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¿Cómo es vivir el draft de la NBA por dentro?

Este año, el evento de selección de universitarios que renovarán la liga prometía ser histórico. Al ver funcionar sus engranajes, aparecen varias razones del espectacular momento que atraviesa la liga

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24 de junio de 2017 a las 05:00

La NBA tiene resuelto hasta cómo matar la resaca post campeonato. No pasaron ni dos semanas del campeonato que Kevin Durant y el superequipo de Golden State Warriors le sacó casi pasándole por arriba a los Cleveland Cavaliers de LeBron James y ya un evento renueva las ilusiones de hinchas y equipos a la vez que abre una puerta a lo que se verá desde octubre. Para los fanáticos es impagable porque da la sensación que la liga sigue activa incluso cuando el show en la cancha termina. Luego del Draft viene la free agency, donde los jugadores en determinado estado de su contrato pueden cambiar de equipo y siempre hay estrellas consagradas en juego. Y tras eso toca la liga de verano en la que se puede ver a muchos de estos jóvenes y otros cazaoportunidades entrando en acción para hacerse de un lugar en sus equipos.


Pero el primer paso de la nueva temporada siempre es el Draft, ese evento cuya promesa es intentar romper los dominios de la liga otorgando mayores chances de obtener las primeras selecciones en una lotería previa a los equipos que peor lo hicieron el año pasado. Hay dos rondas de 30 selecciones, dos por equipo. Aquí, los campeones son lo menos importante, aquello de lo que apenas se habla. Lo importante son los equipos que más perdieron el año pasado, porque ellos podrán elegir a los mejores de esta camada. Pero a veces, esos equipos están tan mal manejados que cambian esas selecciones y algunos que no lo hicieron tan mal pero negociaron mejor eligen antes. Además, hay negociaciones que suceden en vivo, mientras la gente en el estadio y millones en la TV ven qué jugador universitario elegirá su equipo. Una selección de draft puede ser cambiada por otra del mismo draft superior o inferior, por una que vendrá en años siguientes o por un jugador actualmente activo en alguno de los equipos de la liga.

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La tele. #NbaDraft

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Entonces, el Draft concentra gran parte del glamour de la NBA, lo cual se ve desde las cercanías del estadio en el que sucede, con fans portando camisetas y tomándose fotos junto a los carteles del evento. Aquí no vendrán las estrellas pero todo el aparato de prensa, las principales señales y comentaristas, forman parte de la transmisión. La liga comienza a presentar a muchos de estos nuevos jugadores como futuras estrellas. Más adelante, los drafts reivindicarán o condenarán a los encargados de tomar las decisiones en cada franquicia.

El jueves pasado, en el centro de Brooklyn, un Barclays Center casi lleno fue el escenario en el que los Philadelphia 76ers se llevaron a Markelle Fultz, el prospecto joven que llegaba al Draft con más prestigio dado su capacidad atlética y de fabricarse por sí solo la chance de anotar desde su puesto de base. En realidad, esa selección era de Boston Celtics que la negoció con los "Sixers" a cambio de la tercera selección más otras dos que vendrán el año que viene.

La decisión es arriesgada: Fultz, un chico de apenas 19 años, era señalado como el mejor candidato de toda esta generación de jugadores que, según la costumbre, pasan directamente del liceo a jugar un año en la universidad (pocas excepciones hay de jugadores quedándose dos años) y de ahí al profesionalismo de la mejor liga del mundo. Se estimaba que los Celtics -que necesitan una estrella que le permita competir de verdad contra los equipos más fuertes de la NBA tras una buena temporada -iba a negociar sus selecciones o "picks"- por Jimmy Butler, estrella de unos Chicago Bulls en total desgracia o por Paul George, en similar situación en Indiana Pacers pero que ya ha dicho que en 2019, cuando termina su contrato, quiere jugar en Los Angeles Lakers. Finalmente, Butler se fue a Minnesota Timberwolves en un intercambio de jugadores que los especialistas tacharon en forma unánime como ridículo y los Celtics se llevaron las dos selecciones de 2018 y a Jayson Tatum, un prometedor anotador, también de 19 años, criado en una de las mejores casas universitarias del básquetbol: Duke. Es una apuesta de futuro en un equipo extremadamente joven.

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Hope. #NbaDraft #sixers #cunysj17

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En el Draft, todo es rápido: el comisionado Adam Silver anuncia al jugador seleccionado, que en general se abraza con su familia y amigos -desde la posición 15 en adelante algunas caras largas empiezan a aparecer- mientras el público aplaude y viva. En conferencia de prensa, Tatum dijo que no sabía que iba a ir a los Celtics hasta apenas segundos antes de ser anunciado. "Me di cuenta cuando no se había dicho mi nombre y las cámaras se me empezaron a venir arriba", dijo con una risa tímida. El que siempre lo sabe antes y nunca se deja ver en el lugar de los hechos de Adrian Wojnarowski, el periodista más conectado de la NBA y dueño de todas las primicias. En tiempos de redes, la gente sabe minutos antes, vía "Woj", quién va a ir a qué equipo. Casi cualquier información de un jugador yendo de un equipo a otro es algo que nadie da por seguro antes de que él lo avise en su cuenta personal. Tuits como este salen minutos antes de ser confirmadas oficialmente las selecciones sobre el escenario:

