17 de junio de 2026 8:17 hs

Mientras miles de familias uruguayas conviven con el impacto silencioso del Alzheimer, un grupo de científicos del Centro Uruguayo de Imagenología Molecular (Cudim), el Hospital de Clínicas y la Universidad de la República acaba de alcanzar un hito que hasta hace pocos años parecía reservado para los grandes centros de investigación del mundo.

Por primera vez, un radiofármaco desarrollado íntegramente en Uruguay comenzará a probarse en seres humanos con el objetivo de detectar procesos biológicos asociados a enfermedades neurodegenerativas en etapas tempranas.

La autorización fue otorgada recientemente a un protocolo presentado por los investigadores Andrés Damián, Rodolfo Ferrando, Ana Kmaid, Ingrid Kreimerman y Eduardo Savio, y habilita el inicio de la primera evaluación clínica del compuesto (denominado en Uruguay [18F]-sulforrodamina 101).

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Se trata de una herramienta diseñada para visualizar mediante tomografía por emisión de positrones (PET) fenómenos inflamatorios que ocurren en el cerebro y que hoy son considerados una pieza clave para comprender la progresión del Alzheimer.

"Podría ofrecer una nueva forma de observar procesos biológicos que ocurren muy tempranamente en la enfermedad, incluso antes de que aparezcan síntomas severos", explicó a El Observador el director general de Cudim, Alarico Rodríguez.

La relevancia del avance va más allá del laboratorio. Si los resultados acompañan, podría abrir una nueva puerta para comprender mejor cómo se desarrolla la enfermedad y mejorar las posibilidades de diagnóstico temprano.

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El paso más difícil: llegar a las pruebas en humanos

Hasta ahora, el radiofármaco había mostrado resultados prometedores en estudios celulares, investigaciones de laboratorio y modelos animales. La aprobación obtenida permite ingresar en una etapa decisiva: la evaluación clínica en personas.

En una primera instancia participarán voluntarios sanos, lo que permitirá determinar cómo se comporta el trazador en condiciones normales. Posteriormente se incorporarán pacientes con deterioro cognitivo leve y personas que atraviesan distintas etapas de Alzheimer.

"El principal objetivo es confirmar la seguridad de la sustancia y conocer cómo se distribuye en el organismo", explicó Rodríguez.

Los investigadores buscan responder preguntas fundamentales antes de avanzar hacia aplicaciones más amplias: si el compuesto es seguro, cómo circula por el cuerpo y si realmente logra identificar los cambios asociados a la inflamación cerebral.

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Para quienes no están familiarizados con la medicina nuclear, el concepto puede sonar complejo. "Un radiofármaco es un medicamento o trazador que contiene una pequeña cantidad de material radioactivo", resumió Rodríguez.

En este caso, el compuesto fue diseñado para unirse a los astrocitos, células del cerebro que participan activamente en los procesos inflamatorios asociados a enfermedades neurodegenerativas.

Una vez administrado, el radiofármaco emite positrones que son detectados por las cámaras PET y transformados en imágenes capaces de mostrar fenómenos biológicos invisibles para otras técnicas diagnósticas.

La expectativa de los investigadores es confirmar en humanos lo que ya observaron en la fase preclínica: que el trazador puede identificar procesos inflamatorios asociados a estas células y aportar información relevante sobre la evolución de la enfermedad.

Un proyecto que llevó años de trabajo científico

La autorización obtenida en 2026 es el resultado de un camino mucho más largo. El radiofármaco nació como parte de una tesis doctoral desarrollada en Cudim por la investigadora Ingrid Kreimerman.

Luego llegaron años de investigación en laboratorio, estudios en cultivos celulares, pruebas en modelos animales de Alzheimer, análisis toxicológicos, estudios de dosimetría y múltiples evaluaciones de seguridad. También participaron proyectos financiados por la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII), que permitieron confirmar que el compuesto presenta una captación específica en los astrocitos.

Toda esa evidencia científica fue la base que permitió solicitar y obtener la aprobación para iniciar la evaluación clínica en seres humanos.

Rodríguez reconoce que estos procesos suelen ser largos. "No es sencillo establecer tiempos generales. Se trata habitualmente de procesos extensos", señaló. Además de la investigación científica, intervienen factores como la financiación, las aprobaciones regulatorias y la incorporación de voluntarios bajo criterios extremadamente rigurosos.

