Consultó por el cambio y desde la empresa le aseguraron que no había nada de qué preocuparse. "No, no, hice solo un cambio de nombre... Quedate tranquila que es todo lo mismo", le respondieron, según relató a El Observador.
Con el viaje pago, solo quedaba esperar la fecha de salida. Sin embargo, con el paso de los meses comenzaron las modificaciones del itinerario. Primero se descartó Dubái por el conflicto bélico en la región, una explicación que Andrea consideró razonable. Después le ofrecieron combinar Turquía con España, donde tiene familiares, pero finalmente también se eliminó ese destino. La propuesta quedó reducida a Turquía, aunque con la incorporación de un balneario que le resultaba atractivo. Andrea aceptó los cambios porque, después de tantos meses de espera, lo que más quería era viajar.
Las primeras sospechas importantes aparecieron en setiembre. La salida, prevista inicialmente para el 19, fue postergada para el viernes 25. El sábado 19, la empresa organizó una reunión por Zoom con los pasajeros y les prometió que el lunes o martes recibirían los pasajes. También les enviaron una lista de los supuestos hoteles en los que se alojarían, pero Andrea comenzó a buscarlos y no encontraba establecimientos con esos nombres.
Su hija, que venía siguiendo de cerca los preparativos, empezó a inquietarse. Le preguntaba cómo era posible que estuvieran a pocos días de viajar y todavía no tuvieran los pasajes ni las reservas confirmadas. Andrea no sabía qué responderle porque tampoco conocía demasiado los procedimientos habituales de las agencias de viajes.
El lunes pasó sin novedades y el martes tampoco llegaron los documentos. Ese 23 de setiembre, apenas dos días antes de la partida, su hija decidió ir personalmente a las oficinas de la empresa. Allí reclamó los pasajes de su madre y una funcionaria le aseguró que ya los había enviado. La joven insistió en que no habían recibido nada y terminó descubriendo, según el relato de Andrea, que la agencia no tenía las reservas necesarias para concretar el viaje.
"No tenían ni los pasajes, ni las reservas de los hoteles, ni el seguro. No tenían nada", recordó Andrea, que estaba trabajando cuando recibió la llamada de su hija. Esa misma noche, una representante de la empresa volvió a comunicarse con ella para plantearle la posibilidad de viajar el 10 de octubre. Pero esa salida tampoco se concretó.
"Es una estafa emocional": el drama de quienes pagaron y nunca viajaron
Andrea todavía recuerda con angustia el viernes 25 de setiembre, cuando debería haber comenzado sus vacaciones. Sus compañeros de trabajo le deseaban un buen viaje sin saber que los planes se habían derrumbado. Ella había imaginado durante meses cómo sería la experiencia de viajar sola, conocer otros países e integrarse a un grupo de turistas con los que compartiría el recorrido.
"Yo lo que he llorado el 25", contó a El Observador al recordar aquella jornada. Para ella, el perjuicio no se limita a los US$ 5.000 que pagó y que todavía no recuperó. También está la frustración de haber organizado su vida alrededor de un viaje que nunca se concretó. "Es una estafa emocional", resumió.
En las semanas posteriores comenzó a contactarse con otras personas que atravesaban situaciones similares. Según su relato, en el grupo con el que debía viajar había unas 15 personas y luego conoció casos de pasajeros que tenían previstas salidas en otras fechas. También supo de turistas que llegaron a destino y descubrieron que sus alojamientos no estaban pagos, por lo que tuvieron que afrontar nuevamente esos gastos.
Andrea calcula que podría haber entre 30 y 40 damnificados, aunque esa estimación surge de los contactos que mantiene con otros afectados y no corresponde a una cifra oficial.
Entre las historias que conoció hay algunas que le generan especial preocupación. Mencionó el caso de una mujer de Tacuarembó que, pese a no haber podido viajar, continúa pagando las cuotas del paquete turístico. Según Andrea, la afectada debe abonar US$ 500 mensuales por un viaje que nunca realizó. También señaló que entre los damnificados hay varias mujeres jubiladas y pensionistas, para quienes recuperar el dinero representa una necesidad importante. "Hay gente que está muy mal", afirmó.
