Cuando a Macarena Zas se le pregunta cómo fueron los inicios de 1000 Razones, la respuesta surge casi como un reflejo: desafiante. La tienda de alquiler de vestidos de fiesta se fundó hace nueve años y hoy cuenta con dos sucursales en Montevideo –Punta Carretas y Carrasco- pero en los comienzos el comercio fue creado en la casa de Zas.
En aquel entonces, el modelo de negocio era algo ajeno para muchos uruguayos. Entonces, la fundadora debió idear una estrategia que atrajera a los clientes para que se animaran a alquilar la ropa de fiesta. Las primeras usuarias del servicio fueron familiares y amigas de Zas, lo que le permitió validar el emprendimiento y darse cuenta de que efectivamente se podía aspirar a más.
En ese comienzo, una de las claves que tuvo la empresaria fue escuchar todos los consejos que su entorno le daba. Al mismo tiempo, Zas ponía el foco en solucionar los problemas que las personas tuvieran al momento de acceder al servicio.
Sin embargo, el tiempo pasó y hoy en día la tienda de alquiler se consolidó dentro del mercado uruguayo, alcanzando una estabilidad suficiente como para expandir su propuesta y apostar para ir un poco más allá. Todas esas barreras con las que Zas se encontró en los primeros años, sirvieron de aprendizaje y hoy no son más que anécdotas que causan gracia.
Actualmente, 1000 Razones debió darle una vuelta de tuerca al modelo de negocio porque la pandemia hizo que la demanda quedara casi nula. Más allá de los tragos amargos, Zas es consciente de que el coronavirus fue el pretexto ideal para hacer cosas que antes no se hubiera animado.
Además, habló de que el coronavirus los obligó a pensar más en el “día a día” y no poner el foco en las metas de facturación de cara al largo plazo. En este sentido, desde 1000 Razones lanzaron un nuevo servicio que esperan consolidar como tendencia, sobre todo mirando lo que está pasando a nivel mundial.
¿El modelo de negocio de alquiler logró consolidarse?
Creo que sí, porque hay más tiendas que se dedican al alquiler y eso te indica que existe una demanda. Esto está bueno, porque ayuda a que la industria se posicione y se fortalezca, haciendo que sea algo un poco más habitual para los uruguayos.
¿Cuántas reservas promedio tenían antes de la pandemia?
Depende, porque somos un modelo de negocios que es estacional. Es decir, es muy zafral y se da sobre todo en la época donde hay más fiestas como le pasa a toda la gente de la industria. Además, en nuestro caso particular, depende de qué tienda hablemos porque en la de Punta Carretas es una realidad y en la de Carrasco es otra.
En esa zafra que te digo, en promedio, teníamos unas 100 o 130 reservas mensuales. Pero siempre dependía de otros factores que muchas veces no controlamos.
¿Hacen foco en algún segmento de clientes específico?
Sí, sobre todo al principio decidimos hacer foco en la edad que yo más conocía, que era entre los 25 y 30 años más o menos. En ese momento, había casamientos, graduaciones y fiestas más de ese estilo por el tema etario. Ese público aún sigue siendo muy fuerte para nosotros, pero hoy en día nos hemos ampliado y ofrecemos prendas para personas más grandes.
Dependiendo de la edad, siempre buscamos darles nuestra impronta para que sean personas con un estilo que les guste estar a la moda y seguir determinadas tendencias.
¿Cómo impactó la pandemia y cómo vienen surfeando estos meses?
Al principio nos pasó a cero porque las fiestas están canceladas por decreto, entonces no es algo que nosotros podamos cambiarlo. Por eso, en nuestro caso, quizá es un poco más difícil darle una vuelta y poder reinventarte de un día para el otro. Lo importante con el covid-19 es que nos llevó a un lugar en donde nunca habíamos estado, pero nos permitió sacar nuevos proyectos que tenía pensados desde algún tiempo.
La pandemia fue el momento ideal para sacar los proyectos del cajón y encararlos para poder sobrevivir. Nos permitió pensar un poco más a largo plazo, sobre todo porque tuvimos tiempo de sentarnos y ver cómo hacíamos, algo que en el día a día es difícil. Además, nos permitió pensar y reflexionar hacia dónde queríamos ir, y ser más conscientes de desarrollar un modelo de negocio en el que creemos completamente.
¿Cómo fue esa reinvención?
Al principio fue hablando con las personas y contando un poco de qué iba. A partir de ahí, juntamos al equipo y decidimos comenzar a trabajar para que nuestros clientes accedan a prendas que son de diseño, y quizá comprarlas implique gastar mucho más dinero.
Esta semana es el lanzamiento, es la 1000 Club Week, la idea de que sea una semana entera se explica porque no queremos que se aglomere gente y poder cumplir con los protocolos. El nuevo servicio consta de tres membrecías en que las personas se pueden llevar cuatro, ocho o 16 prendas para usar durante todo un mes. Luego, una vez que lo devuelven, se pueden llevar otras.
Leonardo Carreño
En ese sentido, la idea es que el ropero pase a ser rotativo para usar prendas originales y diferentes, que capaz querés usar pero no te los comprás porque es algo puntual. El foco está en encontrar prendas para todos los días, pero que tengan un diferencial. Entre las diseñadoras que tenemos están Caro Criado, Pastiche, Margo Baridon y varias más como Savia.
¿Qué costo tienen estas membrecías?
En promedio, se puede decir que salen entre $ 2790 y $ 7500.
¿Cómo ve el rubro después de la pandemia?
Yo creo que la perspectiva es día a día. Creo que sí estamos pensando a largo plazo, pero no con metas demasiado concretas en materia de facturación. Los que nos reinventamos, estamos en una etapa de validar, de aprender y escuchar para poder seguir adelante. Por otra parte, no sabemos cuándo se va a ir la pandemia, por lo que simplemente nos vamos adaptando a las condiciones que tenemos.
¿Los planes que tenían antes del covid-19 se encajonaron?
No, creo que tuvimos el tiempo de desarrollarlos. Creo que al final todo tomó su curso y fue como que se dio el momento de poder hacerlos. Además, se adelantaron algunas cosas que teníamos proyectadas.