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Tras ese momento del anuncio, un túnel conduce a las promesas por un rápido proceso mediático hiperconcentrado: video para la TV oficial de la liga o del nuevo equipo del jugador por el pasillo del estadio, conferencia de prensa, fotos oficiales de la liga, espacio de redes sociales y finalmente, un paso por varios plató de televisión con emisiones en vivo.
En el final del recorrido, vuelven cerca del escenario pero para ser entrevistados por cadenas como ESPN, que transmiten a metros de donde todo sucede. Tanto Fultz como Tatum lo hacen sin problemas aunque con timidez, pero la mayoría del magnetismo lo atrae otro joven al que todavía se le notan rasgos pospubertad en la cara: Lonzo Ball fue seleccionado en segundo lugar por Los Ángeles Lakers, la gloriosa franquicia que vive huérfana de estrellas y campeonatos desde incluso varios años antes del retiro de Kobe Bryant. Ball, un base con un poder de pase casi mágico que este año jugó en la universidad de California, fue adoptado como potencial Laker casi desde que se supo de él. Su padre, LaVar, es ya un personaje de la farándula NBA: sus declaraciones incendiarias -como decir que en su juventud habría derrotado con facilidad en una cancha a Michael Jordan o afirmar que sus tres hijos jugarán en los Lakers- no han sido suficientes como para eclipsar el interés que hay en Lonzo, bastante más medido a la hora de hablar con la prensa. LaVar empujó a su hijo a tener su propia marca de indumentaria -algo que no sucede a la primera de cambios salvo que tu nombre sea LeBron James- y ahora Big Baller Brand vende championes de básquetbol con la firma de su hijo Lonzo a un precio mínimo de US$ 495.

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Lonzo, LaVar y el entourage. El futuro showtime de los Lakers y su papá de sitcom, cómodos en la zona de prensa. #NbaDraft

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LaVar conoce el show y a la gente le encanta: en el momento en que se levantó para salir de la zona en la que el Draft seguía su curso y pasaba al sector de prensa, los fans lo abuchearon y vivaron a partes iguales. Él sonrió y arrojó su gorro -de su propia marca, claro- a la gente. No pocos periodistas en el lugar estaban de acuerdo en que los Lakers necesitaban recuperar la arrogancia antes de volver a los playoffs. Ver el recorrido de Lonzo en vivo va a ser una de las grandes narrativas de la NBA de aquí en adelante, si su talento y ética de trabajo acompañan. Hay un detalle extra: fue elegido nada menos que por el icónico Earwin "Magic" Johnson, que está de vuelta en los Lakers con un cargo gerencial.

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No todo es pompa; mucho menos para las promesas que se quedan hasta última hora, cuando la mayoría de los fans se fueron, para comprobar que no quedaron seleccionados y deberán intentar entrar a la liga en los torneos de verano, jugando en la liga de desarrollo o fuera de Estados Unidos. A esa hora, el movimiento en la zona de prensa y las estaciones de foto y redes sociales de la NBA baja bastante. Lo que sí está llena es la sala donde todos los periodistas el mundo ultiman las crónicas y análisis que en minutos van a quedar subidas en cada medio. De fondo, las voces de los comentaristas de radio se entrecruzan con las de la TV, donde el análisis sigue jugador por jugador e importa tanto el número 20 como el número 60 de la selección.

Eso también tiene una lógica: rara vez todas las primeras selecciones del Draft son acertadas y muchas estrellas han sido elegidas muy tarde en el Draft. Draymond Green, figura de los Warriors, fue elegido en el puesto 35. Isaiah Thomas, figura excluyente de los Celtics, fue elegido por Sacramento Kings en el puesto número 60. Manu Ginóbili fue número 57. Nada asegura el éxito y menos en el que casi unánimemente se considera el momento más competitivo de la liga a nivel de talento. Lo único seguro es que cada año, la NBA consigue sesenta chances de que nuevas narrativas se sumen a las de las estrellas que hoy enriquecen la belleza del deporte. Pocas ligas deportivas del mundo son capaces de proveer algo parecido.

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El N° 1

El base-escolta Markelle Fultz, formado en la Universidad de Washington, es una incógnita fuera de su Confederación del Pacífico, donde logró promedios de 23,2 puntos por partido. Con esos registros se ubicó como el sexto máximo anotador del país. Fue considerado por los cazatalentos como uno de los mejores en los últimos 14 años. Fue elegido por Philadelphia 76ers. ¿Cómo juega? Es un base, de 1.93 metros de altura, que nació el 29 de mayo de 1998. Es un jugador ofensivo, con una gran variedad de recursos, y que destaca por su altura para la posición.

Tope salarial será US$ 99:


Los 30 equipos de la NBA ya conocen que el tope salarial para la temporada 2017-18 será de US$ 99 millones. Desde la temporada del 2010 hasta la del 2015 el máximo se incrementó de US$ 58 millones a US$ 63 millones, mientras que en los últimos tres años ha crecido US$ 36 millones.

Lonzo y sus calzados


LaVar, padre de Lonzo Ball, empujó a su hijo a tener su propia marca de indumentaria –algo que no sucede a la primera de cambio salvo que tu nombre sea LeBron James– y ahora Big Baller Brand vende championes de básquetbol con la firma de su hijo Lonzo a un precio mínimo de US$ 495.


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