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"Si hubiera hecho lo que tenía que hacer, en lugar de 24 que me acusan habría 24 muertos"

El ex represor, en prisión domiciliaria por cometer delitos contra los derechos humanos durante la dictadura, dijo que no se arrepentía "de nada"

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05 de mayo de 2019 a las 09:40

José Nino Gavazzo volvió a defender su inocencia sobre las múltiples acusaciones de tortura, asesinato y violaciones a los derechos humanos que cometió mientras era un militar represor antes de la dictadura –cuando combatió a los tupamaros– y también en años siguientes.

"Me parecía, y lo sigo pensando, que yo no tengo que ocultarme de nadie y por nada, porque no hice nada que no fuera para bien de nuestra patria y de nuestros conciudadanos y le puedo asegurar que no estoy arrepentido de nada", dijo el exmilitar este domingo en entrevista con la sección Qué Pasa del diario El País.

Allí, cuando fue consultado sobre qué error consideraba que cometió en su participación en la lucha contra la denominada subversión en la década del 60' –liderada por el brazo militar de los tupamaros–, contestó lo siguiente: "Hice una cosa mala que es en realidad una cosa buena. Si yo hubiera hecho lo que tenía que hacer, no me hubiera pasado nada. Pero en lugar de haber 24 que me acusan, habría 24 muertos".

Los 24 a que se refiere el extorturador son los detenidos uruguayos que sí admite haber restado en 1976 del centro de torturas argentino conocido como Automotores Orletti, meses antes del "segundo vuelo" en el que supuestamente fueron trasladados otros 22. Como ya lo ha dicho en su autobiografía "Mi testimonio" y en el libro "Gavazzo. Sin piedad",  dice que no existió, aunque no ha aportado pruebas para sostener esa posición. Por esos desaarecidos fue condenado en 2009.

Gavazzo, que fue pasado a reforma por el Tribunal de Honor del Ejército luego de ser juzgado por su participación en la tortura y a asesinato del tupamaro Roberto Gomensoro –cuyo cuerpo fue arrojado por él mismo al río negro en 1972, tal como confesó en esa instancia–, dijo que no admitiría haber actuado mal ni aunque lo conminen a un siglo de prisión."Si me dicen: 'Lo perdonamos si usted se arrepiente, y si no va a estar 100 años preso', bueno, ténganme 100 años más preso, que es la postura que tengo hoy día. Eso por principio", desafió el hombre, en prisión domiciliaria desde 2015 con un estad de salud tal que para la jueza Elsa Montín ameritaba quitarle la tobillera y la guardia policial para cuando sea trasladado a realizarse estudios médicos.

"Pienso de la forma que se lo acabo de poner; yo pienso así. No voy a caer en los mismo (en) que cayeron ello: por una taza de café entregar a los que fueron mis compañeros", afirmó Gavazzo refiriéndose a los que eran el enemigo de las Fuerzas Armadas hasta 1972, cuando fue derrotado: el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros.

Y según su versión, quienes lo acusaron ante la Justicia lo hicieron "por venganza y por plata". "Usted no se olvide que todos cobran, todo aquel que haya estado preso (en forma ilegítima por el Estado), cobra. El que estuvo preso, aunque sean 10 minutos, cobra. Y si usted logra probar de que le pegaron una cachetada, cobra más. Y si logra probar que estuvo tres meses sin que le avisaran a la familia, cobra más", dijo.

"Nunca me oculté. Siempre dije quién era. Hasta ahora de lo único que no me han acusado es de matar judíos", ironizó.

Un cafecito

El coronel retirado pasado a reforma, que fue condenado en 2009 por los 22 homicidios del segundo vuelo y otros seis integrantes del Partido por la Victoria del Pueblo, también fue interrogado sobre las torturas. Dijo que no negaba haber torturado a prisioneros, aunque justificó la práctica. Sostuvo que "no existe en el mundo ejemplo de guerra sin tortura".

"Lo que niego es la tortura que ellos mencionan. Si yo la agarro a usted a cachetazos acá (...) es una tortura, pero solo le pegué unos cachetazos", dijo, antes de asegurar: "Todo está normal, pero estamos hablando de la guerra".

