Agro > Entrevista/Matías Carámbula

"Para la mujer del ámbito rural no se trata solo de la producción, sino también de la educación, la caminería y la salud"

El director general de Desarrollo Rural de Canelones habló sobre la particular estructura agraria de su departamento y como la mujer aporta una visión más integral al campo

<b>El director general de la Agencia de Desarrollo Rural de Canelones Matías Carámbula</b>

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29 de junio de 2018 a las 05:00

¿Qué objetivo tuvo, en 2015, la creación de la Agencia de Desarrollo Rural en la Intendencia Municipal de Canelones (IMC)?
Desde la creación de la Agencia se comenzó con una nueva etapa, en la cual se planteó una mirada más integral del desarrollo rural incorporando la dimensión productiva, pero también enfocado en lo económico, social, cultural y ambiental. Desde esa perspectiva política más diversa, cruzado con las particularidades que presenta Canelones, se buscan desarrollar dos grandes programas: Canelones la Soberanía y Derechos y Ciudadanía del Campo Canario.
¿Qué particularidades presenta Canelones?
Es un departamento en el que podemos hablar de cadenas locales de producción, que a veces se trata de cadenas familiares y de soberanía, porque la mayoría de los rubros que se desarrollan están vinculados al consumo interno de alimentos, aunque haya líneas de exportación como la del vino. A diferencia de otros departamentos, tiene una centralidad en la producción porque va dirigido al consumo uruguayo.

¿Y la participación productiva?
Cuando miramos las cadenas globales de valor como agricultura, forestación, arroz, cebada, citrus o lechería, Canelones apenas participa en el 7% de la producción nacional. En lo que tiene que ver con horticultura, fruticultura, viticultura, cerdos y aves en algunos casos el 70% se produce en Canelones. Es una gran diferencia que implica saber hacia dónde se mira la producción agropecuaria y cuál es el destino de las ventas, porque en definitiva eso es lo que explica los problemas. Mientras en Canelones las dificultades radican en que no aumenta el consumo, para una empresa que planta soja uno de los temas centrales es el precio internacional.

¿Qué otras características implica esa dinámica productiva?
Canelones tiene una estructura agraria diferente. El promedio de explotación es de 40 hectáreas, mientras que en el resto del país es de 400. Para una empresa multinacional competir por 40 hectáreas no es atractivo, por lo que hace muy complejo lo que llamamos la territorialización del capital o el agronegocio. En ese sentido es una limitante con respecto a la productividad.

En ese marco, ¿hay problemas de productividad?
La producción familiar no hay que asociarla al campesino. Ha aumentado su productividad e incorporado tecnología. La industria frutícola, hortícola y avícola ha invertido en mucha tecnología para mejorar su eficiencia, pero el techo sigue siendo ese mercado que no crece en cantidad de consumidores ni en volumen.

Pero predomina la lógica del productor familiar.
Sí. La producción familiar tiene una centralidad y una lógica diferente a la de las empresas y al productor empresarial. Por más que el tomate baje de precio por uno o dos años, tiene formas de resistencia permanente que se mantienen. Es mucho más estable que la fugacidad que puede tener la agricultura, que si el precio internacional no sirve durante unos años se cambia a otro sector. La agricultura depende mucho del clima y de un mercado, como la sequía en el primer caso y China en el segundo. Eso hace vulnerable un modelo de producción con una mirada a mediano o largo plazo.

¿Hay otra concepción de cómo llevar adelante el negocio?
En el caso de los productores de Canelones su forma de pensar y razonar es distinta. Si muchos productores familiares hicieran un análisis económico de su rentabilidad en su historia reciente, probablemente no estarían cobrando un sueldo y su rentabilidad sería negativa. Es una diferencia central. La mayor parte de la mano de obra es familiar no asalariada. Si fuera una empresa y los números están dando ahí o en rojo, ese rubro se deja. Esta forma de pensar explica que se siga produciendo tomate en un mercado que no aumenta el consumo ni la cantidad. Se generan un montón de estrategias de permanencia que no entran en la lógica empresarial convencional. El mercado de la horticultura, por ejemplo, es principalmente interno, cuando somos poco más de tres millones hace años. En los casos de consumo de frutas y verduras si bien hay políticas de incentivo que han llevado a que aumente un poco, todavía tiene un horizonte de 40% más de consumo por persona.

¿Cómo evoluciona la población rural?
Ha aumentado. No por el lado de los productores, sino porque creció la residencia en el medio rural, con muchos migrantes de la ciudad al campo que buscan nuevas formas de vida, sobre todo en la periferia de las ciudades importantes. También hay nuevos productores con una impronta y mirada diferente. Se está dando un proceso migratorio de la composición de la ruralidad canaria que es bastante interesante de ver, con una diversidad y complejidad de la estructura social. Hay productores más tradicionales que se mantienen y sobreviven a pesar de problemas de rentabildad, pero también se pueden encontrar hijos de esos productores que son los que están incorporando tecnología y otros rubros como el ovino o la lechería. Esto ha implicado un cambio interesante en el último tiempo.

¿Qué políticas implementa la intendencia?
Hay dos bien definidas. Una es profundizar el protagonismo de la mujer, basados en el concepto de la importancia que tienen como referencia política en el desarrollo rural. En el caso de las mujeres hay una cuestión más afecta al compromiso de identidad con el territorio. Para la mujer del ámbito rural no se trata solo de la producción, sino también de la educación, la caminería y la salud. Cuando se van integrando a espacios de participación se trasladan estas inquietudes y lo rural adquiere una forma más integral y compleja. Ese es uno de los procesos más lindos que hemos ido viendo.
¿Y la segunda está relacionada con la soberanía que mencionó?
Un tema es el cuidado del agua tanto para el consumo humano como para la producción. Hay varios problemas, algunos que forman parte de la política nacional en el manejo de la cuenca del Santa Lucía. La intendencia está yendo en la línea de armar un plan de reordenamiento territorial, incorporando áreas buffer y de amortiguación vegetal en los cursos de agua. El otro punto es garantizar que no haya problemas de abastecimiento. Poder mantener esa forma de producción característica que no tiene la volatilidad y la fugacidad del agronegocio.

Se han denunciado problemas de seguridad en la zona rural, incluso han existido reclamos de parte de vecinos.
Hay un problema. Tenemos una Comisión Honoraria de Seguridad Rural, que en realidad está funcionando más o menos. A veces las respuestas de la instituciones públicas son más lentas en relación a la realidad que demandan y plantean los productores y los vecinos. Si tomamos a Canelones según la cercanía a Montevideo, se pueden armar tres o cuatro coronas. Si se toma la primera de ellas (la zona rural de Las Piedras y de Pando), los problemas de seguridad son como los de un área urbana casi, con episodios de violentar la propiedad privada con personas adentro. Hay un traslado de la ciudad. Pero a medida que te vas alejando si bien los problemas están presentes, bajan en relación a la primera y segunda franja.
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