Para Loureiro, lo importante es entender que en el futuro todas las profesiones y oficios van a estar vinculados de cierta forma a la industria TIC y a la programación como lenguaje. “Un mecánico va a programar autos, un agricultor cosechadoras, las habilidades computacionales tienen que ser generales”, afirma y señala que donde está la mayor brecha desde el punto de vista de la informática y de lo computacional es en la educación secundaria básica y en los bachilleratos. “Nuestro foco principal está en mejorar esa etapa educativa, porque la terciaria está muy bien cubierta por las universidades y los institutos técnicos”, dice y agrega que otra brecha a trabajar es la existente entre la educación secundaria pública y la privada, porque que esta última ya viene profundizando en los temas informáticos.
La CUTI se reunió en setiembre con autoridades del Codicen, UTU y CES para analizar una propuesta educativa desde una perspectiva tecnológica, donde se planteó la importancia de introducir desde temprana edad el pensamiento computacional y la puesta en consideración de “Programación” como una materia más de la currícula, según informa la web de la cámara. En la misma reunión, “se abordó la demanda insatisfecha de talento que presenta el sector de aproximadamente 2500 puestos de trabajo en diversos roles y la necesidad de formar más talentos en todos los niveles”, detallan.
Habilidades blandas
Gerardo Garbarino es jefe del departamento de Capacitación y Asesoría en Gestión Empresarial de la Cámara de Industrias del Uruguay (CIU) y uno de los directores del Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional (Inefop) en representación del sector empresarial. Explica que una de las demandas del sector desde hace un tiempo —en especial desde IT— tiene que ver con las llamadas “habilidades blandas”, que se vinculan a lo actitudinal, el trabajo en equipo, la comunicación, el aprendizaje continuo, la orientación a resultados y a otras competencias necesarias para insertarse en el mercado laboral y fortalecer a las personas.
En este sentido, la asociación civil Emocionarte trabaja desde 2018 estas temáticas en centros educativos (con poblaciones de 3 a 16 años), a través de su programa Educación Responsable, que se centra en el desarrollo de la inteligencia emocional, social y de la creatividad. Para Ilan Bajarlia, quien trajo el programa desde España a Uruguay, estas habilidades “son las que te permiten seguir adelante a pesar de los fracasos, te permiten creer en vos, en los demás, formar equipos, pensar ideas creativas y ejecutarlas, empatizar, cuidar tu salud, ser feliz”. Bajarlia trabaja en una empresa tecnológica y destaca que en su sector, si bien el conocimiento técnico es importante, la pata de la inteligencia emocional es algo que las empresas piden cada vez más. “Actitud, perseverancia, trabajar en equipo, resolver problemas, ser creativos, innovar: todo tiene que ver con la inteligencia emocional. Las empresas están hablando de esto hace tiempo”. Por su parte, Martín Fernández, director ejecutivo de la organización, agrega que a veces, el desarrollo de estas habilidades no están tan presentes en el sistema educativo formal.
Garbarino, como miembro de Inefop, aclara que debe haber conexión entre la educación formal y la formación profesional, y que en eso están trabajando desde el instituto, que está tratando de incorporar de forma transversal en sus capacitaciones estas competencias blandas, así como de fomentar los procesos de digitalización, otra competencia muy demandada por las empresas, más allá del sector al que pertenezcan.
“Es muy importante para nosotros formar personas que puedan tener un desempeño adecuado en las empresas”, dice Laura Márquez, responsable de la gerencia de Empresas de Inefop. El Instituto cuenta con varios instrumentos operativos para recolectar las necesidades de capacitación de las empresas: por los comités sectoriales de formación profesional, a través de otras instituciones y mediante pedidos concretos de las propias empresas que quieren potenciar algún área para ser más competitivas.
“Hay brechas, los cambios que van ocurriendo en las empresas son más rápidos y las competencias, habilidades y conocimientos que precisan de las personas también cambian rápidamente”, señala Márquez. Las líneas de formación más solicitadas al instituto son las de liderazgo y, en el último tiempo, las de alfabetización digital, marketing digital y comunicación. “A nivel de reconversión estamos haciendo mucho énfasis en las competencias digitales”, agrega y esto se suma a la necesidad de desarrollar las habilidades blandas no solo entre los jóvenes que ingresan por primera vez al mercado laboral, sino también entre los trabajadores activos que están transitando un proceso de reconversión o actualización laboral.
Visión global
El Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en su curso Líderes en Educación: Movilizando políticas educativas efectivas 2020, sintetiza las principales investigaciones teóricas y prácticas que sustentan políticas educativas basadas en evidencia, y profundiza sobre los principales avances y desafíos de los sistemas educativos de América Latina y el Caribe. Allí, identificó cinco áreas claves en los sistemas exitosos: metas altas de aprendizaje, desarrollo infantil temprano, docentes efectivos, recursos adecuados y habilidades relevantes, que refieren a las competencias necesarias que deben poseer lo jóvenes para alcanzar su máximo potencial en el mundo del trabajo y contribuir a la sociedad. En este marco, el colombiano David Bojanini, expresidente de Grupo Sura, plantea cuál es el aporte de las empresas al sistema educativo y que sean vistas como un aliado. “Las empresas tenemos un compromiso superior con la educación, porque nuestra sostenibilidad debe estar integrada al círculo virtuoso de generación de bienestar y desarrollo con equidad. No se puede perder de vista cuál es el propósito de las empresas, de la educación y del trabajo mismo”.
