12 de julio 2015 - 5:00hs
Sergio Blanco tendría 10 u 11 años cuando comenzó a acompañar a su hermana mayor, la actual intérprete de la Comedia Nacional Roxana Blanco, a los ensayos de sus clases de teatro con Nelly Antúnez en el Banco República. "La miraba actuar y me sentaba al lado de sus profesores. Así fui gestando mi mirada de director, de dramaturgo", comenta Blanco en la cafetería de una librería en Pocitos, previo al restreno de Ostia, obra que presentó junto a su hermana en marzo y que volverá a escena en la Sala Zavala Muniz del Teatro Solis los lunes 13 y 20 de julio.

Nieto por parte de madre del musicólogo Lauro Ayestarán y de la primera bailarina del Sodre e investigadora de danza Flor de María Rodríguez Ayestarán; sobrino de Ángel Curotto, uno de los fundadores de la Comedia Nacional, hijo de una profesora de literatura y un bancario con gran sensibilidad por el arte, el actual dramaturgo y su hermana se criaron entre camarines y rodeados de cultura.

Tras ser alumno y asistente de dirección de grandes figuras del teatro uruguayo como Atahualpa del Cioppo, Nelly Goitiño y Antonio Larreta, con solo 18 años Blanco montó una puesta de Ricardo III en el Castillo del Parque Rodó, que le valió un premio Florencio Revelación y una beca de estudio en la Comédie-Française en París, ciudad en el que reside desde 1998.
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Pese a la "crisis política, social y cultural" que vive Europa de "la cuales es responsable el capitalismo ultraliberal del mundo de los finanzas", señala Blanco, el autor no tiene planes de dejar Francia "no tanto por el lugar sino por la lengua", dice, ya que desde niño supo que el francés sería el idioma en torno a la que construiría su vida.

Con una carrera que lo ha llevado a los teatros y universidades de países como Japón, España, Argentina y Grecia, el autor regresó después de 15 años a los escenarios uruguayos cuando presentó en 2013 Tebas Land, un gran trabajo en la que reflexionaba sobre el parricidio y la representación teatral. Con Ostia, Blanco se vale nuevamente del género de la autoficción, pero en esta ocasión se trata de una obra leída en la que los hermanos reflexionan sobre su infancia y su relación, al tiempo que cuentan la historia de la ciudad italiana de Ostia. Es un espectáculo-instalación con acento en lo efímero, escrito solo para ser representado por ellos, que desaparecerá cuando uno de los dos ya no esté.

"Quería contar el vínculo entre dos hermanos, cómo se va construyendo un pasado común y cómo los dos se enfrentan en la imposibilidad de construir el pasado porque cada uno tiene una visión distinta. Es que el pasado está tan abierto y es tan incierto como el futuro. Esa búsqueda del tiempo perdido para mí es hermosa", comenta Blanco con esa forma de hablar verborrágica, reflexiva y erudita, que capta sin esfuerzo la atención de su interlocutor.

El autor presentará además en agosto La ira de Narciso, un unipersonal interpretado por Gabriel Calderón, que se estrenará en simultáneo con la obra de Mariana Percovich Mucho de Ofelia, en el marco de los 10 años de la compañía Complot. El espectáculo es el relato de un escritor llamado Sergio Blanco que se encuentra en la habitación de un hotel en Eslovenia preparando una conferencia sobre Narciso, a la vez que tiene una relación muy intensa con un joven y descubre una mancha de sangre, lo que dispara una trama policial.

¿Qué es la autoficción y cómo comenzó su interés por el género?

Empecé sin saber que la estaba haciendo. Luego comencé a interesarme por el género y a desarrollarlo desde el punto de vista académico. Mi primer texto de autoficción es Kassandra, donde la autoficción está muy enmascarada. No es casualidad que cuenta la historia del personaje mítico pero travestido.

Después vino Tebas Land, donde doy un paso más, el personaje se llama S, vive en París y tiene algunos datos similares a mi vida. Luego viene Ostia, donde está el hermano y la hermana y mi cuerpo está presente en escena, pese a que no soy actor. Con La ira de Narciso, el personaje directamente se llama Sergio Blanco. La autoficción es ficcionalizar y poetizar a partir de lo vivido, pero creo que hay más mentiras que verdades en mis autoficciones.

¿Está de moda la autoficción?

Sin lugar a dudas y al mismo tiempo está siendo muy sancionada. Pero es un género literario que siempre existió, aunque recién lo nombra en los años de 1970 Serge Doubrovsky, un escritor francés. (Blanco enumera antecedentes, desde Sócrates a San Pablo, pasando por Rousseau, Rimbaud, el psicoanálisis, Proust y Derrida). La posmodernidad y las políticas nauseabundas de mercado y el neoliberalismo han llevado a un exceso de narcisismo errado, que ya no es Narciso mirándose en sí mismo para encontrar al otro, sino que mirándose en el ombliguismo de pensar solamente en sí. La autofcción está sancionada pero es mucho más noble. Se la critica por egocentrismo pero es lo contrario, muestra la debilidad del ser, la necesidad de buscarse por medio del lenguaje y más que quererse a uno mismo es buscar que lo quieran.

¿Por qué le interesa tanto?

No es que los personajes se parezcan a mí sino que yo intento parecerme a los personajes que voy creando. Es muy extraño, me está pasando un poco lo que le sucedía al Quijote, a Madame Bovary o a los personajes de Stendhal. La idea es ir escribiendo mi propio relato. Yo nunca encontré un prisionero en mi vida real, sin embargo, después de que escribí Tebas Land sí quise ir a encontrar uno. Soy autor de mi propia vida. Pero además me interesa porque este mundo me atraviesa a mí. Godard decía que hay que tener el coraje y la humildad de hablar de uno mismo primero antes que de los demás.

Cuando vi Ostia la sentí como un acto de amor muy bello hacia su hermana...

La obra plantea dónde empieza un incesto. Para mí el incesto no está necesariamente en un vínculo sexual entre un hermano y una hermana. Yo no lo penalizo, aún en el acto sexual, y planteo que también ese vínculo intenso entre dos hermanos puede empezar yendo a Cinemateca todos los días a ver una película. Es un lugar donde uno empieza a establecer un montón de mecanismos del deseo, el amor e incluso la sexualidad.

Usted actualmente se encuentra desarrollando en Tokio un proyecto para hacer actuar a androides. ¿Por qué?

Es algo que está apareciendo y con lo que se puede experimentar. El teatro siempre trabajó con lo no humano, desde los griegos cuando aparece el Deus ex machina, los dispositivos de muñecos que tenía el teatro romano o los autómatas en el teatro europeo del siglo XVIII. De hecho la palabra robot viene de una obra de teatro.


PARA IR

Lunes 13 de julio a las 21 y lunes 20 a las 19 y 21. Precio: $ 300.
Temas:

Teatro Ostia

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