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Lacalle Pou, los libros y el Twitter: el presidente que inaugura un nuevo paradigma de liderazgo

La última entrega de Presidentes e intelectuales: las mentes que marcaron a los mayores líderes uruguayos

30 de diciembre 2023 - 5:00hs

Padre de Luis, Violeta y Manuel. Presidente de la República Oriental del Uruguay para el período 2020-2025.

Así se describe el propio Luis Lacalle Pou en su perfil de X (ex Twitter), el primer presidente, como tal, en hacer uso de esta red social y en sumergirse en ese mundo que hizo posible internet. De hecho, la última plataforma a la que se unió fue Threads el 5 de setiembre de este año, mientras que ha hecho uso permanente de sus cuentas de Facebook e Instagram.

Tanto los expresidentes Julio María Sanguinetti, Luis Alberto Lacalle Herrera —su padre— y José Mujica, y hasta intelectuales y analistas consultados por El Observaror coinciden en que el actual presidente encarna un cambio de paradigma de liderazgo desde la vuelta a la democracia en 1985.

Ya sea por ser hijo de los nuevos tiempos, por una decisión deliberada o una combinación de estos factores, la utilización de las redes sociales por parte de Lacalle Pou, en su investidura, es uno de las razones que, en buena medida, explica este cambio de modelo presidencial.

“Si tuviera que cuantificar, diría entre bastante y mucho”, responde el académico Javier Mazza ante la pregunta sobre cuán relevante es hoy por hoy para un presidente o para un líder político manejar Twitter en un país como Uruguay. Mazza es docente y director del Departamento de Humanidades y Comunicación de la Universidad Católica del Uruguay (UCU).

“Twitter (y las redes en general, pero sobre todo Twitter) fue la plataforma que quizás tuvo más eco en el mundo político; le fue funcional y marcó un antes y un después en el relacionamiento con el público”, explica Mazza. El filósofo y magíster en Comunicación que ha estudiado Twitter y su potencial en la narrativa sugiere que esta situación se debe a que la red social les permitió a los políticos saltarse la barrera del filtro o negociación que antes tenían que hacer con los medios tradicionales para poder comunicar.

Pese a que alrededor del 10% de los uruguayos se encuentra en Twitter, el uso de esta plataforma por parte de los políticos —y en particular del presidente— termina siendo relevante para la esfera pública por la repercusión que logran tener estos mensajes por la cobertura que los medios tradicionales locales hacen de ellos (además de la repercusión que estos comunicados logran dentro de la plataforma en sí).

Usar Twitter siendo opositor, usar Twitter siendo presidente

Mathias Olivera Luis Lacalle Pou recibe una medalla que entregó su bisabuelo, Luis Alberto de Herrera en 1922; 23 de agosto de 2019

Por otra parte, cabe destacar que el uso que Lacalle Pou le ha dado a Twitter ha cambiado con el tiempo, pero no deja de ser permanente como político en sus diferentes formas.

Condolencias por los fallecimientos de Jorge Larrañaga en mayo de 2021 y por el de Danilo Astori un año y medio después. Logros de la gestión actual, obras inauguradas, conmemoración de fiestas patrias. Vuelos oficiales a China y Estados Unidos. Fotos de discursos que luego pronunciaría ante la Asamblea General, como cada marzo. Mensajes de aliento por la pandemia que desató el coronavirus. Felicitaciones a sus nuevos homólogos. Lo más osado: el respaldo a Robert Silva por sus enfrentamientos con los sindicalistas por la llamada reforma educativa.

Estos son los mensajes —bajo el estilo de eslogan— que se encuentran en la cuenta oficial de Twitter del presidente de la República, Luis Lacalle Pou, desde que asumió este cargo el 1º de marzo de 2020. No es la cuenta institucional de presidencia (@ComunicaciónPresidencial), que emite sus propias publicaciones. Y su contenido es marcadamente diferente al que se publicaba antes de 2020.

“5 años más de @Frente_Amplio con más impuestos, más desempleo, más inseguridad, más déficit, más deuda, más cierre de empresas, más despilfarro, peor educación, menos productores rurales, más asentamientos, defendiendo dictaduras?”, escribía Lacalle Pou antes de asumir en respuesta al, entonces, candidato por la actual oposición, Daniel Martínez.

