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¿Cómo fue que Da Vinci se convirtió en el científico más audaz de su tiempo?

A 500 años de su muerte, estas son las respuestas que podemos encontrar en el proceso creativo del artista, filósofo e inventor italiano 

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27 de abril de 2019 a las 05:03

Esta historia empieza por el final. Empieza un 2 de mayo de hace 500 años, en 1519, en un castillo alto de paredes de ladrillo y techo a dos aguas en las afuera de Tours, en Francia.

“Al llegar el rey, que solía hacerle amistosas visitas, Leonardo se sentó en la cama y comenzó a relatar detalles de su enfermedad y a manifestar cómo había ofendido a Dios y a los hombres por no haber trabajado en su arte como hubiera debido. Le atacó luego un paroxismo, presagio de la muerte, y el rey se acercó y le sostuvo la cabeza para ayudarlo y demostrarle su favor, así como para aliviar su malestar. Entonces el divino espíritu de Leonardo, reconociendo que no podía gozar de mayor honor, expiró en los brazos del rey”. 

La escena –relatada por el biógrafo Giorgio Vasari en el libro Vidas de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos (1550)– parece tomada de un texto shakesperiano. Pero en realidad es como Vasari relató al mundo la muerte de uno de los artistas, ingenieros, filósofos, científicos (y cuanto título más pueda entrarle) más influyentes de la historia: Leonardo da Vinci.

Es muy probable que si el lector hace el ejercicio de intentar recordar por qué se destacó Da Vinci, la primera imagen que le venga a la mente sea su obra más icónica, quizá la más icónica del arte renacentista. La Gioconda fue de las últimas entregas que el pintor hizo en su vida y es de los cuadros más sometidos a estudio y escrutinio público a lo largo de los siglos. La pintura esconde detrás de sí una técnica vanguardista para la época (1503 -1506), que superpone con extrema minucia varias capas de pintura. Y también altos conocimientos de anatomía que ayudaron a pulir la expresión y la mirada de una mujer cuya sonrisa se inmortalizó sobre el lienzo.  

Pero Da Vinci fue muchísimo más que solo el artista que dio vida a la Mona Lisa o plasmó La última cena en una pintura gigante. Fue un polímata en cuya mente el arte, el diseño, la ingeniería y la ciencia siempre formaron parte del mismo tejido; estaban integrados en un solo conocimiento y en una sola manera de pensar que se tradujo en el resultado de su obra. 

¿Cómo fue que Da Vinci se convirtió en el investigador y en el observador de la ciencia más audaz de su tiempo?

Leonardo, el amante de la naturaleza

Tal vez lo primero que hay que saber de Da Vinci es que era una persona sumamente curiosa. En una biografía con más de 7.000 páginas escrita por Walter Isaacson (el mismo que publicó sobre la vida de Steve Jobs y Einstein), se cuenta que el italiano siempre llevaba una libreta atada a la cintura. Allí anotaba y dibujaba todo lo que había a su alrededor y que le llamaba la atención. Pero su mente fue imparable. No le alcanzaba con quedarse en la superficie, debía siempre llevar sus inquietudes un paso más allá hasta comprender de verdad cómo es que funcionaban todas esas aristas del conocimiento que lo obsesionaban.

“Su curiosidad extraterrestre por nuestro mundo era la que tuvimos de niños, y perdimos. Él no. Todos éramos como Da Vinci cuando teníamos 10 años”, dijo Isaacson en una entrevista con el diario español ABC. Y también declaró que Da Vinci fue el hombre más creativo porque “es la persona de la historia que intentó conocer más que nadie todo lo que se puede conocer de todas las materias”. Y agregó que estudió las conexiones entre la ingeniería y las humanidades como nadie: “Al intentar aprender sobre todo lo que se puede aprender, fue capaz de ver los patrones que se repetían en la naturaleza. Por ejemplo, el discurrir del agua lo podía comparar con los rizos del pelo y el flujo de la sangre humana”.

A su vez, el biógrafo advierte que llamar a Da Vinci “un genio” es sacarle mérito. Lo explicó así: “Designarlo como si hubiera sido tocado por Dios o una especie de poder sobrehumano hace que no se refleje lo maravilloso que era. Era una persona normal, que no tenía educación, y su creatividad partía de su propia voluntad. Es alguien que se hizo a sí mismo. Y si nos olvidamos de esto, nos olvidamos de lo maravilloso que es”.

Arielle Saiber, profesora de lenguas románticas y literatura en el Bowdoin College de Maine, Estados Unidos, explicó que una de las razones por las cuales Da Vinci se destacó en su tiempo fue porque se trató de uno de los pocos artistas y filósofos que en vez de antropomorfizar  la Tierra –es decir, buscar los puntos de contacto entre la presencia divina y los mortales– se encargó de “tierramorfizar” a los hombres: observar su condición empírica y esquivar, de tanto en tanto, el pensamiento hegemónico que imponía la Iglesia en aquel entonces. Y no solo le pasó con los seres humanos, sino que miró a todos los seres vivos. Da Vinci incluso llegó a decir que los animales “son la imagen del mundo”. Fue vegetariano y en algunos rasgos practicó el veganismo porque nunca vestía con pieles, cuero o nada muerto que contradijera su amor por los animales.

