Cuando el desarrollo tecnológico y la intercomunicación activaron una cercanía que estaba lista para ser vivida, se instaló como jamás antes la transparencia y la sensación que el mundo está al alcance de nuestras manos. Las personas quedamos colocadas en el centro, que es exactamente nuestro lugar. Veníamos flirteando con este concepto y ahora se hizo condición sine qua non para ser felices.
Los empresarios con inteligencia emocional son distinguidos. Lideran sus empresas y equipos desde el propósito organizacional porque tienen claro que su propia vida
se lidera desde su propósito personal. Gestionar es una práctica que empieza por uno mismo y solo así es posible liderar a otros.
El propósito es a las organizaciones lo que es a cada persona. Tan definitorio que otorga el sentido y da visión de futuro. Es una declaración que define lo que encaja y lo que no. Es la razón de ser y responde a: ¿para qué existimos? Saberlo nos coloca en un lugar privilegiado y nos destaca entre la generalidad. En ocasiones lleva su proceso definirlo y una vez que está, el resto es más sencillo. Elegir a los colaboradores, decidir la línea de crecimiento y tomar decisiones, entre otros.
¿Qué características tienen las personas que lideran desde el propósito? Invierten en su introspección y autoconocimiento sabiendo que les brindará mayor autoconciencia de sus emociones, pensamientos y acciones. Asumen la responsabilidad de cada una y las gestionan. Se comprometen con su propio desarrollo y también el de otros. Al conocerse y entender lo que es propio de lo que no, son cada vez más libres y promueven libertad.
Son líderes que favorecen la resiliencia, cultivan la confianza y generan ambientes positivos. Esos que está probado que activan zonas cerebrales desde la corteza prefrontal, la amígdala y el núcleo accumbens, produciendo una reevaluación cognitiva que desarrolla la resiliencia y el bienestar. Contagian creatividad, innovación e inspiración. Son líderes flexibles que se ocupan de modificar comportamientos personales y organizacionales para adaptarse a los desafíos. Centrados en lo que depende de ellos, encuentran las oportunidades en cada situación –esperada o no–.
Son líderes empáticos consigo mismos y por esto, pueden serlo con los demás. Sus interrelaciones son positivas, reflejan en ellas, la relación que tienen consigo mismos. Tienen un locus de control interno –se hacen cargo y no responsabilizan a otros de lo que es de ellos–.
Son personas seguras que transmiten seguridad y por eso lograron ofrecerla también en la crisis como la actual, donde los colaboradores la necesitan. Generan y promueven cohesión y confianza. Lideran activando valores vinculados al propósito y diseñan objetivos positivos, claros, desafiantes y realistas. Y son congruentes con estos, en el trabajo y en la vida.
Deseo que estos líderes se hagan cada vez más visibles para inspirar. La propuesta para todos, es a mantener una práctica diaria de agradecimiento, atención plena y desarrollo de la inteligencia emocional. Reconocer las propias emociones y su programa de activación para no ser capturados por reacciones impulsivas y en su lugar, actuar en función de quienes elegimos ser. Podemos elegir nuestros pensamientos y emociones así como las acciones que emprendemos.
Ser un líder del 2020 requiere ser una persona con principios, que vive sus valores, se ocupa de sí mismo con esmero y se relaciona con las personas desde la nobleza. l