Para Mazza, el uso que Lacalle Pou le da a sus redes, y particularmente a su cuenta de Twitter, no es sustancial para su gestión, en el sentido de que no marca agenda a través de esta plataforma como medio de comunicación. Como presidente, su uso de su cuenta de Twitter es más bien de carácter “institucional”. Además, cada vez que el presidente necesita transmitir algo de importancia “utiliza otros dispositivos de comunicación: sobre todo, la conferencia de prensa”, indica Mazza. “El presidente sabe que es bueno comunicando de forma directa, cara a cara” y utiliza esta herramienta, incluso, para enfrentar situaciones complejas, agrega el experto.

Y ejemplifica: durante su viaje a Estados Unidos, en uno de los momentos más álgidos del caso del narcotraficante fugado Sebastián Marset en el que luego renunciarían el entonces ministro del Interior, Luis Alberto Heber, el viceministro de esa misma cartera, Guillermo Maciel, y el canciller Francisco Bustillo, Lacalle Pou “no habló hasta llegar a Uruguay a través de la conferencia de presa, pese a su cansancio”, aporta Mazza. El presidente no escogió su cuenta de Twitter para expresarse inmediatamente sobre aquella situación, pese a ser “una herramienta que tenía al alcance de su mano”, explica el experto.

Aunque a ese nuevo paradigma de liderazgo presidencial, Lacalle Pou mantiene un rasgo que han sabido tener todos los presidentes uruguayos —al menos desde la última dictadura—: “es un buen orador”. Ese ejercicio del manejo de la retórica, en sus diferentes estilos según los distintos presidentes, es una característica de los mandatarios uruguayos, que han construido su carrera política en un país con las bases democráticas firmes, como lo es el Uruguay, donde el debate cotidiano del país está imbricado con el político, concluye Mazza. Este patrón se ve claramente en Lacalle Pou, pese a ser un político que no venga de los diarios —como Sanguinetti y Jorge Batlle que forjaron su trayectoria en Acción— y, en menor medida, su padre, Lacalle Herrera.

El intelectual pilar en la carrera de Lacalle Pou

Pablo da Silveira, doctor en Filosofía por la Universidad de Lovaina (Bélgica), catedrático, investigador y escritor, asumió como ministro de Educación y Cultura en la mañana del 2 de marzo de 2020. En la ceremonia, que tuvo lugar en el Museo de Artes Decorativas Palacio Taranco, se encontraba el entonces flamante presidente de la República, Lacalle Pou. Esta asunción ministerial fue a la única a la que asistió el primer mandatario.

Da Silveira es una de las figuras más relevantes durante la trayectoria política del actual presidente. El vínculo entre los dos comenzó en 2013, cuando Lacalle Pou decidió participar en las elecciones internas del año siguiente.

Durante aquellas charlas hablaban “de todo: de historia, de ideas políticas, no eran charlas que se refieren necesariamente a la coyuntura y ahí se fue estrechando el vínculo”, narra el ministro.

Inés Guimaraens Pablo da Silveira y Luis Lacalle Pou en la inaguración del Liceo n°69 en Casavalle el 18 de octubre de 2023

Y fue durante aquellas charlas que Lacalle Pou le propuso a da Silveira articular a los técnicos y figuras que confían en el incipiente líder blanco.

—Bueno, me largo, quiero que estés a cargo del programa —le dijo Lacalle en un almuerzo antes de hacer pública su primera precandidatura.

—Ay no, Luis, eso lo he visto, es una cosa muy engorrosa. No es un trabajo que me atraiga. Vienen propuestas de todos lados y es difícil decirle que no a alguna —respondió da Silveira.

—Justamente porque no quiero que sea así, te pido que estés al frente para que lo manejemos de otro modo —replicó el político, que entonces tenía unos 40 años.

Así lo recuerda el actual ministro de Educación y Cultura en diálogo con El Observador. En aquel entonces, comenzó un recorrido con la estructuración del eventual programa del gobierno, en el que se llegó a consultar a “cientos de técnicos” de diversas áreas, declaró da Silveira. Si bien Lacalle Pou ganó la interna del Partido Nacional en aquel momento, perdió en el balotaje contra el frenteamplista Tabaré Vázquez. Pero el vínculo continuó y reeditaron la experiencia para las elecciones de 2019, en la que Lacalle Pou resultó ser el presidente electo para el período 2020-2025.

