20 de abril de 2012 18:12 hs

"La idea de este grupo, en general, es hacer películas que te guste ver, películas que vos querrías ver. Y ahora lo que tengo ganas de hacer y de ver es cine de zombies, que me encantan, y además ahora están recontra de moda y no sé qué...”. Pablo Stoll ya habla de otros proyectos que aún no sabe si llegarán, pero el tema central de esta charla con El Observador es 3, su nueva película, en la que una vez más buscó salir de su zona para adentrarse en nuevas formas de contar, su modus operandi habitual desde los años de 25 Watts.

¿Hay una intención deliberada de ir cambiando el estilo de tus películas?


Cuando le pasé el guión de 3 a Yafalián, que es el sonidista con el que trabajé siempre y una figura súper importante para mí, una de las cosas que le dije fue que quería que todos los que me acusaban de indie por Hiroshima, ahora dijeran “Pa, se re vendió, hace una película con Humberto de Vargas”. Me parece que ese es el lugar donde estar, nunca donde te van a decir que estás, sino todo lo contrario.

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¿Eso no te determina?

No exactamente, pero sí me gusta. Ahora hay gente que me dice “Hiroshima es tu mejor película”, y es horrible, porque es una película irrepetible, nunca más voy a hacer algo así. Fue un momento y una cosa muy específica. Es una película que me encanta, en la que me salió todo lo que quería.

Hay gente que dice que es tu peor película, si te sirve de consuelo.

Por supuesto. Y para mí por eso es la mejor. Porque de las otras nadie dice “esta es la peor”. Fue muy rara, no tuvo mucho éxito, pero a mí me encantó. 25 Watts nos llevó diez años entre que decidimos hacer una película sobre estas boludeces y la pudimos filmar. En ese tiempo, como no la podíamos hacer, escribimos como cuatro guiones muy parecidos, sobre pibes, nosotros reflejados y demás. Cuando la hicimos y llegamos con ella al Festival de Rotterdam, la gente nos decía “Buenísima la película, ¿cuál es el próximo proyecto?”. Y ahí aprendimos que la onda es esa: vos vas con tu película, que es como la carta de presentación para tu carrera, una cosa que nosotros no manejábamos para nada.
Ahí nos pusimos a pensar en qué hacer y pintó Whisky, que salió porque el padre de Fernando (Epstein) tenía una fábrica de medias y nosotros íbamos y nos gustaba el ambiente. En un momento nos dimos cuenta de que estábamos haciendo una cosa completamente distinta y dudamos, pero decantó solo que no íbamos a hacer 20 veces 25 Watts, y después de Whisky pasó lo mismo, la idea era no repetirse en ese sentido.

A 3 la empezaron a escribir juntos con Rebella y después la retomaste vos. ¿Qué existía originalmente y qué hiciste en esa segunda etapa?

Lo que estaba era la idea de contar a esta familia de tres y el hecho del tipo que quiere volver a su familia originaria y cómo esos personajes lo recibían. Estaban un poco escritos los personajes y había un espíritu general de lo que pasaba, pero estructuralmente y a nivel de guión, la película no tiene nada que ver con lo que había en ese momento, aunque sí el espíritu. De hecho, no volví a leer lo otro.

¿Te acostumbraste a dirigir sin Rebella?

En realidad, para mí dirigir con Rebella era siempre dirigir. Había otro flaco, pero el que dirigía era yo, y a él le pasaba lo mismo, siempre hicimos todo los dos. Lo que me pasa es que Juan era mi amigo y yo hablaba con él cinco veces por día y pasábamos en la semana 25 horas pelotudeando, entonces lo que extraño de Juan, es a Juan.

¿En alguna ocasión dijiste que siempre pensaste en Humberto de Vargas para el personaje de Rodolfo y que ni siquiera hiciste casting. ¿Por qué?

Cuando lo vi en Alma Máter me impresionó mucho y me quedó en la cabeza. A Humberto lo conocía solo por la tele, como todos. Cuando se confirmó que se iba a hacer 3, empecé a pensar en actores y no se me ocurrían muchos más que él. Un día en la radio alguien habló de que Humberto jugaba bien al fútbol, y para mí fue un dato importante, porque el personaje tenía que jugar, disfrutar y ser un tipo que se comunicara a través de que sabe jugar al fútbol. Porque tener eso es como si supieras hablar un idioma universal. Como la música. Si vas a Croacia y hay unos pibes jugando al fútbol y te mezclás en el picado y sos bueno, va a estar todo bien y vas a ganarte amigos y respeto y te vas a poder comunicar con otros tipos. Yo no soy un buen jugador, soy bastante perro y siempre envidié eso de la gente que jugaba bien. Entonces ahí me cerró más todavía y lo llamé. Hubo que pasar bastantes prejuicios propios y ajenos y tengo amigos que no van a ir a ver la película porque está Humberto de Vargas y no les cabe y está todo bien. A él le gustó el guión y se dio cuenta de cómo era el personaje y de lo que teníamos que hacer para alcanzarlo. Es un tipo muy profesional, súper solidario con los demás actores y fue un placer trabajar con él, no solo para mí, sino para todo el equipo, que se lo puso en el bolsillo en el minuto tres de rodaje. Trabajar con él fue una tranquilidad, en ningún momento me puso mal o me inquietó el hecho de que era Humberto de Vargas y qué van a decir; me chupa un huevo, es un gran actor y me parece que a la película le hace re bien.

¿Cómo escribiste el personaje de Ana? ¿Te resultó fácil ponerte en el lugar de una adolescente?

Por un lado, es el personaje al que me siento más cercano en la historia, no por una cuestión etaria, pero sí por ser hijo y no ser padre y ser hijo de padres divorciados y haber vivido situaciones, no similares, pero emocionalmente parecidas. El personaje está basado en mujeres que conocí desde que soy adolescente, novias que tuve a esa edad. Igual yo nunca fui el pintor, siempre fui el pibe que se iba para Bariloche. El resto lo aportó Ana, que es una genia, una gran actriz. Y me gustaba laburar, no el personaje de la minita que está todo mal, sino el de una mina que está todo bien, que le va bien en el liceo y es linda y popular, pero que le pasa otra cosa y está en ese momento en el que se da cuenta y ve cuál es el derrotero que hace. Después Ana aportó un montón de cosas de ella, de la forma de construirse y de caminar, de peinarse, de sonreír, de ser Bambi from hell.

¿Para dónde van los nuevos proyectos?

En todas las películas que hicimos el abordaje fue muy sentimental. Ahora quiero hacer algo que no tenga nada que ver conmigo. Zombies. En La Paloma. Pero por ahora es una idea.

Se va a decir que sos comercial...

Sí, es lo que más quiero.

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