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¿Quiénes van ganando en las internas frentista, blanca y colorada?

Los candidatos no emergen por imagen sino que surgen de una competencia que se resuelve en urnas, pero se define en el campo de batalla partidaria

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24 de noviembre de 2018 a las 05:03

Hay una campaña visible en la superficie y otra batalla que va por fuera de los focos. Lo que se ve es un desfile de imágenes de candidatos y de actos a la hora de los noticieros de TV.

Lo que no se ve, es el tejido de acuerdos con agrupaciones para sumar una red de captación de militantes y de distribución de mensajes y de hojas de votación. Eso tiene valor para las internas, que son voto voluntario, en las que pesa mucho la estructura, por lo que el impacto de imagen pública es importante, pero relativo.

A un año del probable balotaje de 2019, los encuestadores y periodistas enfrentan en sus círculos de amistades una pregunta: ¿y para vos que estás ahí, quién gana? Esa interrogante reduce todo al resultado final y omite el camino que es de varias etapas.
Una primera “etapa” es la definición de las “precandidaturas” en cada partido, lo que aún no está claro (unos podrían bajarse, y otros sumarse).

El paso siguiente será el de las internas simultáneas del 30 de junio y aunque asomen “favoritos”, el resultado se conocerá cuando se abran las urnas.

¿Cómo vienen en cada partido?

Las encuestas dan pistas sobre la imagen de cada postulante, pero tienen dificultades para identificar apoyos estructurales. ¿Qué tamaño de muestra se necesita para hacer esa clasificación? ¿Cuántos votantes que siguen a un caudillo local saben realmente la opción nacional que ese les recomendará?

El paso siguiente será el de las internas simultáneas del 30 de junio y aunque asomen “favoritos”, el resultado se conocerá cuando se abran las urnas.

La gracia de la democracia radica en la incertidumbre del resultado. Hoy muchos dan por descontado situaciones que se dirimirán en las urnas, pero ojo que siempre hay espacio para sorpresas.

¿Cómo podemos ver cómo va cada interna? Una forma es la evaluar una combinación de factores: a) imagen pública en conocimiento, simpatía y antipatía de cada precandidato; b) magnitud y características de la red partidaria; c) características del líder y cómo encara la campaña (diseño y ejecución).

O sea que además de cuánto mide cada uno en las encuestas y cómo es su aparato partidario, importa ver cómo se manejan en la batalla electoral.

El consejo de Maquiavelo –que priorizaba la victoria por sobre el ejercicio del fair play– era que para ganar no hay que tener piedad, no hay que subestimar al adversario, ni dejarlo con chance: “Los espartanos ocuparon a Atenas y Tebas” y por respetarlas “las perdieron”; mientras que “los romanos, para conservar a Capua, Cartago y Numancia, las arrasaron, y no las perdieron”. Y cuando “quisieron conservar a Grecia como lo habían hecho los espartanos (…) no tuvieron éxito” y “se vieron obligados” a arrasar, para no perder. Para el florentino, “el único medio seguro de dominar” es el de aplastar. Las internas uruguayas recogen ejemplos de estrategias duras o blandas. Jorge Batlle batalló sin compasión contra Hierro López en la interna colorada de 1999, y ganó. Larrañaga salió duro al cruce de Lacalle de Herrera en la interna blanca de 2004 y triunfó. Mujica arrasó a Danilo Astori, sin piedad, y ganó la interna frentista de 2009. Larrañaga subestimó a Lacalle Pou, no lo aplastó, y perdió la interna blanca de 2014. Las internas son para duros, y no son para actitudes piadosas.

En el Frente Amplio, ante la insinuación de Mujica a Martínez de ir a una tregua para “candidatura única” negociada, el intendente socialista rechazó la oferta: prefirió pelea, optó por ir a arrasar y no ganar por pacto. Es una señal de que se tiene fe y apuesta fuerte, aunque no tiene ganada la pulseada todavía. ¿Seguirá ajeno a la misericordia o caerá en una actitud de componer relaciones y dar espacio?
En los blancos, Lacalle Pou tiene más estructura que el resto, y se beneficia de la fragmentación de la corriente que era liderada por Larrañaga. ¿Si recibe pedidos de pase interno, preferirá preservar clima con sus correligionarios o saldrá a recoger todo lo que pueda y arrasar? El más joven de los Herrera transmite un perfil que es más del realismo implacable de Maquiavelo, que del espíritu idealista en pro de equilibrios internos.

En los blancos, Lacalle Pou tiene más estructura que el resto, y se beneficia de la fragmentación de la corriente que era liderada por Larrañaga.

Entre los colorados, sacudido por la salida fuerte de Sanguinetti, Talvi salió a decir que no es político, ni va a serlo: justo cuando enfrenta a un político por excelencia, e impiadoso. Su mensaje parece sintonizar con cierto rechazo a “los políticos”, pero lo pone fuera del ring de los políticos, porque el que lo ve entiende que no lo dice para captar votos, sino porque es tal cual.

No parecería competencia entre uno tan herbívoro y otro tan carnívoro, pero la carrera es larga. La imagen pública marca amplia distancia entre uno y otro, pero muchos de los que hablan con admiración de Sanguinetti no votan en esa interna, y lo que importa son los votos. Y Pepe Amorín Batlle tiene base fuerte en Salto (por acuerdo con Coutinho) y  otros lugares; aunque no tenga tanta visibilidad como sus adversarios, sí tiene estructura. Habrá que ver cómo opera la estructura de cada uno, pero mientras, la actitud de batalla inclina el tablero. A un año del balotaje hay que tener en cuenta que antes están las elecciones de octubre, y las primarias de junio, y que ahí se definirán candidatos y relación de fuerzas.  

Por ahora todos miran popularidades, sin conocer en detalle la estructura de base de cada uno. En definitiva, los vencedores de junio serán aquellos que sepan comprender la incómoda lección del realismo político, que implica que la victoria se consigue no solo con imagen, sino también con saber tejer un entramado de fuerzas tal como para arrollar a los adversarios. Y que para vencer en octubre, y noviembre, será fundamental levantar en julio al adversario interno y contarlo en la cooperación de sumar fuerzas, aglutinar apoyos diversos, para de nuevo, salir a ganar sin clemencia. 

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