Da Silveira recordó la imagen que proyectaba Lacalle Pou hace diez años, antes de constituirse como una nítida figura presidencial: “Había una actitud más bien de menosprecio hacia la figura de Lacalle Pou. Era el hijo del expresidente de la República, muy joven, ‘nene bien', surfista, de alguien que no iba a ningún lado”.

Sin embargo, al ser consultado sobre cómo, con esa imagen, decidió apoyar al diputado por Canelones siendo que nunca había integrado ningún cuadro político partidario, más allá de mostrarse como simpatizante del Partido Nacional: “Creo que lo vi. Me di cuenta de que era un distinto, me di cuenta de que ahí había un cambio respecto de las maneras tradicionales de hacer política, de las maneras tradicionales de ejercer liderazgo político y sentí que valía la pena sumarse”, expresó.

“Creo que si algún mérito personal tuve en toda esta historia es darme cuenta muy temprano de que ahí estaba naciendo una cosa nueva, distinta, muy innovadora, que encarnaba maneras de hacer políticas propias del siglo XXI”, agregó el experto en Filosofía.

Este cambio de paradigma en el liderazgo político, para da Silveira, no solo se explica por el pragmatismo con el que se maneja Lacalle Pou en su gestión, sino también por capacidad de trabajar en equipo, “por su inteligencia colectiva” y su innovación.

Para el ministro de Educación, en aquel entonces lo que generó el diputado blanco fue algo similar a lo que socialmente provocó el estadounidense John Kennedy, cuando se postuló al senado, banca a la que accedió en 1953, previo a convertirse en el 35° presidente de Estados Unidos.

A mediados del siglo XX, Kennedy supo persuadir al economista consagrado mundialmente John Kenneth Galbrait, para que integrara la administración del joven presidente estadounidense. Le preguntaron al economista: “¿Cómo es que usted, un intelectual consagrado a nivel mundial, uno de los economistas más influyentes, un hombre con una larga trayectoria, está asesorando a este chiquilín?”.

“Y Galbraith dio una respuesta muy interesante —evoca da Silveira—: ‘el señor Kennedy es una persona capaz de agotar a un hombre solo con escucharlo. Es tal la concentración, tal la intensidad, tal la capacidad de absorber lo esencial de lo que se está diciendo, que es capaz de dejar agotado al que le habla sin abrir la boca”.

“Siempre asocié esa frase con Luis, es así, es un tipo que te clava los ojos, se concentra, te da cuenta de que está absorbiendo todo y después de escuchar un ratito, hace tres preguntas y todas van al hueso. Te das cuenta de que entendió el problema y que sabe dónde están las dificultades y sabe qué es lo que hay que aclarar”, describió Da Silveira a Lacalle Pou.

La mirada de un intelectual blanco referente de Lacalle Herrera sobre Lacalle Pou

Por su parte, el exministro de Economía y Finanzas durante el gobierno de Lacalle Herrera (1992-1995) y dos veces senador (electo en 1989 y 1995), Ignacio de Posadas, también advierte un cambio de perfil de liderazgo en Lacalle Pou. “Hay una generación distinta. Hay un cambio generacional más allá de blanco, colorado… La generación de él no es una generación intelectual, es una cosa muchísimo más instrumental. Ahí hay una diferencia muy grande”, señala De Posadas.

El abogado, que también ha realizado estudios sobre Economía y Filosofía, sostiene que “ninguno de los precandidatos de ningún partido que está en la vuelta tenga un perfil intelectual, superreflexivo, gran lector, amplios horizontes. No Orsi, no Cosse, no Delgado, no Laura Raffo, no Robert Silva”, agregó el también escritor.

Según De Posadas, “padre (Lacalle Herrera) e hijo (Lacalle Pou) son personalidades muy distintas en muchas cosas. El hijo no es un lector. No creo que tenga la profundidad del padre en su visión y en su pensamiento. No sé el espectro de su agenda como candidato, qué tan amplio y qué tan intenso era, porque se le destronó enseguida con el tema de la pandemia y demás”.