Ante esta situación, varios afectados comenzaron a organizarse para presentar denuncias y buscar asesoramiento jurídico. Andrea explicó que realizaron reclamos ante el Ministerio de Turismo y que algunos también acudieron a dependencias policiales. En su caso, está en contacto con otros pasajeros para evaluar la posibilidad de contratar una representación legal conjunta.
Entre los casos que conoció, Andrea destacó el de una médica que logró que la agencia le devolviera el dinero que había pagado su madre, luego de hacer pública la situación a través de las redes sociales.
Según relató a El Observador, la profesional publicó un video en Instagram en el que denunciaba lo sucedido y exponía los incumplimientos de la empresa. La publicación tuvo repercusión y, de acuerdo con el testimonio de Andrea, la agencia terminó devolviendo el dinero a cambio de que retirara el video.
"Esa doctora fue la única que consiguió que le devolvieran el dinero a la mamá, porque los escrachó tanto en Instagram que para que ella levantara el video le devolvieron la plata", aseguró.
El caso contrasta con la situación del resto de los damnificados, que continúan intentando recuperar lo que pagaron. Andrea señaló que varios afectados comenzaron a organizarse, presentar denuncias y buscar asesoramiento jurídico para reclamar la devolución de sus ahorros.
La clausura de Magna Group y las denuncias ante Fiscalía
Mientras los damnificados intentan recuperar su dinero, el Ministerio de Turismo resolvió la clausura preventiva de Magna Group tras analizar decenas de denuncias por presuntas irregularidades e incumplimientos, según divulgó en primera instancia Eduardo Preve en su cuenta de X.
Fuentes de la cartera confirmaron a El Observador que, luego de recibir los reclamos y contar con el correspondiente informe jurídico, el ministro Pablo Menoni firmó la resolución que ordena la clausura de la empresa.
La agencia Magna Group figura registrada ante el Ministerio de Turismo bajo la titularidad de Agustín Palumbo Presa, quien, según aseguró Gasco a El Observador, es hijo de Alejandra Presa, a quien identificó como responsable de Travel Vip. La damnificada sostuvo que, pese al cambio de nombre y titularidad de la empresa, Presa continuaba vinculada a su funcionamiento.
El caso también tiene antecedentes vinculados a Travel Vip, el nombre con el que Andrea había contratado originalmente su viaje. Según informaron desde el Ministerio de Turismo, la empresa que opera bajo ese nombre de fantasía, vinculada a Magna Group, tiene prohibido desarrollar actividades relacionadas con la prestación de servicios turísticos debido a una clausura judicial vigente desde el 21 de abril de 2025.
Las fuentes ministeriales aclararon, además, que Travel Vip Internacional no se encuentra registrada ante esa Secretaría de Estado. En paralelo, una veintena de damnificados presentó una denuncia ante Fiscalía por estafa luego de no poder concretar viajes al exterior que habían contratado.
Andrea espera que la decisión del ministerio permita avanzar en los mecanismos de garantía previstos para las agencias de viajes y eventualmente recuperar el dinero que pagó. Mientras tanto, sigue en contacto con otros afectados, pendiente de las novedades de la investigación y de las posibilidades de obtener una devolución.
El Ministerio de Turismo exhortó a los consumidores a extremar las precauciones al contratar servicios turísticos y verificar que las agencias estén debidamente habilitadas antes de realizar pagos. Para ello, pueden consultar la página web institucional o escribir al correo [email protected].
Para Andrea, la resolución llega después de meses de espera, cambios de itinerario, promesas incumplidas y un viaje que nunca comenzó. Hoy, más allá de la posibilidad de recuperar los US$ 5.000, lo que permanece es la angustia de haber perdido una experiencia que había esperado durante casi un año.