8 de septiembre de 2026 17:09 hs

La última foto de las pruebas PISA que se les realizó a los estudiantes de 15 años posiciona a Uruguay como un rara avis. De 91 países o economías evaluadas solo tres mejoran sus resultados en ciencias aun cuando sus alumnos parecen distraerse en clase con los celulares y otros dispositivos digitales.

No es la norma. En Uruguay, de hecho, casi seis de cada 10 estudiantes reconocen que ellos y sus compañeros se dispersan con las plataformas digitales en la mayoría de clases de ciencias. Lidera el ranking. Sin embargo, en esta disciplina el país mejora su promedio (en casi 10 puntos porcentuales) y tiene cada vez menos alumnos en los niveles más bajos de desempeño. En los países más desarrollados, esos que nuclea la OCDE, no sucede: los puntajes vienen a la baja desde 2009.

Entonces viene la pregunta: ¿por qué? Todo parece apuntar “a la calidad de la integración tecnológica” en las aulas y cómo los docentes usan eso a favor.

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Casi la mitad de los alumnos de la OCDE (organismo que organiza las pruebas PISA además de reunir a buena parte de las economías más desarrolladas) están matriculados en centros educativos en que los teléfonos móviles están prohibidos en clase. En Uruguay solo el 14% asiste a liceos o UTU donde rige esta prohibición (la mayoría de ellos en colegios privados).

Japón es uno de los países más extremos: el uso del celular está prohibido en casi en todos los centros educativos (incluso para fines de educativos), y en muchas zonas se controla también el uso en el trayecto de ida y vuelta a las casas. Tanto es así que es el país en que sus estudiantes dicen usar menos la IA para estudiar. Y si bien tiene buenos desempeños en todas las disciplinas, es uno de los que más ha caído en ciencias (y también en lectura y matemática).

En Uruguay los estudiantes dicen usar el celular unas tres horas al día: la mitad de ese tiempo para estudiar y la otra mitad para ocio. Más de la mitad admite (53%) que usa chatbots para ayudarse en tareas educativas al menos una vez por semana. Y ahí yace una pregunta: ¿saben los estudiantes de 15 años formular buenas preguntas?

Esta es una de las hipótesis preliminares que están manejando los técnicos de PISA: cuando la tecnología se usa para mejorar el razonamiento y la construcción de preguntas (base de toda ciencia) eso podría ayudar a la mejoría de desempeños. Cuando se usa en exceso (en tiempo) o cuando no se usa nada (prohibicionismo absoluto), los alumnos quedan en offside.

En Singapur las autoridades educativas propusieron que la inteligencia artificial sea clave y que se enseñe a hacer buenas preguntas. Todavía no está medido el resultado, pero a priori su baja en los desempeños de ciencias no fue significativo.

En Uruguay uno de los datos que da más aliento respecto a la inteligencia artificial es que menos de un tercio lo usa para la escritura de textos. Son mayores los usos para iniciar una investigación, resúmenes o de apoyo al estudio sin sustituir la tarea como tal.

En esa línea, Uruguay está casi como el promedio de la OCDE entre los países cuyos estudiantes dicen tener un uso crítico, chequeo mediante, de los resultados que les arroja la inteligencia artificial generativa (casi la mitad de la población de esa edad).

Los colegios privados no hacen la diferencia, pero sí el contexto

Si la última foto de PISA da algunas señales de esperanza para Uruguay (mejora en los resultados promedio de ciencia y está estable en matemática), la película a largo plazo se acerca más al género del drama.

En matemáticas la tendencia a largo plazo es de caída, lo mismo en lectura. Entre el 40% y 60% de los estudiantes, según la disciplina, no alcanza los niveles mínimos. La parte positiva: eso se da en un marco en que la cobertura (cantidad de alumnos de esa edad estudiando) crece. La negativa: las brechas no ceden y los pobres son los más perjudicados.

Hay casi 100 puntos de distancia entre lo que logra en promedio un estudiante del 20% más pobre de la sociedad y lo que alcanza el 20% más rico. A mejor contexto, mejor desempeño como una escalera perfecta.

Lo mismo pasa entre quienes repitieron alguna vez (cursan con rezago) y quienes no: hay 78 puntos de diferencia en esa disciplina (la elegida como principal para estos primeros informes de las pruebas que se realizaron en 2025 y cuyos resultados se dieron a conocer este martes).

Por eso los de UTU obtienen peores resultados que los de liceos públicos, y estos últimos peores que privados. Pero, ¡cuidado! Ahí está pesando el contexto. Cuando se controla el nivel socioeconómico: los privados no hacen la diferencia. No es una novedad, sino una reafirmación de algo que PISA viene mostrando para Uruguay, uno de los países con menor autonomía de los centros educativos.

Atando cabos de PISA: la atención fugaz

El padre de PISA, Andreas Schleicher, explicó este martes que hay dos grandes explicaciones a por qué caen en el promedio mundial los desempeños (sobre todo en lectura). Hay baja de la lectura por placer en los adolescentes de 15 años y, a la vez, hay un aumento de la lectura en redes sociales al ritmo del scrolleo (acción de deslizar el dedo hacia arriba o hacia abajo por la pantalla de un teléfono).

Lo primero viene atado a un viejo concepto educativo: la motivación. Cuando existe placer, hay mejores resultados.

Lo segundo es un fenómeno más nuevo: los adolescentes leen pero de manera volátil, fugaz, sin profundidad. Esa falta de ir a fondo no permite entender la complejidad y aquello que es clave para el resto de disciplinas.

Como dice el director de Planificación de la ANEP, Andrés Peri, “la lectura es la madre de todas las batallas: sin ella no hay ciencia ni matemática”.

Los resultados de Uruguay son los esperables para su nivel de desarrollo humano y la inversión que hace por estudiante. Pero, ¿qué explica que se haya despegado un poco en ciencia? Más allá del posible uso extendido de tecnología pero mediada por los docentes (el 93% declara que los profesores intervienen al respecto), las adolescentes han mejorado su desempeño mucho más que los varones y eso hizo subir el promedio.

Sigue manteniéndose aquello de que ellas son mejores en lectura y ellos en matemáticas. Pero en ciencia la última prueba PISA da resultados casi empatados. Esa equidad todavía no tiene una explicación estudiada, solo hipótesis e incentivos para el espacio de la mujer en la ciencia.

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