Saiber también dijo que Da Vinci “nunca desafió la creencia cristiana de que los seres humanos fueron creados a imagen de Dios”, sino todo lo contrario. Que los hombres –cuyas proporciones, simetrías y belleza en general estudió con suma obstinación– eran demasiado hermosos y que por eso eran dignos de imitación en la arquitectura y el arte.

Da Vinci se preguntaba, luego observaba, observaba mucho, encontraba sus respuestas, las comprendía y luego las plasmaba. No importaba dónde, si era una pintura, un dibujo, un texto, una máquina. Él quería encontrar respuestas y hacer la vida de las personas un poco más sencilla.  

Leonardo, el procastinador

“Aunque la mente de Da Vinci era extraordinariamente fértil, también era un procastinador empedernido, incluso desquiciado”, dijo Richard Gunderman, profesor de arte y medicina en la Universidad de Indiana.

Es que era probable que si un rey, noble o papa le hacía un encargo, el creador podía tardarse meses y hasta años en concretar su entrega.
Isaacson dijo al respecto en una entrevista: “Leonardo tenía muchos recursos que eran tanto una fortaleza como una debilidad. Se distraía mucho, pero esto lo ayudaba a tener más imaginación, a ver ángeles en el cielo y a imaginar una máquina voladora en el mundo real. Esto también significó que, a veces, no acababa sus cuadros ni sus escritos. Por eso, el hecho de que procrastinara y se distrajera tanto contribuyó a su imaginación como perjudicó su productividad”.

Por esta misma razón es que su pata más científica es la menos recordada por la opinión pública. Según un reportaje publicado en la revista National Geographic, Da Vinci tenía planeado publicar tratados y manuales científicos que nunca se concretaron. Todo lo que hay al respecto yace en sus cuadernos de apuntes, muchos perdidos; otro puñado están reservados en colecciones privadas y otros tantos en bibliotecas o museos.

Según la revista, se conservan más de 6.000 páginas de los cuadernos del artista con miles de dibujos y gráficos contenidos en anotaciones y textos crípticos, ya que algunos fragmentos están escritos al revés, por lo que hay que leerlos en un espejo para poder entenderlos. Abarcan temas que van desde la óptica, la acústica y la mecánica hasta la dinámica de fluidos, la geología, la botánica y la fisiología.

Leonardo, el eterno

Da Vinci fue un avanzado para su época. Tal vez incluso un avanzado para la nuestra.

Hasta el día de hoy es fuente de inspiración para un montón de artistas, científicos, investigadores, filósofos y personas en general.

Ben Shneiderman, profesor de ciencias de la computación en la Universidad de Maryland, realizó el año pasado un encuentro de docentes de la Academia Nacional de Ciencias en Estados Unidos. Un grupo diverso de académicos que contaron cómo “los estudiosos del arte, el diseño, la ingeniería y la ciencia pueden trabajar juntos para beneficio mutuo, como lo hizo Leonardo en sus días”.

Varios docentes explicaron que han hecho pruebas de fusión entre arte y ciencia en la academia y que hoy, gracias a Da Vinci, los médicos pueden encontrar que la capacitación en artes visuales puede “ayudarlos a ser mejores en sus trabajos”. Pone como ejemplo a un grupo de dermatólogos que luego de pedirles que estudiaran pinturas de museos “habían mejorado su capacidad para detectar y describir características en las lesiones de la piel”. Y agregó: “De manera similar, los médicos con formación musical son mejores para escuchar los matices de los latidos del corazón cuando usan sus estetoscopios” y que “los estudiantes de enfermería que reciben entrenamiento musical pueden identificar con mayor precisión los sonidos del estómago, el corazón y los pulmones de los pacientes”.

Ya pasaron 500 años desde que Da Vinci murió y con él toda su inquietud por seguir descubriendo el mundo. Pero dejó su memoria y su manera de pensar diferente. Hay quienes dicen que la muerte solo está después del olvido. Y el legado de Da Vinci, más allá de su obra, es un constante recordatorio de que arte y ciencia pueden comulgar y, sobre todo, soñar juntas.

Por eso no morirá nunca. 

Inventos e investigaciones
Movimiento del agua: Descubrió antes que nadie cómo es la dinámica de fluidos, analizó y describió con mucho tino el funcionamiento de los vórtices de agua. 
El corazón es un músculo: Fue el primero en comprender que el movimiento del corazón no es de expansión, sino de contracción. 
Luz y sonido: Entendió que la luz y el sonido se propagan mediante ondas, y también comprendió la disipación de la energía en el espacio.
Mapas: Creó un mapa plano de una ciudad cuando no existían los drones y los satélites. Utilizó únicamente un compás y una regla. 
Paracaídas: Tenía forma rectangular y armazón de madera, pero creó el primer paracaídas. 
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