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¿Cómo puede ser que ante un rival con muchas carencias técnicas y tácticas, como Arabia Saudita, haya que sufrir tanto?

El sufrimiento acompaña y acompañará al pueblo uruguayo siempre que de fútbol se trate

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22 de junio de 2018 a las 05:00

Mi finada abuela paterna, quien todos los domingos me levantaba antes de que cantaran los gallos para llevarme a misa obligadamente (si dejarme la fe fue como legado terrenal su propósito, lo consiguió), dijo una tarde sentada frente al televisor: "Esta telenovela no me gusta, los personajes no sufren mucho". Si en un partido de la selección celeste no hay sufrimiento, la fiesta está incompleta. ¿Cómo puede ser que ante un rival con muchas carencias técnicas y tácticas, como Arabia Saudita, haya que sufrir tanto para sacar un mísero resultado de apenas un gol de diferencia?

Uruguay es un país que no se caracteriza por dar respuestas racionales a muchas situaciones, tampoco su selección de fútbol. Desde el punto de vista operativo, claramente muchas cosas no funcionaron y resultan preocupantes. El resumen del partido dice lo siguiente: cero desbordes por las puntas –Cáceres y Varela carentes de proyección ofensiva–, escasa coordinación a la hora de los pases, inexistente creación de peligro cerca del área.

¿Poco futuro en este Mundial, más allá de otros dos partidos garantizados? Con Uruguay nunca se sabe. En el Mundial anterior el equipo fue un desastre contra Costa Rica, y luego jugó un partido brillante contra Inglaterra, resucitando de entre las cenizas. En el Mundial de 1970, lo recuerdo como si fuera hoy, perdió con Suecia el último partido del grupo, mostrando poco, más bien nada, y al partido siguiente, cuartos de final, jugó a gran altura, en la altura de la Ciudad de México, derrotando a la Unión Soviética, una de las favoritas para ganar el Mundial, con un gol que es parte del folclore de los Mundiales.

Lo que viene a partir de ahora en la Rusia estival es parte de la gran telenovela uruguaya, la que puede tener ingredientes de todo tipo, y uno que de seguro va a estar presente: drama acompañado de sufrimiento. O quizá no, y a partir del próximo partido todo comenzará a ser menos problemático, con menos dilemas en la cancha para resolver, con más minutos por partido para disfrutar y sin estar obligados a sentir que la ilusión de felicidad puede tener fin en cualquier momento.
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