Para Bojanini, las empresas pueden aportar en varios sentidos: con su conocimiento para la actualización del currículo, facilitando la articulación entre empresas, universidad y Estado, y desarrollando de manera integral el talento humano que va más allá del conocimiento técnico, porque “las personas entran a las empresas por lo que saben y se van por lo que son”. Señala que “los países que sean capaces de tener educación pertinente para que los jóvenes estén a la altura de los retos que hoy nos presenta la tecnología serán competitivos. La tarea, entonces, es compartida”.
Avances
“La fundación Desem Jóvenes Emprendedores comenzó hace 30 años en Uruguay, con la visión de fomentar el espíritu emprendedor en los jóvenes y de ser un puente entre el mundo educativo y el laboral”, explica Pablo Marroche, su director ejecutivo. Desde Desem trabajan con más de 50 empresas para el desarrollo de sus programas educativos, que se actualizan permanentemente, considerando los insumos de los colaboradores. “Muchas veces, los profesionales tienen la posibilidad de compartir directamente su visión a los más jóvenes. Por darte un ejemplo, el próximo 15 y 16 de octubre más de 80 estudiantes participarán de Socios por un Día, que es un proyecto que conecta al joven con un profesional de la carrera en la que se quiere desarrollar en el futuro. Allí referentes de las empresas los recibirán para responder sus dudas y compartir su experiencia, gracias al apoyo de la Embajada de Estados Unidos”, cuenta Marroche.
Con respecto a las competencias que buscan desarrollar, se encuentran las actitudes y habilidades para liderar proyectos, tomar decisiones, pensar de forma crítica, ser resilientes, adaptarse al cambio, el aprendizaje continuo y el “aprender a aprender” como un hábito. “Hay también habilidades para el manejo del riesgo y las finanzas, que son muy útiles para el desarrollo de cualquier proyecto y cumplir las metas que se propongan”, agrega. La fundación está en contacto con docentes, directores e inspectores de los centros educativos que los apoyan y desde hace cinco años trabajan junto a ANDE para potenciar el fomento al emprendedurismo en edades tempranas.
Por otro lado, desde el nivel terciario, la Universidad Tecnológica del Uruguay (UTEC) tiene un vínculo directo con la demanda del sector productivo y las necesidades del país, y muchos estudiantes buscan en ella la posibilidad de cambiar de empleo o de encontrar una carrera en un área altamente demandada. “El 90 % de los egresados de UTEC se encuentra trabajando en algo vinculado a lo que estudió y esto se ha mantenido a lo largo del tiempo. En el caso de la maestría de Ciencia de Datos, tienen una inserción laboral del 96% de los graduados”, explica Álvaro Pena, director de UTEC Innova.
El sector de las TIC es el más articulado con el sector productivo: “no solo hay una vinculación con la CUTI para la gestación de proyectos, sino con el diseño del plan de estudios. Un ejemplo es la incorporación de Ciencia de Datos como una unidad curricular dentro del plan y la maestría de la misma temática”.
Desde el departamento de Programas Especiales, la UTEC trabajan en la brecha entre las habilidades duras y las blandas. Nuevamente vuelve a aparecer como necesidad el desarrollo de la comunicación, el trabajo en equipo, la organización del trabajo, la puntualidad, el pensamiento crítico y el liderazgo, además del aprendizaje del inglés como segunda lengua.
¿Qué perfiles buscan las empresas tecnológicas?
Pedidos Ya y Mercado Libre son dos de las más grandes tecnológicas de la región y a la hora de buscar personal para sus equipos más especializados, el título universitario no es necesariamente un requisito excluyente. “Si bien valoramos carreras como ingeniería en Sistemas, licenciatura en Sistemas o en Informática, somos más de mirar las skills de las personas”, dice a El Observador Gabriel Eisbruch, Chief Technology Officer (CTO) de PedidosYa.
Entre los cargos más demandados por estas empresas están los desarrolladores de software, tanto de back-end, como de front-end, mobile y los especialistas en Machine Learning y Data Science.
Para el CTO de Pedidos Ya, la formación universitaria construye la base fundamental de conocimientos, pero es en la práctica donde se enfrentan los verdaderos problemas a resolver y donde el aprendizaje se potencia. “El mercado se mueve mucho más rápido que el ámbito académico, tienden a aparecer tecnologías y soluciones nuevas que las facultades tardan en incorporar dentro de sus planes de estudio, con lo cual, obliga a estos perfiles a aprender sobre la marcha con distintos medios, no solo el académico tradicional”, dice y señala la importancia de la formación por cursos cortos, especializaciones y aprendizaje autodidacta.
“El mercado de la tecnología es universal, en ese marco, esta competencia global va a exigir varias cosas, entre ellas, que a nivel país haya mucho más foco en la parte tecnológica, en fomentar los empleos y la capacitación en estas áreas”, expresa Óscar Mullin, Senior Manager IT de Mercado Libre. Ambos referentes destacan también otros perfiles que serán demandados por sus compañías a corto y mediano plazo, como los especialistas en User Experience, en seguridad de la información y un rol más hibrido, que conjugue la visión de producto con la tecnología.