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"El afecto que rodea a García Márquez hace que esté vivo"

El director de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, Jaime Abello Banfi, continúa el legado del premio Nobel colombiano en el continente

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10 de diciembre de 2017 a las 05:00

El periodismo enfrenta en todo el mundo un momento de incertidumbre, con formas de ejercerlo que van cambiando de manera constante en la búsqueda de la fórmula que lo haga sustentable. Una de las respuestas ha surgido desde el periodismo narrativo, un género que busca acercar el oficio a la literatura, siempre dentro de la no ficción. Ese camino es uno de los impulsados por la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), creada por el premio Nobel de Literatura de 1982, el colombiano Gabriel García Márquez.

Gabo, como apodaban al escritor, inició su carrera como reportero en un diario de Cartagena y quiso que su legado no se limitara a obras como Crónica de una muerte anunciada o El amor en los tiempos del cólera, sino que además siguiera el camino del oficio que siempre sintió como propio.

El director general de la FNPI, el también colombiano Jaime Abello Banfi, visitó Montevideo semanas atrás por los festejos de los 50 años de Cien años de soledad –una de las piezas fundamentales de la literatura latinoamericana– y conversó con El Observador sobre su trabajo para promover un mejor periodismo.

¿Cómo ve al periodismo actual en América Latina?
En los últimos premios Gabo al periodismo, otorgados en Medellín en setiembre, ganó un periodista cubano, joven, que mostró la vida y el perfil de una travesti, tal vez la más importante de La Habana. También ganó un hondureño que escribió una crónica narrada en imágenes a partir de su investigación sobre las maras y pandillas de San Pedro Sula. Una red de periodistas mexicanos hizo un esfuerzo colaborativo intentando ubicar a las personas desaparecidas de ese país y sus familiares, y un medio regional y clásico de Cali (Colombia) se embarcó en un proyecto de periodismo de datos para hacer una especie de mapeo de la violencia y homicidios. Esto significa que en América Latina hay un periodismo con capacidad de innovación, con agenda propia, con personas que son en su mayoría jóvenes, ambiciosos, que deciden atravesar los medios tradicionales y convertirse en medios independientes. Son trabajos que toman riesgos, que desafían los peligros que a veces se sienten en ciertos países, y que se hacen con una convicción ética del oficio que es maravillosa. Dicho eso, también hay que reconocer que existen una cantidad de problemas, de contextos institucionales y de ataques contra la libertad de expresión provenientes del Estado o de la corrupción y el narcotráfico. También existen problemas en las empresas periodísticas, que tienen un mayor seguimiento en las redes y en los medios digitales pero esto no se traduce en un retorno económico. Eso deriva en muchos casos de mal periodismo, desfinanciado, poco ético, farandulero, frívolo y mediocre, algo que ocurre en el mundo entero. Pero aspiramos a que cada vez haya mejores condiciones en nuestros países.

En 1996, García Márquez definió al periodismo como el mejor oficio del mundo. ¿Sigue siendo así?
Por supuesto, es el mejor, pero no es el más común. Requiere vocación, disposición a enfrentar la adversidad y un compromiso personal que va más allá de ser un buen empleado de redacción. Ahora hay una diversidad de abordaje de periodismo que nunca antes existió. Se hace cada vez más periodismo a través de proyectos: en forma de libro, desde las redes sociales, en redes colaborativas transnacionales, mediante alianzas con organizaciones sin fines de lucro, o con estrategias de chequeo y de verificación del discurso público. Existe una gran competencia en los contenidos de información y hay que darle valor a la gente. El buen periodismo es el más costoso y el más difícil de hacer, pero es el que tiene generado diferentes esquemas de sostenimiento. Y la gente parece estar dispuesta a pagar lo bueno.

¿Cuál es el legado de García Márquez que busca transmitir?
El interés, el cariño y el afecto que rodea a García Márquez hacen que esté tan vivo. Este año le han hecho muchos homenajes en América Latina y Europa por Cien años de soledad. Hay un legado activo representado en proyectos como el de la Fundación y el de la Escuela de Cine en San Antonio de los Baños (Cuba). En el caso de la FNPI hemos decidido trabajar por un mejor periodismo, apoyarlo, formarlo y estimularlo. Estamos iniciando un proyecto que se llama Centro Gabo en Colombia, que hará trabajo educativo con niños y jóvenes pero también abarcará el periodismo y la comunicación. Tratamos de que la vida de Gabriel García Márquez sea conocida en más dimensiones. Fue un hombre que tuvo valores, logros y un perfil rico que se le atribuye no solo a su vida y a sus logros como escritor de ficción, sino como periodista, cineasta, educador, ciudadano y activista. Siempre estuvo comprometido a temas vinculados a la paz y a los derechos humanos. Fue un gran ciudadano, un gran hombre de su tiempo, una persona múltiple, creativa y comprometida. Esa capacidad inspiradora debe ser traducida en acciones culturales y educativas.

¿Le pidió algo antes de morir?
No, no me pidió nada en particular. Era un tema que no le gustaba tocar. Al final era un hombre que sabía lo importante que era, pero era incapaz de celebrarse su propia fiesta de cumpleaños o de hacer una celebración para sí mismo. Sabía muy bien a qué ponerle sus energías y no le interesaba ponerlas al servicio de su propia exaltación. Siento que me dio una confianza extraordinaria y gran libertad de acción. Él era un hombre muy ético.

Con respecto a eso, ¿han cambiado los dilemas éticos de la profesión?
Sí, han ido adquiriendo nuevas maneras de manifestarse, sobre todo en el contexto de las redes y las plataformas digitales. El debate ético está muy vivo. Tenemos un proyecto de consultorio de ética en línea, junto a Sura y Bancolombia, y encontramos que tiene una relevancia extraordinaria, sobre todo en momentos en los que hay tantas cosas que cambian en el contexto del trabajo periodístico. Se debilitan los modelos tradicionales y se ponen en cuestión una cantidad de cosas. La separación del periodismo con la publicidad era un tema mucho más extremo y hoy sabemos que debemos convivir con la presencia de contenidos que tienen finalidad publicitaria. Los medios son plataformas de difusión; no trabajan solo con contenidos propios. El ser usados, o el prestarse a esa finalidad de difusión, es algo legítimo siempre y cuando se haga sin traicionar los principios esenciales de la confianza. Siempre debe corresponder a cosas reales y cada medio debe encontrar la manera adecuada de conciliar esa función con esta nueva manera generar ingresos. Uno de los problemas graves del periodismo actual es que mucha gente lo cuestiona y le ha perdido confianza. Eso tiene que ver, en parte, con que la gente quiere sentirse respetada y quiere ver transparencia. Antes, esto se solucionaba diciendo que eran cosas incompatibles. Se rechazaban mucho más los ofrecimientos de financiamiento para hacer un trabajo periodístico. Hoy se necesita una posición ética muy clara para que ese financiamiento no coarte la libertad editorial.

¿Qué es la FNPI?

La FNPI fue creada en 1995 por Gabriel García Márquez junto a Jaime Abello Banfi. Con el apoyo de empresas e instituciones, cada año realiza numerosos talleres con periodistas de habla hispana para formar en el oficio. También otorga premios que buscan estimular una mejor labor periodística en América Latina, y promueve foros virtuales bajo temáticas como la ética, la crónica roja o el periodismo cultural.

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