Uno de los métodos más usuales de tortura es el submarino: hundir la cabeza del prisionero en el agua una y otra vez, acercándolo al ahogamiento. Pero para Gavazzo esa técnica es de las menores, al menos comparada con la aplicación de la picana eléctrica... "Es el más leve... Mire, yo la picana... Yo personalmente no la utilizaba porque me parecía que no servía. El submarino sí porque le da una sensación a la persona que es... Lo que estamos hablando, lo estamos hablando civilizadamente, no es que la esté defendiendo y diga: 'Qué bien la tortura, cada vez que tengo un ratito libre voy a tortura a alguien'. No es ese mi pensamiento, pero si mañana me dicen que tienen secuestrada a su hija y me dicen que son los tupamaros y lo que quieren es una respuesta política tuya para no matar a tu hija, ¿sabe una cosa? (...) Me va a importar mucho más la vida de su hija que la vida del que la secuestró", relató.

Y agregó luego: "Estoy convencido de que es un sentimiento bueno ese. No es un sentimiento malo. Está bien. (...) El que se mete en una guerra, está adentro de una guerra, sabe los riesgos que corre", dijo, antes de describir cómo eran las sesiones de tortura que él supo conducir: "Los interrogatorios tienen etapas. Empiezan duros, pero al final usted termina tomando un cafecito con ellos. '¿Querés un cafecito? Se me das un cafecito tengo un cuentito para vos', y ahí te contaban de repente que habían matado a cinco personas en tal cosa. Así es la realidad. Todo lo demás son historietas", narró.

Los vuelos

Gavazzo se adjudica haber sido el salvador de los 24 detenidos en Orletti por los militares argentinos y que fueron llevados a Montevideo en el primer vuelo. Allí, sostuvo, los uruguayos capturados estaban condenados a la muerte. "Los iban a matar igual porque esa era la norma: los iban a matar igual. Entonces, ahí es que me comunico por teléfono directamente con el general" para pedir autorización para traer al país a esos detenidos, relató el extorturador.

"Les dijeron los mismos argentinos: porque como yo había pedido, se les iba a perdonar la vida, y bla, bla, bla, bla, y que iban a ser mandados a Uruguay. Y entonces ellos creían que los mandaban a Uruguay para matarlos", dijo.

Esos mismos, que cumplieron prisión en Uruguay y cuya mayoría estuvo "unos pocos meses presos", fueron parte de los testimonios que fueron tomados por la fiscal Mirtha Guianze para el juicio que terminó condenándolo en 2009.

"Después salen de testigos (...) como que nosotros matamos a los del segundo vuelo, pero cuando se entra a preguntar quiénes venían en el segundo vuelo, entonces dicen que algunos pensaban que son los que faltan. (...) Nos acusan a todos de haberlos matado pero no saben quiénes los mataron, dónde los mataron, cómo llegaron. No saben nada", dijo Gavazzo.

Que hubo un segundo vuelo es algo que la Justicia probó y para lo cual, entre otros elementos, se basó en el testimonio del excomdandante en jefe de la Fuerza Aérea, Enrique Bonelli, quien dijo en 2005 que tenía información que registraba el hecho: que hubo otro avión con detenidos uruguayos que aterrizó en Montevideo el 5 de octubre de 1976.

Además, en las actas del Tribunal de Honor que juzgó la actuación de Gavazzo y Jorge Silveira en el homicidio de Roberto Gomensoro, también hay una confesión en ese sentido: Silveira también aseguró que el segundo vuelo existió.

Pero Gavazzo, en la entrevista con El País, reiteró lo que ya había planteado en 2012 en su autobiografía: "Se pudo probar que el vuelo mencionado no existió y por ende ni se transportaron personas ni tampoco se les puede haber dado muerte en Uruguay. (...) No hay testigos, no hay pruebas de su muerte, no se conoce lugar de enterramiento, no hay cadáveres, en fin, no hay nada, pero igual se procede a la condena", escribió.

 

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