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La espada no se rompe: ¿Por qué el cine está tan obsesionado con la leyenda del Rey Arturo?

A pesar de la vaguedad de la historia original, la leyenda del Rey Arturo ha tenido incontables versiones en la pantalla grande; la última, "Nacido para ser rey", llega esta semana

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18 de febrero de 2019 a las 05:00

Los años pasan y la densidad de la niebla que oculta la historia aumenta. El Rey Arturo, uno de los héroes más emblemáticos de los mitos europeos, sigue escondido bajo una capa impenetrable de desconocimiento y vaguedades históricas que no revelan la verdad. Hoy, en pleno 2019, asociamos el mote de “artúrico” a aquellas gestas medievales que se enmarcan en la denominada Materia de Bretaña, pero aún a pesar de los escritos que monjes y escribas de la época dejaron a raudales, todavía no se ha podido probar la existencia real del legendario héroe bretón. Ni siquiera sabemos si podemos ubicar sus historias en Inglaterra, Gales o Francia. 

En ese sentido, sus archiconocidas historias y leyendas siguen resistiendo al paso del tiempo bajo un halo de duda; suenan a ficción, a una época en que los caballeros recorrían la campiña inglesa de castillo en castillo, liberando doncellas y combatiendo monstruos feroces. Todo suena a una gran historia inventada en la que los héroes deliberaban en una mesa redonda y buscaban de manera incansable al Santo Grial, el tesoro más imposible de la historia universal.

Es posible que esta ambigüedad histórica, esta falta de pruebas apuntaladas por el Carbono 14, sea parte de la explicación de por qué la leyenda artúrica sigue siendo germen de nuevas historias en la ficción contemporánea más pop. La imposibilidad de probar los hechos que rodean la leyenda ha hecho que, a lo largo de la historia de la literatura, el cine y la televisión, el nombre de Arturo haya aparecido bajo múltiples manifestaciones que se tomaban más o menos licencias a la hora de narrarlo. 

Así, las formas de Arturo han sido varias: fue un niño curioso, aventurero y animado; un caudillo renegado y exiliado; un adolescente universitario desencantado con su destino; un pandillero buscón que debió afrontar su legado; y hasta fue un caballero tontorrón que debió soportar las burlas de un reino entero. Y como Arturo, el resto de los personajes que lo rodean también han mutado con el tiempo; el mago Merlín, por ejemplo, ha sido desde un viejo verde y adicto hasta un mentor sabio o tiránico. Lo mismo con Morgana y Lancelot. 

Camelot, el legendario reino artúrico, en tanto, se ha mantenido casi siempre inmutable como ejemplo de una nación sabia, resplandeciente y próspera. Como la idealización máxima de la Época Medieval. 

Así lo explica, por ejemplo, Umberto Eco en su libro Historia de las tierras y los lugares legendarios: “En la imaginación popular ha arraigado la imagen de un Camelot fabuloso difundida (por no hablar de la obra de Mark Twain de 1889 Un yanqui en la corte del Rey Arturo) por la industria cinematográfica y televisiva, que ha creado infinitas historias sobre el palacio de Arturo, desde el Parsifal de 1904, al famosísimo musical Camelot de 1960, y hasta nuestros días”.

Dándole la razón a Eco, cuando se repasan los números  oficiales se encuentran al menos 74 películas que tienen a Arturo como personaje o adaptan algunas de sus leyendas o lo utilizan como personaje secundario. Y varias de ellas se estrenaron en Uruguay. Precisamente, una de esas tantas adaptaciones se enfoca en el texto de Twain del que Eco hace referencia. Un yankee en la corte del Rey Arturo es de 1949, pero en el Cine Plaza de Montevideo se estrenó en 1951.

Una de las versiones más recordadas pertenece a Disney y situó a Arturo bajo un esquema infantil: fue La espada en la piedra, película de 1963, que se coló entre los grandes clásicos del siglo XX de la compañía y que muchos rememoran con cariño. Pocos años después, el grupo de cómicos ingleses Monty Python estrenaría Los caballeros de la mesa cuadrada (1973), uno de sus trabajos más hilarantes. En ella, un infeliz Arturo viaja por Bretaña reuniendo tropas para reconquistar Camelot, en una misión que está plagada de chistes y gags clásicos de los Python, que se burlan de todos y de todo.

Más cercana en el tiempo son Excalibur, de John Boorman (1981) y Lancelot, el primer caballero (1995), de Jerry Zucker. La última es añorada especialmente por las generaciones que hoy tienen entre 40 y 55 años, que atestiguaron como un todavía vigente Sean Connery se ponía en la piel de Arturo y Richard Gere hacía las veces de un Lancelot de cabellera envidiable.

Y entre esa película y los días actuales, la leyenda se ha ido agrandando con todo tipo de versiones, homenajes y pequeñas apariciones; se estrenó Rey Arturo (2004) con Clive Owen y Keira Knightley; fue uno de los personajes de Shrek Tercero (2007); se convirtió en un héroe de acción para Guy Ritchie en el fracaso que fue Rey Arturo: la leyenda de la espada (2017); y hasta formó parte de la infumable saga de los Transformers en su última entrega (2017).

Y ahora, pocos meses después de la última actualización, Arturo, Merlín, Fata Morgana y los caballeros de la mesa redonda vuelven a tener un nuevo rostro. Mejor dicho, rejuvenecen, ya que en Nacido para ser rey, la Materia de Bretaña reencarna en la historia de Alex, un niño de 12 años que hace su vida normal en la Inglaterra actual hasta que se tropieza con Excalibur, aparece Patrick Stewart como Merlín y prácticamente lo obliga a salvar al mundo.

La película se estrena esta semana en Uruguay y llega precedida de críticas favorables que destacan su humor, irreverencia y el tono actual de esta aventura diseñada para toda la familia y orquestada por el cineasta inglés Joe Cornish. Este ya había probado tener buenas herramientas para el entretenimiento con su  primera película, Attack the block (2011), y con los guiones de Las aventuras de Tintín y Ant-Man

Nacido para ser rey funciona como recordatorio de que la leyenda artúrica sigue vigente y está dispuesta a ser moldeada al antojo de quienes decidan internarse en ella. A fin de cuentas, si una historia tan longeva y vaga consigue resistir cientos de versiones y continúa siendo terreno fértil para el entretenimiento puro significa que tiene elementos necesarios para perdurar muchos siglos más. Incluso cuando no está muy claro si de verdad hubo un tiempo en el que las decisiones se tomaban en torno a una mesa redonda y se veneraba a un rey de nombre Arturo y apellido Pendragón.

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