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¿Por qué la salud mental también está en el tapete?

Karina Pittini aborda cómo la situación actual de estrés afecta las interrelaciones y debilita la salud de los empleados.

No es necesario tener una patología de base para vivir situaciones de estrés, duelo y ansiedad.

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02 de mayo de 2021 a las 05:00

En el día conmemorativo de la Seguridad y Salud en el trabajo (que se celebró el 28 de abril), la salud mental también requiere especial atención.  Quizá por ser la menos atendida hasta el momento, por mantener aún algún tipo de estigmatización o por que el covid acentuó una realidad que es global y nos alerta.  Altos índices mundiales de depresión, ansiedad y el estrés se elevaron en el último tiempo y queda más que claro que la salud mental incide en la física y viceversa tanto como en el relacionamiento interpersonal.

No es necesario tener una patología de base para vivir situaciones de estrés, duelo y ansiedad. Estamos expuestos a diversas situaciones que por nuestras propias decisiones o por las circunstancias, nos impactan desestabilizando nuestro organismo.  El mismo está diseñado para reaccionar ante lo que amenace el equilibrio, pero no lo está para que las reacciones de defensa permanezcan activas por períodos de tiempo sostenidos.  Cuando esto último sucede comienzan a aparecer señales en nuestro cuerpo a nivel físico, emocional, cognitivo y social.  Siendo que la genética influye pero no determina, así que el gran peso lo tiene el ambiente.

Cuando una persona mantiene elevados niveles de depresión, estrés y/o ansiedad, el organismo produce cambios metabólicos, endócrinos e inflamatorios entre otros, afectando el sistema inmunológico.  Se relaciona con enfermedades como la diabetes, cardíacas, autoinmunes y otras muchas. Para que esto suceda no es necesario que acontezca una crisis o una situación inesperada, en muchas ocasiones los propios hábitos de alimentación, descanso, ejercicios, pensamiento y emociones son generadores de este tipo de situaciones. Así es que pueden desencadenarse por el estilo de vida y también por incidencia de un tercero que a nivel familiar, laboral y del entorno incidan.

Desde una mirada organizacional, no son infrecuentes los casos de algún gerente, jefe o líder que, teniendo personas a cargo, puedan tener algún trastorno específico o estar viviendo una situación de estrés que afecta sus interrelaciones y en consecuencia debilita la salud de sus colaboradores. 

Cuando las  organizaciones  están realmente interesadas en la promoción de  bienestar a sus colaboradores, integran una ecuación ganar-ganar.  Con solo sacar unas pocas estadísticas y cuentas, se evidencia la directa vinculación de la salud con productividad y buen resultado.  En el opuesto, la mala salud es sinónimo de disminución de desempeños y productividad, aumento de los niveles de ausentismo y generación de costos económicos y funcionales.  Para el Estado, los números también hablarían por si mismos y a favor de la promoción de la salud en el trabajo y así como se incentiva el mantenimiento de puestos de trabajo y la capacitación a través la disminución o eliminación de ciertos aranceles impositivos, también podría hacerse con aquellas empresas que apuestan a la prevención en salud integral.

Para que la salud esté verdaderamente atendida en las organizaciones es importante actuar en forma preventiva y no reactiva. Siendo esta última la postura que prima lamentablemente en la mayoría de los sectores de la salud y es por eso que se requiere un cambio que favorezca el desarrollo de programas integrales, en tres pilares:

1. la propia organización,

2. el Estado y

3. las personas.

La organización requiere customización por ser un sistema específico con sus propias fortalezas, debilidades, oportunidades y desafíos. Cada uno con su propio diagnóstico, sus objetivos y valores, dirigiéndose a un bien común que debería proponer y exigir el estado.  No en vano en respuesta a la situación de pandemia y muy rápidamente se habilitaron líneas de atención psicológica..

Hablar de planes integrales implica diseño,  programación y ejecución en equipo y compuesto por médicos, prevencionistas, psicólogos, profesionales de gestión humana y la alta gerencia.  Equipos que, desde un interés genuino, con foco en las personas y el negocio, promueven una cultura de bienestar bio-psico-social.  Y que no solo reaccionan sino que educan y capacitan para que las personas tomen sus propias decisiones de auto cuidado. l

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