Para el blanco —hoy alejado de la arena política—, el hecho de que los políticos —incluso por los propios cambios de los tiempos— hayan pasado de escribir en diarios, donde estampaban sus ideas y posiciones sobre las diferentes cuestiones, a las redes sociales como X explica, en buena medida, la pérdida de reflexión en la política actual.

“Siempre está el riesgo de que de viejo te ponés así, ¿no?: ‘Todo tiempo pasado fue mejor’. Pero hoy no hay políticos que te dejen pensando. Y mismo a nivel de la sociedad civil, uno mira pensadores de peso en este momento en el Uruguay…”, argumenta De Posadas.

Inés Guimaraens Acto de cierre del año y de respaldo al liderazgo del candidato Luis Lacalle Pou de la Lista 71 con su padre Luis Alberto Lacalle en diciembre de 2014

Twitter, una de las herramientas de comunicación que utiliza el actual presidente, “es una cosa que es mucho más cortita y al pie (respecto a los medios gráficos donde antes se movían los políticos). Sanguinetti era periodista, escribía. Jorge (Batlle), un poco menos, Lacalle, un poco menos, pero eran tipos que estaban en esa. En mi casa, que no creo que fuera demasiado excepcional, se recibían cuatro, cinco, diarios de mañana y tres o cuatro de tarde. Se recibía El Día para ver qué opinaba el viejo Batlle. Se recibía El Debate a ver qué opinaba Herrera. Acción, a ver qué decía Luis Batlle. El Bien Público, que estaba más o menos vinculado a la Iglesia. Eso se perdió absolutamente. Y la izquierda que tenía toda esa generación, (Carlos) Quijano, (Arturo) Ardao, todos esos, no la tiene más. No hay ningún pensador de izquierda hoy que tenga peso”.

Lacalle Pou como “lógica comunicacional”

En este sentido, el historiador y analista político Gerardo Caetano coincide con De Posadas: “Lacalle Pou no es culto en cuanto a lecturas, es una nueva generación. Lacalle Pou es Whatsapp, es lógica comunicacional, tiene otra manera”.

Para el catedrático y divulgador, el actual presidente está lejos de ser un lector como el padre —que tiene “un inglés refinado” y vastas lecturas, en literatura e historia, sobre todo— y más lejos aún de su bisabuelo, Luis Alberto de Herrera, un político, periodista e intelectual, que llegó a publicar casi una treintena de obras.

Sin embargo, reconoce que “Lacalle Pou es mucho más ágil, mucho más rápido” que su padre. “Tiene una aprehensión que no es la aprehensión de la lectura, porque la lectura implica otro ritmo”, sostiene el divulgador.

Para Caetano, Lacalle Pou (de 50 años) representa un “marcadísimo cambio generacional”, que explica, en buena medida, su cambio de liderazgo respecto a los expresidentes (todos nacidos hace más de 80 años): Sanguinetti, Lacalle Herrera, Batlle, Mujica y Vázquez. Pese que este último tampoco era demasiado lector en comparación con los mandatarios anteriores, puntualiza Caetano. El salto generacional en los liderazgos políticos uruguayos provoca que el salto en los aspectos comunicativos sean más visibles, agrega el catedrático de la Facultad de Ciencias Sociales de la Udelar.

El cambio de los tiempos explica, además, para Caetano, la relación que los líderes políticos uruguayos mantenían o mantienen con los diferentes públicos, vínculo atravesado por la evolución natural de los medios de comunicación (desde la prensa gráfica hasta Twitter, y de la convivencia de todos ellos).

La voz a los imbéciles

Para el dos veces presidente Julio María Sanguinetti (1985-1990; 1995-2000), los políticos de su generación como Luis Lacalle Herrera y Jorge Batlle son líderes propios de la “mesocracia batllista”, de épocas en que la visión del líder político en Uruguay contaba con una profunda cultura general, con una visión histórica que les permitía posicionarse en la esfera pública para “opinar un poco de todas las casas”. Al mismo tiempo, el primer presidente después de la última dictadura militar (1973-1985) cree que José Mujica es un “inclasificable, un pensador popular al estilo Martín Fierro”, y Tabaré Vázquez, un político que, como médico, “el pragmatismo” lo definía bien.

