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3 de diciembre 2017 - 5:00hs
La fuga de Punta Carretas: El abuso iba a ser la tercera película animada uruguaya. Con los antecedentes de Selkirk, el verdadero Robinson Crusoe (2012) y Anina (2013), el largometraje iba a llevar a la pantalla grande la historia del famoso escape de los tupamaros con una animación inspirada en Persépolis, la galardonada película francesa de animación. Sin embargo, cuando el estudio encargado del proyecto ya tenía el diseño pronto y se aprestaba a comenzar con su producción, el dinero no llegó. Y la tercera película uruguaya de animación no pudo hacerse.

Sin embargo, el mismo estudio que sería el encargado de animar la película tiene hoy en la pantalla de TNU a Billy The Krill, una serie animada que ha llamado la atención en distintas compañías del rubro en el mundo. La producción de Coyote Sociedad Animada –que demandó un proceso de trabajo de casi 10 años– se estrenó en setiembre de este año y costó alrededor de US$ 100 mil.

Ambos casos sirven como ejemplo para pintar el panorama de la animación en Uruguay. A pesar de los años de trabajo invertidos, las buenas ideas volcadas en guiones y el amor propio de los animadores locales, los casos de éxitos son contados. Tanto en televisión como en el cine. Sin embargo, cuando aparecen, resuenan.
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Así lo hizo Selkirk, película nacida en el seno del estudio de uno de los nombres referentes de la animación local: Walter Tournier. El creador de los históricos Tatitos presentó en 2012 la vida de Alexander Selkirk, un marinero escocés que pasó varios meses varado en una isla chilena, y que inspiró al escritor Daniel Defoe para crear a Robinson Crusoe. La película fue creada con la técnica stop-motion, una herramienta popularizada en el país por Tournier Animation, la empresa del animador.

También lo hizo Anina, largometraje animado a cargo del ilustrador y director rochense Alfredo Soderguit, que circuló por Latinoamérica y Europa y que en Francia, por ejemplo, fue visto por más de 60 mil personas.

Ambas películas posibilitaron que la animación uruguaya comenzara a cobrar relevancia en festivales internacionales, y que llegara, por ejemplo, a plataformas de streaming internacionales. Pero a pesar de que su recorrido es encomiable, para los animadores en Uruguay el trabajo hoy todavía es a pulmón.

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Un salto al vacío

"No es un mito que es caro, son muchas horas de mano de obra y de disponibilidad de recursos humanos, que es lo que más cuesta conseguir", explicó a El Observador Alfredo Soderguit, director de Anina y uno de los creadores de Palermo Estudio, empresa que se dedica a realizar audiovisuales animados.

Soderguit debutó en el cine de animación con Anina –una película basada en un libro de 2003– y, para él, repetir el éxito de la película sería difícil en 2017 por la cantidad de fondos públicos que se necesitan y los recortes que se han ido sumando en los últimos tiempos.

Según el director, la producción de Anina fue posible porque consiguió todos los apoyos disponibles en aquel momento y porque se realizó un trabajo de hormiga en la preproducción. "Hoy un proyecto de ese tipo no se puede pensar fuera de una coproducción donde se renuncie a, al menos, el 50% del control del producto", dijo.

Sin embargo, Soderguit estableció que tanto Selkirk como Anina sentaron precedentes en materia de aprendizaje dentro del género, y aseguró que quienes trabajaron en las producciones pudieron entender, de alguna manera, cómo pararse frente a futuros proyectos similares. "Los ilustradores nos empezamos a dar cuenta de cómo adaptarnos de acuerdo a las posibilidades, a identificar qué proyectos son viables en Uruguay, cuáles podemos hacer con los medios que tenemos a disposición", comentó.

En ese sentido, el estudio de Soderguit se encuentra abocado a un nuevo proyecto titulado Dos pajaritos, una serie animada basada en un libro homónimo colombiano. La serie se encuentra en etapa de preproducción y Soderguit estima que las animaciones comenzarán a crearse en febrero del año próximo. La idea de Palermo Estudio es poder estrenarla en televisión nacional y, a la vez, llegar nuevamente al exterior con un producto propio.

Para Ricardo Pisano –uno de los fundadores de Coyote Sociedad Animada– lanzarse a hacer animación en el país es una empresa destinada a "quijotes", y la posibilidad de crecer dentro de la industria depende de tantos factores que termina siendo muy difícil concretar proyectos de alto alcance.

"La condicionante más dramática es el tamaño del mercado. Eso nos pone el techo, las dificultades. La ecuación de costos en la producción animada nunca termina de ser viable en Uruguay. Es un salto al vacío". Por eso, al igual que Soderguit, Pisano asegura que son fundamentales las coproducciones internacionales para que los proyectos no naufraguen en el camino.

"En medio de la producción de Billy The Krill nos quedamos sin plata. Para terminarla tuvimos que ir a dos fondos más en medio de la producción, con los riesgos que eso implica. Por suerte acá hay gente que tiene mucha voluntad y dedicación. La verdad es que en Uruguay los animadores son Highlander", explicó.

