión que va a tener el año que viene o la dentro de un mes y medio. Y acá es hoy y mañana. A mí me ha pasado mismo con tomar un remedio. Me pasó con una vecina que vino un día con un color de pelo violeta chillón, demasiado. Le comento que me encanta pero que el color era demasiado y me dice: “bueno, pero yo compré lo que decía ahí”. Me trae la caja y me muestra la foto y la foto era un color castaño muy bonito pero abajo tenía un papelito que decía color violeta. Y esa parte no la vio porque no sabe leer. Y cuando le decís que hay que tomar un remedio cada ocho horas, tampoco lo saben bien. Tampoco le podés decir que tome el remedio cuando come, porque muchas veces comen de noche, no de día.
AF: Una vez Margarita Barrientos me dijo "hambre es saber que no vas a comer, un dolor de estómago infernal".
GV: En Uruguay hoy no se pasa hambre. Porque gracias a Dios y a políticas de Estado, la gente puede acceder, pero ojo, igualmente hay desigualdad.
AF: ¿Pero vos ves gente que come una vez al día?
GV: Te digo más, ¿vos sabés lo que son las milanesas tres golpes?
AF: No.
GV: Ahora, cualquiera que haya estado en situación de calle que nos esté escuchando se está riendo. Es lo que le alegró el día después de haber hecho todas las volquetas, se encontró una milanesa que estaba con yerba, con arena, con lo que sea, y la milanesa tres golpes es la que la golpeas tres veces y te la mandás y es la más rica que comiste en el día. Acá en el uruguay hay mucha gente que sigue viviendo de las milanesas tres golpes, pero por ejemplo te vas a una realidad como la de Angola y no hay nada.
Y digo esto porque la peor forma de vivir, para mí, es la indiferencia, o peor, el estar ciegos a esta realidad. Porque por lo menos verlo te permite involucrarte para tratar de cambiarla o tratar de aportar algo. A mí me gusta eso que decía la madre Teresa de Calcuta de que capaz que lo que hacemos es una gota en el mar, no es nada. Pero el mar no sería mar si falta esa gota. He visto hambre de verdad.
AF: ¿Dónde estuviste en África?, ¿ahí viste hambre de verdad?
GV: Estuve en Angola. En Angola fui a visitar una misionera uruguaya fundadora de Cireneos que estaba en la capital de Angola y vi niños en un estado de desnutrición que acá en Uruguay no existe. Mismo cuando yo llegué de Angola, me encontré con vecinos del barrio que me vinieron a abrazar, y habían visto historias de instagram y me decían: “gordo, eso es pobreza en serio”.
Qué es la riqueza, qué es la pobreza, es todo relativo y para mí uno se tiene que sentir rico cuando tiene vida, cuando tiene salud y cuando tiene capacidad de hacer y transformar.
También creo que alguien es pobre cuando tiene y no es capaz de darse cuenta para qué tiene lo que tiene.
¿Para qué tenés este talento que tenés? ¿Para qué tenés este micrófono que tenés? ¿Para qué tenés estos morlacos que te ganaste, que llegaron o que los laburaste? ¿Para qué? Yo creo que la mayor pobreza no pasa por tener más o tener menos sino justamente por no descubrir lo que significa tener lo que tenés, comenzando por tener vida, por tener salud, por tener tu familia.
Somos tan afortunados que el valor que vos y yo tenemos y que cualquiera de los que nos está escuchando tiene es tan grande que no tiene precio ya veces le queremos poner precio a lo que somos y ahí somos unos pobres.
AF: Te despido con esto, ¿qué es Cireneos?
GV: Cireneos es una asociación civil que fundamos con un grupo de jóvenes en honor a Simón de Cirene. Simón de Cirene fue el que ayudó a Jesús a cargar con la cruz. Era un tipo que no seguía a Jesús, no era un seguidor, es más, algunos dicen que lo obligaron. Pero no pasó indiferente frente a la injusticia de ver a otro que estaba cargando con una cruz.
Entonces, el Cireneo quiere buscar ayudar a otros a cargar con su cruz. Y estamos en San Eugenia, estamos en Ramblas de Costanera, estamos en Humberto Pica, que es en Melo, estamos en el Roberto Mariano, en San José.