No obstante —y más allá de los perfiles políticos de cada uno—, Sanguinetti cree que a Lacalle Pou también le queda la etiqueta del pragmático para definir su liderazgo presidencial. Pero, a diferencia de Vázquez, que ese rasgo lo explicaba la profesión de médico, es el cambio de los tiempos el que explica el pragmatismo que define a Lacalle Pou.

Presidencia Luis Lacalle Pou y Ricardo Pascale en celebración por el 15.° aniversario del Instituto Pasteur de Montevideo el martes 21 de diciembre de 2021

“Lacalle Pou también es fundamentalmente un presidente ejecutivo que representa a una generación. Una generación, digamos, más propia de estos tiempos, marcada por el dinamismo, la eficacia, la claridad, la frontalidad en los temas”, señala el expresidente. En ese liderazgo “hay menos retórica (que en los de antes)”, porque presentan una “una capacidad de comunicación distinta”, remata.

Al mismo tiempo, reconoce que es en esa modalidad de comunicación más frontal y sin demasiados ornamentos en la que Twitter, como plataforma de comunicación, calza muy bien. Sin embargo, la visión sobre esta red social que tiene Sanguinetti se ajusta a la del semiólogo italiano Umberto Eco, que, incluso, emula una de sus frases para expresar su posición ante las redes sociales: “le dan voz a los imbéciles del mismo modo que se le dan voz a un premio Nobel”.

“Twitter es una de las cosas que más daño le ha hecho a la política”, sostiene Sanguinetti, quien, si bien tiene una cuenta de Twitter, claramente, no es el medio predilecto para comunicar desde la perspectiva de un político que se forjó en la prensa gráfica y buscó transmitir ideas a través de varios libros escritos.

Asimismo, Sanguinetti advierte que este fenómeno que comienza en Twitter es potenciado por los medios tradicionales: “Los medios periodísticos han cometido el error de darle status al Twitter”, reflexiona.

Además, para el expresidente, los nuevos medios de comunicación se deben seguir de cerca por el daño que le pueden causar a la democracia, y ejemplifica: “Miremos lo que sucedió con Donald Trump, que gobernó a través de Twitter: degradó a la política y degradó a Twitter”.

Mi hijo es “más inteligente que yo”

Para el expresidente Lacalle Herrera (1990-1995), a la hora de pensar en el estilo de liderazgo presidencial que refleja su hijo, Lacalle Pou, no solo se debe tener en cuenta el cambio de los tiempos como tal, sino el cambio de coyuntura política.

“La forma de elección entre los que fuimos electos en 1984, 1989 y 1994 era con Ley de Lemas: partidos contra partidos. En 1999, con Batlle, empieza la segunda vuelta, lo cual implica que antes los presidentes eran muy minoritarios en cuanto a su apoyo. Sanguinetti y yo fuimos presidentes con el apoyo directo, directo, del 20/25% de los votantes”, explica.

“Lacalle Pou ha sido electo en el régimen de segunda vuelta con un muy inteligente manejo de la coalición previa, que fue creo que lo que le dio la ventaja. Entonces tiene que tener un sentido partidario —pero no de lucha partidaria en la antigua lógica de partidos contra partidos de la Ley de Lemas—, porque aspira a lograr que varios partidos acompañen” su liderazgo, agrega el expresidente.

Foto: Leonardo Carreño. Luis Alberto Lacalle Herrera y Luis Lacalle Pou en el parlamenteo el pasado 1º de marzo de 2023 cuando el nacionalista Sebastián Andújar asumió como presidente de la Cámara de Diputados

Y a esta coyuntura se le agrega el cambio de los tiempos: hasta el momento, los expresidentes uruguayos “somos hijos del siglo XX, que pasamos por el XXI, pero estamos matizados básicamente por el siglo XX”, justifica. Y esa diferencia “se ve” entre los expresidentes y Lacalle Pou. La evolución tecnológica también ayuda a explicar estos cambios en los rasgos de los liderazgos: “Antes, cuando fui presidente, no había celulares móviles y el internet era el fax; ahora, están las redes. La historia tiene un avance cronológico, pero esta avance tiene más velocidad en la tecnología”.