Además de Billy The Krill, TNU puso al aire otra serie animada en 2016 dedicada a los más chicos de la casa: Anselmo quiere saber. La producción, que se estrenó en julio del año pasado y que aún se puede ver en YouTube, es un proyecto multiplataforma; funciona como serie, una aplicación para Plan Ceibal, una historieta digital y una web interactiva.

Lala Severi –directora de arte de Selkirk y una de las que lleva adelante Tournier Animation junto a Walter Tournier– coincidió en que las dificultades de otras épocas se mantienen, pero con el agregado de que la calidad de las animaciones ha aumentado, al punto de que, según ella, no es utópico que una producción local se compare pelo a pelo con una producción extranjera y salga airosa.

"La calidad de las animaciones que se hacen en Uruguay es comparable con las que se pueden encontrar en el exterior. Pero el problema y el desafío es el mercado", dijo.

Según adelantó Severi a El Observador, Tournier Animation se encuentra en plan de comenzar con la producción de un nuevo largometraje, que se titulará Pueblo Chico. Para empezar a recaudar fondos para la producción, Tournier viajó esta semana a Buenos Aires, donde postuló el proyecto en Ventana Sur, un evento latinoamericano que apunta a reunir posibles productores con los desarrolladores de los proyectos. Severi estima que recaudar los fondos para comenzar a animar requerirá un tiempo considerable.


El peso del Estado

Todos los involucrados en animación coinciden en que el apoyo estatal es clave para que el mercado uruguayo logre, finalmente, instalarse como un lugar de referencia en el rubro. Para algunos, el recorte de distintos fondos públicos a los que antes se podía acceder –como los Fondos Concursables, que cambiaron su estructura respecto a la categoría que involucraba animación– ha imposibilitado una expansión mayor, y por eso reclaman mayor intervención del gobierno en la programación local de cine.

"Una solución podría ser la intervención directa del Estado en las salas de cine. Exonerar el IVA y que eso se compense con determinado número de películas uruguayas. En los países donde funciona, como en Francia, el cine es muy saludable. A Anina, por ejemplo, le fue muy bien en ese país", dijo Soderguit.


"Se le podría dar un empujón a la industria, como se le ha dado al vino, a la carne o al software. Que haya determinadas políticas proactivas para que su desarrollo se consolide", opinó Pisano.

A pesar del panorama un tanto desalentador, el interés por la animación en las nuevas generaciones no ha mermado. Diego Miranda, docente de la licenciatura en animación en la Universidad ORT y uno de los titulares de Mungo TV, aseguró que las generaciones continúan renovándose con alumnos interesados en explorar el rubro, y que en muchos casos los proyectos independientes comienzan a gestarse en el salón de clases.

Sin embargo, al final muchos terminan optando por dos caminos que se distancian de la animación de largometrajes y cortos, pero que resuelven la inquietud de encontrar un lugar de trabajo: la publicidad y la animación para videojuegos.

"En Uruguay, la animación va enganchada a dos industrias laterales. Por un lado, la de los videojuegos, que es muy efervescente pero a la vez pequeña, y por el otro la publicidad. Son los dos caminos más rápidos y viables para el egresado", comentó Miranda.

"La publicidad se ha convertido en el laboratorio de la animación, y allí los técnicos se han perfeccionado y formado. De todos modos, también está habiendo menos trabajo para los animadores allí que en la década de 1990, por ejemplo", agregó Pisano.


Con dificultad y a pulmón, la animación sigue presente en el mercado audiovisual uruguayo. Con una pata en la publicidad, pero sin olvidar los proyectos personales, los animadores pelean por encontrar aquel que los catapulte y les abra las puertas al exterior.

El trabajo es arduo y sacrificado, y, como especificaron algunos de los entrevistados, con frecuencia las ganas de abandonar son muchas. Sin embargo siguen. Porque, quién sabe, tal vez la próxima Anina está a la vuelta de la esquina.

Streaming

Llegar a una plataforma de streaming es una ventana ideal para los contenidos animados uruguayos, pero es difícil acceder directamente por el método que utilizan los agregadores de contenidos. En Netflix solo está Anina.

Estudios

En Uruguay existen varias escuelas de animación. La Universidad ORT tiene su propia licenciatura; también se puede estudiar en la escuela Campus Animation y en A+ Escuela de Artes Visuales.

Animación nacional

Selkirk (2012)
La película fue producida durante más de 10 años y llegó al cine de la mano de Torunier Animation.

Anina (2013)
También fue el resultado de años de trabajo. La película adapta el libro de Sergio López Súarez.

Billy The Krill (2017)
Se estrenó este año en TNU y fue producida por Coyote Sociedad Animada.

Irma (2017)
El cortometraje realizado por Estudio Palermo se encuentra de gira por el continente.

Anselmo quiere saber (2016)
La serie se estrenó en TNU en 2016 y actualmente se puede ver en YouTube
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