5 de agosto de 2012 22:17 hs

¿Hay algún operativo que haya marcado su carrera?
Las labores que más me gustan son las antidisturbios. Recuerdo muchas, pero más vale no nombrarlas porque son bastante ríspidas con la sociedad.

¿Qué le gusta particularmente?
No quiero decir la adrenalina, pero estos operativos llevan a optimizar los recursos humanos y materiales con los que uno cuenta. Para el jefe que actúa en estas operaciones, la ascendencia sobre la tropa en las maniobras es importante, porque siempre se hacen en inferioridad numérica: la proporción nunca es menor de 10 a uno, y por lo general es de 100 o 200 a uno. Es la labor que más siento. O la que más sentía, porque ya no puedo correr ni media cuadra.

Usted ha desterrado del gobierno de izquierda el temor a hablar de mano firme. ¿Por qué cree que es necesaria?
No tengo raza, religión ni partido político. Aclarado esto, entiendo que por la cultura de este país, hablar de mano dura no es bueno. El uruguayo es un ser independiente, un poquito transgresor, que está acostumbrado a vivir en libertad. Por lo tanto, aplicar medidas duras va contra nuestra idiosincrasia. Entiendo que firme es diferente, porque se adapta a la necesidad del momento. El valor más importante que hemos identificado en la Policía es adaptar la institución al momento que se está viviendo. No es que el sistema anterior fracasó, sino que se agotó por la evolución de la delincuencia. La delincuencia fue cambiando y los sistemas, que eran los mismos, quedaron anticuados. Esta reforma es dinámica, no se agota. El sistema tiene que adaptarse a las necesidades y la Policía debe cobrar vida propia para controlar la evolución del delito.

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La realidad mundial y regional indica que hay cada vez más delitos. ¿Esto implica que habrá cada vez más presencia y control policial?
Puede darse. Está estudiado que a mayor tareas de disuasión hay menos delitos y menos personas privadas de libertad. En agosto veremos si consolidamos la tendencia firme de la baja de las rapiñas. Julio cerró con una baja de estos delitos, en relación a igual mes del año pasado.

Hay quienes asocian el mayor control policial y los chequeos callejeros con la dictadura. ¿Qué responde a esas críticas?
No lo tomo como críticas. Son vivencias de una sociedad. En el proceso militar o la dictadura, como le guste al que lee, hubo determinadas formas de trabajo, hubo un montón de gente que estaba de acuerdo y un montón que no. Los jóvenes que no lo vivieron escuchan y no tienen claro de qué se está hablando. Estas son únicamente medidas policiales con plenas garantías, por lo tanto no es bueno comparar.

Estudió en la escuela militar en 1974 y 1975. ¿Qué recuerdo tiene?
Tengo un grato recuerdo. Fue una buena formación y una gran experiencia de vida. Entiendo que me sirvió mucho. Todavía nos seguimos encontrando con camaradas de esa época. Algunos siguieron carreras militares; otros, la vida civil. Nos reunimos todos una vez al año y varias veces al año, muchos.

Volviendo a los controles, ¿qué resultados ha dado el chequeo de personas en la calle?
Tenemos cifras auspiciosas, pero tampoco es para echar campanas al vuelo.

¿Por qué insiste tanto en que la función disuasiva de la Policía es la que hay que reforzar?
Porque en materia represiva la Policía ya es efectiva. Y además cada peso que se invierte en persuasión y en disuasión es un ahorro para el Estado: hace que haya menos delitos, menos delincuentes presos y permite que el Estado ahorre en gente privada de libertad, que es improductiva. A su vez, desde el punto de vista de la seguridad, es muy importante, aunque también muy difícil de medirlo. Se refleja en lo que dice la gente sobre cómo se siente en materia de seguridad.

En febrero, cuatro meses después de asumir el cargo, usted dirigió un operativo en la Seccional 3ª en el que detuvo a policías acusados de corrupción. ¿Intentó marcar la cancha y establecer un precedente para disuadir?
Eso es para la interna, es más profundo. Lo que hicimos fue marcar que iríamos con todos nuestros recursos contra la corrupción. Estoy de acuerdo con la medida propuesta por el Ejecutivo de aumentar las penas a los policías corruptos, pero la corrupción hay que mirarla desde un punto de vista general, porque es un tema transversal a toda la sociedad.

¿Es injusto que se aumenten las penas solo para los policías que cometen delitos y no para otros funcionarios corruptos?
No quiero entrar en ese debate.

En los últimos cinco años, han pasado cinco jefes de Policía por Montevideo. Su antecesor, Walder Ferreira, que ocupó 18 meses el cargo, renunció por “el alto desgaste” que genera el puesto. ¿Usted siente ese desgaste?
Esta labor desgasta bastante, pero tengo 53 años. Van ocho meses. No me encuentro cansado. Voy a estar hasta que el mando político y policial entienda que mi tarea es necesaria. Mi objetivo es quedarme hasta marzo de 2015. Pero eso lo resolverán los mandos o, en caso de llegar, el próximo gobierno.

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