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Monty Python: seis locos sueltos en Netflix con dos películas para morir de risa

Los Monty Python llegaron a Netflix hace unos meses y con ellos, dos de sus películas más hilarantes: "Los caballeros de la mesa cuadrada" y "La vida de Brian"

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05 de febrero de 2019 a las 05:00

A continuación, algunos datos para entender el éxito y la influencia de los Monty Python: Saturday Night Live, John Oliver, Diego Capusotto y los Les Luthiers, todos confirmaron haberse inspirado en ellos; en 2005 tres de sus miembros aparecieron dentro de la lista de la BBC de los mejores comediantes de todos los tiempos; para su show de despedida, en 2014, se agotaron las entradas en 43 segundos y los vieron 15 mil personas en vivo; tienen incontables horas de sketches, cuatro películas, un show de televisión de 45 capítulos y varias obras de teatro; la palabra pythonesque, en inglés, quedó para siempre asociada al humor absurdo; la palabra spam, que hoy usamos todos los días, fue inventada por ellos en un sketch; entre Júpiter y Marte hay un cinturón de asteroides en el que seis de los cuerpos espaciales fueron nombrados como los miembros del grupo; en 2009 ganaron un Bafta honorífico por su legado; los llaman los Beatles de la comedia.

John Cleese, Eric Idle, Terry Gilliam, Michael Palin, Graham Chapman y Terry Jones. Esos seis nombres cambiaron para siempre la manera de hacer comedia en televisión. Activos a partir de la década de 1960, con separaciones, reuniones y una muerte trágica –la de Chapman, por un cáncer a los 48 años–, los Monty Python se especializaron en el humor tontorrón y políticamente incorrecto, que los enfrentó a los pacatos censores de la cultura británica numerosas veces. 

Todos ingleses –a excepción de Gilliam–, los Python dejaron una huella honda en varias generaciones de comediantes que luego llegaron a la pantalla chica. Así los recuerda, por ejemplo, John Oliver, en una columna escrita para The Guardian: “Este extraño grupo de idiotas increíblemente talentosos, apropiadamente irrespetuosos, enormemente imaginativos y masivamente inspiradores cambió para siempre lo que la comedia podía ser para su generación y para los que vinieron después”.

De manera colaborativa, los seis miembros de la troupe se encargaban de cada uno de los aspectos de las producciones en las que se embarcaban: ellos actuaban, cantaban, guionaban, dirigían y hasta elaboraban el diseño de arte –que en general estaba pautado por las ilustraciones de Gilliam–. Así, siempre mantuvieron el control creativo, no se doblegaron ante las intenciones del mercado y su humor original y absurdo se convirtió en un sello. Hasta Margaret Tatcher,  saliendo de su habitual encorsetamiento, se animó a imitar una de sus frases más icónicas en uno de sus discursos.

En 2019 se cumplen 50 años del estreno de Monty Python’s Flying Circus, el programa emitido por la BBC que los catapultó a la fama. Y desde hace pocos meses, los 45 episodios de ese show están disponibles en Netflix. Sin embargo, ese no es el único material de estos ingleses irreverentes que puede encontrarse en la plataforma. También están disponibles tres de sus películas: El sentido de la vida, Los caballeros de la mesa cuadrada y La vida de Brian. De las dos últimas, dos joyitas del humor disparatado, es que se hablará a partir de este punto y aparte.

Dos por uno

Avancemos de manera cronológica. En 1975, pleno auge de su comedia, los Python estrenaron Los caballeros de la mesa cuadrada, en la que recrearon el mito artúrico con sendas dosis de ironía, anacronismos y comedia descabellada. 

Ubicada en el año 932, la película muestra al rey Arturo –Graham Chapman– en medio de su misión más importante de todas: recuperar el Santo Grial. En el camino, Arturo deberá luchar contra diversos monstruos, un caballero negro inclaudicable  –aún cuando le falten las piernas y los brazos– y una legión de enemigos que compiten por ver quién es el más estúpido de todos. Conscientes de su éxito europeo, los Python aprovechan en esta película para referenciar la situación política de la época a través de momentos hilarantes, que se enmarcan en una Edad Media más lamentable y penosa que épica.

Los caballeros de la mesa cuadrada fue filmada en un mes por la falta de presupuesto, y su rodaje estuvo lleno de incidentes que dificultaron la realización –entre ellos, el alcoholismo galopante de Chapman, quien sufrió varios episodios de delirium tremens–. Aun a pesar de los contratiempos, se las arreglaron para alcanzar un pico creativo en su historia, además de que la película está catalogada como una de las mejores parodias/comedias anglosajonas.

Cuatro años más tarde, en 1979, los Python volvieron a la carga con otra burla histórica, esta vez un poco más polémica: fue La vida de Brian, una película bíblica sobre Brian de Nazaret –de nuevo Chapman–, nacido el mismo día que Jesús a unos pocos metros de su pesebre. Por cuestiones accidentales, Brian es confundido, ya en su adultez, con el verdadero Mesías, algo que le trae varios dolores de cabeza.

La vida de Brian casi no sale a la luz. Además de graves problemas financieros –que se solucionaron cuando el beatle George Harrison, fan del grupo, desembolsó 4 millones de libras para su rodaje y lo financió de manera total–, en poco menos de hora y media la película se burla de todos los condimentos culturales presentes en la Biblia, desde el fanatismo de los seguidores de Jesús, hasta las lapidaciones públicas, lo que despertó la ira de las comunidades cristianas. Además, juega con tópicos candentes para la época, entre ellos la identidad de género, las guerrillas y el imperialismo.

En La vida de Brian, los Python no temen meterse hasta con la ciencia ficción –George Lucas, creador de Star Wars, se declaró fan de una lisérgica escena de naves espaciales– y se dan el gusto de cerrar con una de las canciones que luego se convertirían en una de sus composiciones más recordadas: Always look on the bright side of life. Idle cantó esta canción en el funeral de Chapman.

Después de Los caballeros de la mesa cuadrada y La vida de Brian, todos los admiradores de la comedia y el disparate se rindieron ante este puñado de cómicos que no respetaba a nadie ni a nada y que, a fuerza de escenas legendarias y sketches inolvidables, se metieron en el corazón de miles de espectadores. Ahora, en Netflix, esta alocada troupe está al alcance de un clic. Es una buena excusa para conocerlos a través de estas dos películas hilarantes y, después, navegar en todo el legado que dejaron. Es una cantidad de material impresionante donde las risas son inevitables y que los refuerza como los cómicos ineludibles que hoy, 50 años después, siguen siendo.


 

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