Este sábado, en el marco del Festival del Prado, Las Pelotas vuelve tras un año de tocar en el Teatro de Verano para presentar su último trabajo, Cerca de las nubes. Para Germán Daffunchio, líder de la banda, cada shows es una oportunidad única para encontrarse con la gente que los sigue, y esta vez no será la excepción.
Desde su casa en las sierras de Córdoba, Daffunchio habló con El Observador de la tarea quijotesca que es seguir siendo músico en la era del consumo y mantenerse fiel a lo que piensa.
Este año ya lo arrancaron girando, ¿cómo seguirá el año de la banda?
Generalmente nuestra vida se divide en un periodo de grabación y uno o dos años tocando por todos lados. Ahora estamos por empezar a grabar un disco, y a la vez estamos tocando muchísimo.
¿Lo grabarán en Córdoba como el anterior?
Nosotros somos personas que tenemos nuestros procesos creativos bien diferenciados. Nos juntamos en distintos lugares. Teníamos ganas de ir al sur al componer unos días. También queríamos ir a grabar a Irlanda, pero por la hecatombe de la economía de acá se nos arruinó un poco la idea.
¿Por qué a Irlanda?
Tengo una sobrina que vive allí, en la campiña y nos ofreció armar el estudio. Irlanda es un lugar extremadamente bello. Uno busca la inspiración, y esto era una excusa. Generalmente cuando entramos en el proceso creativo nos juntamos en donde podemos. Incluso solemos llevar un mini estudio para poder grabar en los hoteles cuando estamos de gira.
Vuelven a Montevideo luego de presentar el disco el año pasado, ¿qué se puede esperar del show?
Nosotros somos una banda muy anímica, difícilmente nos encuentren en una actitud donde estemos tratando de pasarla simplemente. Es muy emocionante volver a Montevideo, eso principalmente. Para mí cada vez que uno tiene la posibilidad de volver a tocar en un lugar, es una oportunidad única y que tiene mucho valor. Si yo viniera a Montevideo a tocar en un pub todos los fines de semanas, la gente sabe que me puede encontrar ahí. Uno con mucha suerte puede ir una vez por año y es hermoso encontrarse.
Vive en Córdoba hace ya muchos años, ¿cómo es su vida normal contrapuesta a cuando está de gira?
Cuando estoy en Córdoba es cuando tengo tiempo de recluirme. Soy un tipo bastante solitario. Cuando puedo me vengo a las sierras, para descansar del ser humano (risas). Nuestra vida son escenarios, escenarios, escenarios.
¿Piensa que alguna vez podría terminar ese trajín?
Siempre los trajines terminan. Siempre todo se termina. Es una respuesta medio negra, pero eso es lo maravilloso. Cuando nos preguntan qué se siente venir a tocar, nosotros decimos que estamos contentos. ¡Cómo no lo vamos a estar! Porque son oportunidades únicas.
¿Y piensa que alguna vez se podría acabar la inspiración?
No, creo que lo que puede pasar es que uno se canse. Porque la inspiración es difícil que se te vaya. La realidad y la vida misma siempre te nutren. Pero puede llegar un momento que uno se canse de tanta lucha. Lo nuestro de alguna manera tiene una cosa de cultura. Uno va por las provincias, los países, mostrando su cultura. Estás diciendo algo. A veces cuando uno empieza piensa que es muy trascendente lo que tiene para decir y con el tiempo te das cuenta que a la gente no le importa demasiado. Hay gente que sí, pero el costo de estar toda la vida como un payador es bastante alto.
Y a los que no les importa lo que tienen para decir, ¿qué les importa?
Ya entramos en otra profundidad (risas). Creo que han transformado al ser humano en esclavos consumidores totales. Y yo creo que la gente no necesita a nadie que le diga que lo que está haciendo está mal. Nadie quiere pensar. Lo nuestro es una historia medio épica. Somos una especie de Don Quijote luchando contra molinos de viento. Pero igualmente está buenísimo. Igualmente no importa la cantidad. Es como dice la frase, “aunque haya una persona, vale la pena”. Es así. Y eso afortunadamente pasa. Y eso te nutre después para escribir.
¿Encuentra cierto declive en el rock? ¿Faltan mensajes?
Los grupos americanos no tienen mensaje. Son monitos modernos. La música masiva de allá es basura como la nuestra. Quiero decirte que hay una generalidad en el mundo. La estupidez predomina en todos lados.
¿Y en el rock argentino en particular?
Actualmente hay una lucha. Acá en el Río de la Plata el rock fue una herramienta de resistencia en las dictaduras, y quedó como un elemento para reaccionar. El foco donde uno puede decir y generar cosas. Pero la realidad es que la venta y el consumo, el ser comercial, divide lo que vos estás haciendo. Quizá lográs el éxito diciendo algo profundo pero sonando comercial. Pero generalmente las cosas que uno tiene para decir no son comerciales, y la lucha es más grande todavía. Respondiendo la pregunta, hoy en día la rebeldía sigue estando en los pibes, lo que pasa es que el sistema se los come mucho más rápido. El mayor problema que tienen es el éxito mismo. Hay muy pocas bandas que a través del tiempo se han mantenido con sus principios enteros. ¿Y cómo veo el rock? Creo que hay una resistencia contra el sistema que está podrido, que está mal. Si hay una forma es siendo uno mismo y diciendo las cosas que siente y vivir en consecuencia. Escribir lo que sientas y después hacerte cargo. Hoy en día resistir es una tarea bastante complicada, pero tiene su sabor fantástico.