Los encuentros del presidente Orsi con líderes de los partidos políticos “permitieron intercambiar sobre el posicionamiento de Uruguay en el plano internacional, en el marco del 81° período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas”, que se llevará a cabo en Nueva York el 22 y 28 de setiembre, informó la web de Presidencia.
Esas reuniones mano a mano con los líderes también sirvieron para marcar un clima menos ideológico en política exterior, lo que estuvo acompañado de algunas posiciones de Orsi que reafirman el rumbo que viene tomando. De eso te hablaré en esta newsletter EnClave.
Equidistancia de los clubes de amigos
El panorama es complejo. La región ya no ofrece el mapa cómodo de hace unos años para un presidente de izquierda. Con las últimas derrotas de Gabriel Boric en Chile y de Gustavo Petro en Colombia, esa ideología quedó en franca minoría y, en ese escenario, Lula se juega la releección, que tendrá la primera vuelta el 4 de octubre.
Sin embargo, Orsi ha tomado distancia de su propio partido, ya que el Frente Amplio llamó a hacer fuerza por Lula, como incluso lo han hecho ministros del gabinete.
Como te contó Ramiro Pisabarro en esta nota, aunque hubo propuestas de que mantuviera una reunión con Lula y se manejó que ambos presidentes se encontraran en la frontera entre Río Branco y Yaguarón para poner la piedra fundamental del nuevo puente, el presidente no prevé hacerlo.
A Orsi le interesa transmitir que tiene buen relacionamiento con otros presidentes de la región que no son de su mismo signo político, como el boliviano Rodrigo Paz y el chileno José Antonio Kast, e incluso con la administración del argentino Javier Milei, más allá de la evidente distancia política.
En la misma línea, Orsi prevé participar en una reunión presidencial impulsada por Chile para juntar a los presidentes de países que han adherido al Compromiso de Santiago contra la delincuencia organizada transnacional que promueve el chileno Kast.
Y no es un dato menor que Orsi se haga presente allí: el combate al delito transnacional es uno de los pocos temas capaces de generar coincidencias entre gobiernos que no se ponen de acuerdo en otros aspectos. Ahí Uruguay puede jugar cómodo, ya que es un tema que el propio mandatario ha puesto en la agenda internacional.
Una de las sugerencias del secretario general del Partido Colorado, Andrés Ojeda, durante su reunión con Orsi en Torre Ejecutiva el viernes 4 fue que Uruguay mantenga “equidistancia” entre los dos grandes del Mercosur.
En un país acostumbrado a medir cada gesto hacia Buenos Aires y Brasilia, la “equidistancia” necesita ser calibrada y cuidada.
Al parecer, en esa línea se mueve Orsi. Ya no quiere quedar pegado a los "clubes de amigos" ni a afinidades ideológicas.
Ojeda también puso sobre la mesa tres prioridades concretas: fondos de inversión, crimen organizado e inteligencia artificial. O sea: economía, seguridad y futuro. Por su parte, Manini Ríos de Cabildo Abierto fue con un planteo americanista. En su visión, “la única forma de algún día poder hablar de igual a igual con los grandes bloques que hoy dirigen el mundo” es lograr conformar “un Estado continental en América Latina”.
El presidente del Frente Amplio, Fernando Pereira, puso sobre la mesa la necesidad de “dar señales de que el pueblo cubano merece que entre combustible, que entren alimentos y que no tengan esa circunstancia de bloqueo que es absolutamente condenable”.
Apuesto a que esto último no estará en la agenda del mandatario en la ONU.
Frentes de presión
Para complejizar más el panorama aparece otro frente de presión: Washington.
Cuando aun no se ha confirmado si Uruguay aceptará a deportados cubanos que la administración Trump pretende enviar (Cancillería aseguró que no había nada firmado y sólo ha habido conversaciones preliminares a raíz de una propuesta de entendimiento enviada por Estados Unidos), aparece la advertencia sobre las “misiones médicas” cubanas.
La noticia que dio el periodista Gabriel Pereyra en radio Sarandí y Búsqueda amplió, implica que Estados Unidos presiona para que los gobiernos cancelen la contratación de médicos cubanos, en el entendido de que este programa constituye un esquema de trata de personas o trabajo forzoso. La advertencia es que, si no hay cambios y el país vuelve a aparecer en la siguiente edición del informe, no podrá recibir “asistencia internacional” del Departamento de Estado.
No está claro qué asistencia dejaríamos de recibir pero, sin duda, el riesgo de quedar expuestos a sanciones o a observaciones incómodas demuestra que la política exterior hoy se juega en varios escenarios a la vez.
Después de un comienzo en el que el gobierno de Orsi parecía tomar distancia de Washington y acercarse a China, con el viaje de una numerosísima delegación a la potencia asiática, llegó la no invitación al Escudo de las Américas creado por Trump.
Sin embargo, desde Torre Ejecutiva hubo un viraje que se vio en algunas acciones que buscaron agradar o congraciarse con Estados Unidos, como la visita de Orsi al portaaviones norteamericano USS Nimitz y la participación del embajador de Uruguay en Estados Unidos en la cumbre sobre “terrorismo político” liderada por Marco Rubio.
Ello le trajo abundantes críticas de la propia izquierda a Orsi pero el presidente respondió que a Uruguay le “convenía” aceptar ciertas cosas y que como mandatario, no podía hacer política exterior “representando a una fuerza política”.
Esta semana, luego del encuentro con Orsi, Pereira defendió la política exterior del gobierno. Dijo que “funciona”, aunque insistió en que no se trata solo de vender productos sino de fijar postura ante temas que “erosionan” a la región.
Y ahí está el principal desafío del gobierno: cómo combinar pragmatismo con convicción y con la defensa de la soberanía nacional frente a presiones externas.
En ese escenario no alcanza con administrar el equilibrio regional. También hay que leer las señales de Estados Unidos, que sigue siendo un actor capaz de imponer costos altos.
Orsi, por ahora, parece decidido a caminar por esa cuerda floja con cautela. En una época en la que muchos prefieren lafoto con el aliado o el amigo, Uruguay parece volver a la tradición de intentar jugar en serio sin casarse con nadie.
La duda es si la equidistancia, bien entendida, será una estrategia de autonomía o un modo elegante de enfrentar una vieja incomodidad uruguaya: no elegir, por miedo a quedar demasiado cerca de alguien.