27 de julio de 2012 20:16 hs

El cineasta lituano Audrius Stonys estaba en Nueva York un día de 1989, cuando un hombre que leía el diario le preguntó de dónde era, por el acento. Stonys respondió que era de Lituania. “¿Sabe dónde queda?”, le preguntó el director. Para su sorpresa, el hombre le respondió: “Claro que sé, en la página 2”. Era la época de la caída de la Unión Soviética y Stonys se encontraba estudiando en Estados Unidos. Cuando regresó, ya era la nueva república independiente.

Contra lo que podría pensarse, Lituania no es un país eslavo, sino báltico, su idioma es el más antiguo de Europa y tiene fuertes conexiones con el sánscrito de la India. Este país no es tan lejano para algunos uruguayos del Cerro, acostumbrados al club y a la iglesia que reunía a la comunidad ingente lituana en Uruguay.

Stonys dirigió algunos de los documentales europeos más importantes de las últimas dos décadas, como Antigravitación o Vuelo sobre Lituania. Llegó a Montevideo para presentar su última película, Ramin, en el marco del festival de documentales Doc Montevideo. Tomó un café con El Observador y conversó sobre su país, sobre Uruguay, sobre su obra y sus planes para el futuro.

Más noticias

Es su primera vez en Uruguay. ¿Qué le llamó la atención de Montevideo?
Me impresiona la luz. No sé muy bien de dónde viene. Cada calle termina en el río o en el cielo. Es una ciudad muy europea. Se siente muy hogareña para ser América Latina. La temperatura me recuerda al otoño lituano. Pero en Lituania no tenemos esta luz: la atmósfera es más fría y húmeda, lo que genera mucha neblina, y es muy bueno para filmar en blanco y negro, como es mi caso.

¿Por qué la decisión de filmar en blanco y negro?
El monocromatismo, la ausencia de colores, te obliga a ser creativo. Busco la poesía de las pequeñas cosas, ir a lo profundo. No solo con el paisaje, sino también con los personajes.

¿En sus documentales utiliza recursos de la ficción? ¿Dónde queda lo verdadero?
La verdad en sí misma no existe. Existe lo que nosotros creemos que es real. Es un camino peligroso utilizar recursos de la ficción. Pero los cineastas son contadores de historias. Si no hay historia, no hay película. Pero la historia tiene que ser sobre seres humanos. Puedo hacer una historia sobre esta taza (toma la taza de café), pero porque hay un montón de historias humanas detrás: ¿quién sacó la arcilla?, ¿quién la hizo?, ¿quién tomó antes que yo? Si fuera una película solo sobre la taza, ¿a quién le importaría?

¿Cómo surgió la historia de Ramin, el luchador?
Un amigo letón estaba filmando un documental en Georgia y me mostró las pruebas, antes de la edición. Allí descubrí al personaje y quise saber más de él. El argumento fue cambiando. Al principio, era la historia del viejo luchador. Luego me enteré de que buscaba a su enamorada de siete décadas antes. Y cambié el guión. No creo en los documentales guionados. No confío en mi imaginación. Creo en la intuición. Es más interesante seguir la realidad que algo que está en el papel.

¿Cuál es su próximo proyecto?
Se trata de un documental que en gran parte ya está filmado, aunque queda un poco por rodar. Se llama Bajo las raíces de un roble y cuenta la historia de un granjero lituano que encontró dos soldados muertos en 1944, uno ruso y otro alemán. Para evitar problemas, los enterró en un lugar secreto y plantó un roble encima. Hoy el roble es un gran árbol y el hijo del granjero quiso investigar para recuperar los restos y darles un entierro decente. Luego de nueve excavaciones encontramos los huesos. Ahora queremos saber si es posible llegar a su identidad.

EO Clips

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos