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"Máxima alerta" en el PSOE para lograr la investidura de Pedro Sánchez

Un solo voto puede impedir la elección del líder socialista como presidente del gobierno español, tras un fin de semana de debate parlamentario de alto vuelo, a veces; de crispación, las más

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07 de enero de 2020 a las 05:00

Cuando este martes a las 12:00 horas de Madrid  —las 08:00 horas en Montevideo— se instalé el Congreso de los Diputados para decidir la investidura de Pedro Sánchez, el presidente en funciones contará con 167 votos a favor y 165 en contra, una relación de síes y noes que le bastará para cumplir con el objetivo de dotar a España de un gobierno, tras un 2019 en el que fueron convocadas dos elecciones (abril y noviembre) con ese propósito.

Un único voto afirmativo que cambie a negativo frustrará el intento de Sánchez de formar gobierno, luego de un ejercicio de cálculo e insistencia política que comenzó 48 horas después de los comicios del domingo 10 de noviembre cuando anunció, de forma sorpresiva y con un abrazo inesperado, una coalición con Unidas Podemos, el partido a su izquierda que lidera Pablo Iglesias y con el cual había sostenido en las semanas anteriores un tira y encoge sobre esa discutida alianza.

Dos meses después de la elección, Sánchez conquistó los apoyos posibles y las abstenciones posibilistas, ente éstas las de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y sus 13 escaños que desató la furia incontenible del Partido Popular, el ascendente VOX y el muy minimizado Ciudadanos. Sánchez es para estos enconados adversarios un "traidor" a España, por negociar con una parte, la más grande, del separatismo catalán.

Y es ese asunto, el polémico, cuestionado y, quizás también, indispensable acuerdo con los catalanes, lo que puede hacer dudar en la última hora, en el último minuto, a ese voto decisivo. 

En la convocatoria parlamentaria de este fin de semana  —un debate con momentos de alto vuelo, y otros de franco y bajo encontronazo— uno de esos votos cruciales en un parlamento fragmentado decidió camino de la tribuna de oradores pasar de la abstención al no, sin plegarse a la línea adoptada por unanimidad en su grupo político, Coalición Canaria.

La diputada Ana Oramas durante su intervención el sábado expresó, como lo recoge el diario El País y como se pudo ver en las transmisiones del debate, que había decidido oponerse a la investidura porque consideraba que el acuerdo entre PSOE y ERC "ponía fin al estado de derecho tal y como lo conocemos". Coalición Canaria le ha pedido que rectifique pero ella se ha mantenido en su posición, incluso, ante la posibilidad de su expulsión.

¿Podrá repetirse algo semejante en la sesión de este martes que haga añicos la investidura de Sánchez? 

En las sesiones de sábado y domingo el PSOE sabía que iba a perder la votación porque requería 176 apoyos de los 350 escaños del Congreso de los Diputados o Cámara Baja. En la votación de 48 horas después, la de este martes, con el peso de las 18 abstenciones trabajadas y reafirmadas, solo se requiere que los sies sean más que los noes. Por lo tanto, ahora sí, un voto que se mude, que vire, será decisivo.

Y ese es el caso del novel representante Tomás Guitarte de Teruel Existe, una agrupación de electores que se estrena en las lides parlamentarias, que le dio el sí a Sánchez. 

EL País refiere que Guitarte soporta una presión inaudita para que modifique su decisión. "Miles de correos electrónicos saturan su bandeja de entrada pidiéndole que cambie el voto, su pueblo ha amanecido con pintadas en las que le llaman 'raidor', en la red suma firmas a toda velocidad —ya son 43.000— de una campaña de Hazteoir que le reclama que' 'frene' a Pedro Sánchez", se lee en el diario madrileño.

Él, como Oramas, pero en la otra banda, se mantiene firme. Pero aún no comienza la sesión.

La patria y la diversidad

España vive desde 2015 una situación de inestabilidad política derivada de un conjunto de factores: la perdida de confianza en las dos formaciones políticas que han gobernado desde la década del ochenta, PSOE y PP, el embate de la crisis económica del 2008 aún sin superar, los continuos casos de corrupción, el hastío creciente de la ciudadanía sobre la política, a lo que se suma ahora el reto del independentismo catalán que tuvo su máxima expresión en el referéndum ilegal de 2017.

En el diario La Vanguardia de Barcelona, el columnista Enric Juliana habla de tres olas de crispación que han sacudido España, citando al politólogo Lluis Orriols. Y las tres de alguna forma están vinculadas al ejercicio del poder por los socialistas: la primera cuando se apagaba la figura política de Felipe González, la segunda durante el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y ahora con la probable investidura de Pedro Sánchez con el apoyo de Unidas Podemos y los nacionalistas vascos, más la abstención de ERC.

El debate del fin de semana permitió observar el choque de los bloques parlamentarios: el del si, que suma fuerzas de izquierda moderada, nacionalismos y una expresión del separatismo que accedió a negociar; y el bloque del No donde se juntan PP, Ciudadanos y Vox, éste el partido que más creció en las elecciones de noviembre con un lenguaje directo, simple y sin matices que advierte del peligro inminente de la desintegración de España al dialogar con los catalanes incursos en sedición y traición a la patria.

El PSOE presentó un programa "progresista" de marcado acento social, con propuestas en el campo de la ecología y de la reivindicación de la mujer, junto con la promesa de disminuir las desigualdades derivadas de la crisis económica de hace más de 10 años. Sin embargo, el tema en debate es el acuerdo con ERC.

Un despacho de la agencia AFP recoge las palabras de Pablo Casado, líder del PP, quien afirma que el de Sánchez será un gobierno" Frankenstein" formado por "comunistas" y "separatistas".

"Nos enfrentaremos a esta operación de derribo constitucional (...), no habrá recurso que no utilicemos para combatir la pretensión de acabar con España", afirmó.

Aitor Esteban,que asumió la vocería del Partido Nacional Vasco (PNV), en una sensata intervención le recordó a Casado sus palabras: "no habrá recurso que no utilicemos para combatir la pretensión de acabar con España". Qué significa eso, se preguntaba el dirigente vasco. "¿Cualquier recurso, qué tipo de recurso?".

Esa España crispada entre una visión única de su unidad y otra que privilegia lo diverso y complejo de su conformación asiste a esta sesión definitiva para formar el primer gobierno de coalición desde los años previos a la Guerra Civil (1936-1939). "Quizás estemos en un fin de ciclo", dijo Esteban, que se declara optimista y, a la vez, prudente y atento. Y le aconsejó a Sánchez dosis por igual de audacia y mesura.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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