“Entonces, el cambio cualitativo entre el '89 y ahora el '90 respecto en la actualidad es tremendo y eso se traslada a los políticos”, dice Lacalle Herrera, quien utiliza a los libros para ejemplificar: “Seguramente van a haber menos libros y más ensayos cortos —aunque creo que los libros no deben desaparecer—”. Para el expresidente, es inevitable pensar que se va hacia una lógica de lecturas más cortas y que la política, como expresión de sus nuevos tiempos, también registra ese cambio. “Si bien la ficción por la lectura quizás no sea tanta como antes, en el libro uno puede exponer con largo aliento un pensamiento completo”, agrega.

Aunque Lacalle Herrera vive la presidencia de su hijo “con orgullo y preocupación”, no deja de reconocer: “Lacalle Pou es más inteligente que yo. Eso sí lo reconozco”. Y justifica su visión diciendo que su hijo que su hijo “ha hecho un ejercicio de la presidencia muy prudente, muy eficaz, muy sereno y muy patriótico, que para nosotros (los blancos) la palabra patria es muy importante”.

Para el expresidente —y aunque se resiste al hablar del tema—, las similitudes y diferencias entre los perfiles de liderazgo entre él y su hijo se explican por sus propios “perfiles” y por provenir de “diferentes épocas”.

La dicotomía libros-redes como simbolismo del cambio de los tiempos

El cambio de liderazgo en la figura presidencial uruguaya que encarna Lacalle Pou “se fue dando y capaz que el mundo que se viene es eso [por su estilo de comunicación y uso de Twitter]”, dice el expresidente frenteamplista José Mujica (2010-2015). Entre sus 16 y 20 años se pasaba cinco o seis horas diarias entre los anaqueles de la biblioteca de la Facultad de Humanidades y en la actualidad le ha “escapado al teléfono” por la voracidad que significa estar inserto en las tecnologías de comunicación.

“Sí, hay diferencias. Claro que hay diferencias”, remarca el expresidente sobre la concepción de las figuras que dirigen en la actual política nacional. “Pero también comprendo que estamos en otra época, que hay cambios que son sustantivos. Las nuevas generaciones viven totalmente metidas en el mundo digital. La mía no”, agrega el referente del Movimiento de Participación Popular (MPP).

Y en seguida el expresidente utiliza a los libros y a las redes sociales para marcar esa diferencia generacional: “A mí me saca del libro y me traés un problema. Y no se cambia a la mitad del río. A mí me gusta subrayar, escribir una boludez al costado y todo lo demás”

“Yo reconozco que la cuestión digital es maravillosa, para mí es maravillosa. Porque abre un horizonte de posibilidades brutales. Ahora como soy educado en otra época y en otra cosa, no lo practico como la practican”, reflexiona Mujica.

“Pero no es ni mejor ni peor. Es distinto —decide aclarar el expresidente—; además no podría usarlo porque me pudre; yo abdiqué del teléfono porque me preguntaban cualquier boludez. Y eso de que tenés un número reservado, todo mentira, eso enseguida se difunde”.

Apocalípticos e integrados
Lacalle Pou, el primer presidente uruguayo en utilizar las redes sociales de manera activa, encarna, en muchos aspectos, el cambio que los tiempos imprimen en las nuevas generaciones de políticos.
La red social Twitter, en particular, irrumpió en la escena política uruguaya y logró imbricarse con ella por la funcionalidad que le ofrece. Esta plataforma, como expresión de los avances tecnológicos de los tiempos actuales, logra marcar un nuevo paradigma respecto de la antigua generación de presidentes tradicionales: grandes lectores de libros, que solían escribir, por lo general, en diarios o semanarios y, así, ser protagonistas de los debates en la esfera pública.
Pasar de las columnas de opinión en tinta a los 280 caracteres de Twitter —o en algunos más si se emplea la herramienta del hilo que ofrece esta red social— es, de algún modo, volver a ver el debate sobre lo bueno o lo malo de los nuevos medios de comunicación. De cuán apocalíptico o funcional —en términos de la tesis expuesta por Eco en 1964— pueden llegar a ser las nuevas maneras de comunicar. Incluso cuando estas innovaciones hagan perder los filtros entre quien expone y los diferentes públicos.
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