Estamos en cuatro barrios diferentes buscando con nuestro granito de arena poder ayudar a otros a cargar con su cruz. Y bueno, el sueño es grande. Ya te dije, en 10 años volvé y vamos a ver cómo sigue la cosa.
AF: Te voy a despedir con la última. Pensame la respuesta. Me contaste de África, me contaste incluso también lo que pasa en este lugar de América. Contextualicemos, de un lado un chico muerto de hambre, un chico tiene la panza hinchada, y vos sabés que hay fortunas de billones. A mí también me alcanzaría para decir que voy a enviar a tu amiga en África una parte de lo que yo gano, de lo que yo tengo para salvar tres vidas. Pero en el revoleo o cuando todo se pone en funcionamiento, no se llega a la quinta marcha. Metés primera, segunda, tercera, cuarta, pero no aceleras a ese punto. Entonces mi pregunta para que cierres con esto, vos como sacerdote, como un tipo de 35 años que vive con los pobres y que ayuda y que carga la cruz o ayuda a cargar la cruz de los demás. ¿Es un problema del sistema o es un problema humano? Al sistema, evidentemente todavía no se le ha encontrado una vuelta. El sistema capitalista tiene muy ricos y muy pobres, el sistema socialista comunista tampoco ha funcionado y esos han sido los dos grandes sistemas en los que hemos vivido por lo menos en la modernidad. ¿Es el sistema que falla o es una cuestión humana de la acumulación por acumular y no ver lo que tengo al lado?
GV: Yo creo que hay un poco de las dos. En cuanto al sistema hay una burocracia que a veces no nos permite llegar al fin. Entonces creo que hay un tema del sistema más allá de la línea que está en el medio. La burocracia que manejamos y que también es parte del sistema, es una traba para llegar al fin y termina desgastándose mucho en el medio y traba la maquinaria.
Por otro lado para mí hay un tema humano ni que hablar, pero ahí me voy a una palabra que es la confianza. Creo que todos tenemos que hacerme mea culpa, y la iglesia también. Creo que la falta de confianza ha llevado a que mucha gente que quiere y puede colaborar, cuando no confía, no lo hace. Es verdad que después uno puede decir, a ver, ¿qué medios más pongo yo para lograr generar confianza con esto o con lo otro? Yo acá en Uruguay, conozco mucha gente que gracias, yo digo gracias a Dios porque es así, colaboran con muchas realidades y hacen posible muchas realidades. Obviamente no siempre es suficiente y siempre se puede más. Es una cuestión de confianza. Pero yo creo que aquel que tiene y de verdad tiene, cuando confía y ve que las cosas salen, pone y ayuda.
AF: Ha sido un hermoso viaje, hermano mío.
GV: Gracias a vos y quiero terminar con algo que me gustaría compartir que tiene que ver con lo que valemos. Parece que había un pibe que se sentía perdido en la vida y había perdido el por qué, el para qué y fue a hablar con un cura y el cura le dice: “vení, yo te recibo". Pero antes sacó el anillo y le dijo, "toma, anda y vende el anillo y no lo vendas por menos de una moneda de oro” Y allá fue el pibe por todos lados por la plaza, por el parque, por la feria, vendiendo el anillo, nadie le pagaba una moneda de oro, llegó y le dice "nadie lo compra". Y el cura le sugirió ir al joyero que le dijo que el anillo valía 10 monedas de oro. Y el cura le dice, “este anillo sos vos, que vas por la vida buscando ver cuánto vales, por la feria, por el parque, por los likes, y no te das cuenta que tu verdadero valor lo conoce y lo sabe aquel que te creó”. Entonces, cuando uno descubre su valor en la vida, lo que es capaz de hacer, lo que puede hacer, descubrió su mayor riqueza, porque entonces se larga a vivir la vida como hay que vivirla, dejando todo sin guardarse nada y creo que ese es un verdadero protagonista de la vida.
AF: Gracias, entendiste todo hermano.
GV: Y hasta el cielo no paramos.