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Para Rodríguez, la ciencia solo tiene sentido si logra responder problemas concretos de la sociedad. "Para que una investigación se transforme en innovación, tiene que mejorar la calidad de vida de las personas", afirmó.

Según explicó, cada proyecto debe superar tres filtros: ser técnicamente realizable, responder a una necesidad real de la población y tener posibilidades de convertirse en una solución accesible y sostenible en el tiempo.

El proceso comienza analizando datos epidemiológicos, indicadores de salud pública y necesidades detectadas por pacientes y profesionales. "Para comprobar si una necesidad percibida constituye una necesidad real e insatisfecha de salud se deben analizar tres dimensiones", sostuvo. Entre ellas mencionó la existencia de un problema que afecte la salud o el bienestar de las personas, que exista una demanda asistencial y que las soluciones disponibles sean insuficientes o inexistentes.

Los otros 40 proyectos que buscan cambiar la medicina

El estudio sobre Alzheimer es apenas una parte de una estructura científica mucho más amplia. Actualmente Cudim desarrolla más de 40 proyectos de investigación vinculados a neurociencias, enfermedades neurodegenerativas, medicina nuclear, imagenología molecular, radiofármacos, infecciones, procesos inflamatorios e investigación preclínica.

Entre las áreas con mayor potencial de crecimiento, Rodríguez destaca la teragnosis, una estrategia que combina diagnóstico y tratamiento personalizado del cáncer.

"Permite integrar el diagnóstico y tratamiento del cáncer de forma personalizada, generando un impacto significativo en el avance de la medicina de precisión y en la mejora de la calidad de vida de los pacientes", explicó.

Algunas de esas investigaciones ya dejaron de ser proyectos para convertirse en herramientas concretas utilizadas en pacientes. Uno de los ejemplos más claros es la teragnosis aplicada a tumores neuroendocrinos y al cáncer de próstata avanzado o metastásico.

El procedimiento combina dos etapas complementarias. Primero se administra un radiofármaco que identifica y localiza las células tumorales mediante estudios PET-CT y luego, utilizando esa misma información, se aplica otro radiofármaco que transporta radiación directamente hacia las células cancerosas para destruirlas.

Hoy estos tratamientos son utilizados tanto por pacientes uruguayos como por personas provenientes del exterior que llegan al país para acceder a esta tecnología.

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Detrás de estos desarrollos existe una infraestructura poco habitual para la región. Cudim cuenta con cámaras PET/MRI, equipos SPECT/CT, laboratorios biomédicos especializados y un bioterio de alta complejidad que permiten realizar investigación preclínica avanzada.

Según Rodríguez, esta plataforma no tiene equivalente en América Latina y permite acelerar el pasaje desde los descubrimientos científicos hacia aplicaciones concretas para los pacientes.

"Se favorece el pasaje del conocimiento científico hacia aplicaciones concretas con impacto potencial en el diagnóstico y tratamiento de enfermedades", explicó.

Del laboratorio a la vida cotidiana

Para Rodríguez, muchas veces la investigación científica parece lejana para la población, aunque sus resultados terminan formando parte de la vida cotidiana. "Muchos de estos desarrollos ya están generando beneficios concretos, especialmente en el diagnóstico temprano y preciso de enfermedades", afirmó.

Detectar una enfermedad antes, comprender mejor su evolución o identificar con precisión un tumor son avances que pueden modificar radicalmente el pronóstico de una persona. "Detectar una enfermedad de manera oportuna y con mayor precisión permite definir tratamientos más adecuados, mejorar el pronóstico y, en muchos casos, aumentar significativamente la calidad de vida de las personas", sostuvo.

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El Alzheimer es la forma más común de demencia, que concentra cerca del 70% de los casos, según cifras de la Organización Mundial de la Salud.
El Alzheimer es la forma más común de demencia, que concentra cerca del 70% de los casos, según cifras de la Organización Mundial de la Salud.

A modo de ejemplo sobre el impacto que puede tener la investigación científica en la vida de la gente, Rodríguez recuerda cuál considera el desarrollo más transformador de la historia moderna.

"En mi opinión, la investigación científica con mayor impacto en la vida cotidiana de las personas fue la invención de los antibióticos", afirmó.

El nuevo estudio sobre Alzheimer todavía tiene un largo camino por delante. Pero para los investigadores que trabajan detrás de él, representa algo más que un experimento científico: la posibilidad de que Uruguay contribuya a cambiar la forma en que se detecta y comprende una de las enfermedades más devastadoras del siglo XXI.

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