15 de mayo de 2015 19:10 hs

El año pasado el disco debut de la banda Julen y la Gente Sola fue uno de los mejores del año. Nacido del indie, difundido por un grupo de músicos y periodistas y masificado por la web, generó furor y optimismo en partes iguales. Sin embargo, para ellos esta reacción no fue una sorpresa. “Cuando tocábamos las canciones, cuando las estábamos haciendo y grabando nos pasaban cosas saladas”, contó su compositor y voz, Federico Morosini a El Observador. “No teníamos ninguna expectativa, solo queríamos grabar. Pero a nosotros ya nos había pasado esa sensación”.

Julen y la Gente Sola se compone de un pop confesional y una mirada fresca y personal sobre ese momento en que un adolescente hace el irremediable salto a la adultez. Su sonido tiene mucho que ver con bandas internacionales como Belle and Sebastian o los locales Carmen Sandiego. Sin embargo sus letras y su interpretación los hacen únicos.

Hoy presentan oficialmente este disco en el Auditorio Vaz Ferreira con entradas a $ 150.

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Del cuarto al escenario

Morosini comenzó a escribir como forma de dejar plasmadas las cosas que no contaba. “Sin querer, las cosas que escribía tenían forma de canción”, contó. No sabía tocar la guitarra pero eso lo llevó a aprender. Con un cancionero de Alfredo Zitarrosa y algunos acordes enseñados por su hermano, armó sus primeras canciones. Y con el micrófono de la computadora empezó a grabar compulsivamente. Mucho de ese trabajo se puede encontrar hoy en la red social Bandcamp de su sello digital, Nikikinki Records.

Su primera vez en el escenario fue en 2010, en el medio de un festival de Murga Joven organizado por su hermano, uno de los únicos que había escuchado sus canciones. “Medio que me forzó a hacerlo”, contó entre risas el músico. “Me acuerdo que era invierno, hacía un frío horrible y era en un bar en la esquina de casa. Estaba re asustado. Me subí al escenario, toqué y me volví a mi casa”. Ahí muchos, incluso su madre, se enteraron que hacía canciones.

“Yo siempre cantaba bajito para que nadie se enterara. Era casi un secreto, me daba pila de vergüenza. Hacer canciones era sacar todo lo que estaba dentro para afuera”, dijo. De no hablar de sus sentimientos pasó a contárselos a todos arriba del escenario. Pero decidió no quedarse solo con esa experiencia.

La banda vino después. Primero fue Juampi en guitarra. Luego conoció a Marcelo en el liceo, que tocaba la batería, y por último a Agustina, bajista que se unió al trío cuando el disco se estaba grabando. Todos usan sus nombres y apodos como seudónimos artísticos.

Sin embargo, la pluma de Morosini rinde para varios grupos y proyectos que muestran sus diferentes inquietudes. Desde una trilogía de amor y desamor bajo el nombre Los Amores Imaginarios o el EP Las Naves, un conjunto de temas inspirados en el espacio con sonidos de juegos de video. “Eran proyectos que pretendía que fueran más largos y o no me dio el tiempo o porque me aburría los saqué con menos canciones”.

Si bien antes grababa todo el tiempo, ahora está haciendo cosas en la “vida real”. Tocando con Julen, pero también con otros proyectos como Las Valerias, junto a Flavio Lira de Carmen Sandiego, o la banda Los Solymareños.

Muchos de los temas de Julen y la Gente Sola son autobiográficos. Sin embargo otros son protagonizados por personajes imaginarios que canalizan otro montón de situaciones que le pasaron a otros como Sofía o Ana Sofía, un nombre recurrente que aparece en un EP y en las canciones Nunca viajé en aviones y El último día de Sofía. "Fue un poco una trampa que le hice al mundo: inventar un personaje ficticio para que depositara todo ahí y no implicarme a mí mismo. Cuando me preguntaban quien era Sofía me ponía en plan personaje y decía algo así como ‘es una persona de la cual no quiero hablar’. Era divertido. y la gente se lo creía", contó Morosini.

Hay historias que tienen su arraigo en el liceo, otras que despertaron por los mismos dolores de crecimiento. “Surgieron en ese momento en que estás yendo a la adultez. Que es horrible y que no querés aceptarlo. Y muchas de las canciones tienen un desenfado del mundo adulto y no querer crecer. Te espera un mundo horrible allá afuera”, afirmó.

Entre todas se destaca Alquimista, el segundo corte de difusión y hasta ahora su mejor canción, que como muchas de las creaciones de Morosini, habla del amor, de enamorarse de una manera que “te asalta y te pone contra el piso”, describe. “Pasan cosas y hacés canciones. Cuando era más chico el tema era más el no amor, el proyectar hacia el otro. De ser tímido y no animarte a encarar. Después crecés y se te pasa”.

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