Estilo de vida > ENTREVISTA: JUAN PABLO ESCOBAR

“Tengo derecho a lucrar con mi padre”

Juan Pablo Escobar, hijo del narco más famoso del mundo, está en Montevideo para presentar el libro sobre su padre

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15 de diciembre de 2014 a las 17:51

Cuando se le pregunta a Juan Pablo Escobar, hijo de Pablo Escobar, el narco más famoso de la historia, si no le molesta ser grabado, responde con una mínima risita soltando el aire. “He sido grabado y vigilado desde siempre, casi desde que nací. Por todos. Quince escoltas andaban conmigo, vigilantes permanentes desde el colegio”, dice el colombiano, a quien El Observador entrevistó en Montevideo.

La vida de este hombre nacido en Medellín en 1977 ha estado condicionada por la vida y el renombre de su padre. ¿Cómo se construye una identidad propia con el sangriento significado de ese apellido?

Eso ha conseguido desde hace años Juan Pablo Escobar, que cambió su nombre a Sebastián Marroquín, pero que lo mantiene para figurar como autor del libro Pablo Escobar, mi padre, editado por Planeta la semana pasada.

Se trata de un volumen de 450 páginas donde Escobar junior describe, por una parte, el proceso hasta ahora casi desconocido de lo que sucedió luego de que asesinaran a su padre, con la traición por parte de sus tíos y su abuela. Por otro, narra la historia de cómo Pablo Escobar construyó su historia de pequeñas ilegalidades iniciales en la década de 1960 para transformarse a inicios de 1980 en el hombre más poderoso del país a base del tráfico de cocaína.

La intención del libro, según su autor, es contar hechos que hasta ahora no podía hacer públicos. En 2009 había realizado un documental titulado Pecados de mi padre, donde intentaba reconciliarse con los hijos de las víctimas de la violencia extrema del zar narco y donde confesaba que debía hacer lo opuesto a su padre para mantenerse con vida. Pero algunas muertes y encarcelamientos del presente lo llevaron a revelar otras historias, bajo la edición del periodista experto en narcotráfico Edgar Téllez.

El libro resultante es “una exploración personal y profunda de las entrañas de un ser humano que, además de ser mi padre, lideró una organización mafiosa como no conocía la humanidad”.

Entre mitos y realidad

Comienza derribando el mito que dice que su familia se quedó con todo el dinero del imperio Escobar. Luego describe los problemas que debieron enfrentar en los años posteriores, en un periplo que los llevó primero a pelear por sobrevivir y luego a salir de Colombia hacia Mozambique y finalmente culminar el exilio en Buenos Aires.

Pero Escobar hijo –quien confiesa que, de haber querido, hubiera podido ser “un Pablo Escobar 2.0”– no posa ni de víctima ni de estrella, sino como un hombre que enfrentó lo que el destino le puso para vivir. “Uno tiene que bailar con lo que le toque”, dice hoy.

Cuando Juan Pablo nació, en 1977, sus padres vivían en una casa alquilada en Medellín. “Tenía un Porsche último modelo pero alquilaban. Son cosas que les pasan a los mafiosos cuando empiezan”, dice Escobar y recuerda con una sonrisa, que no se puede ocultar los años que vinieron poco tiempo después, donde vivía como el hijo de un rey. “Un niño no se da cuenta de lo que lo rodea. Lo que pedía, lo tenía”, cuenta.

Hay un fecha clara en que el niño entiende que su padre no es cualquier padre. A mediados de 1984 muere asesinado el ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla y todos los dedos acusadores apuntan a Pablo Escobar, con quien tenía un enfrentamiento personal y político. La familia debe huir y le cambian todas las rutinas al niño.

A partir de entonces, empieza la guerra. Sin cuartel. Decide ir preso, pero a una prisión de lujo. Se arman los Pepes, los perseguidos por Escobar. La guerra continúa y, en uno de esos vaivenes, el cuerpo de Escobar aparece acribillado a balazos en un tejado de Medellín, en diciembre de 1993, a pesar de que su hijo adolescente lo criticaba y le pedía que se saliera del mundo del crimen.

El éxito del narco

Alguien podría pensar que a más de dos décadas de su muerte, la figura de Escobar podía haber caído en desgracia. Pero, por el contrario, varias series de televisión de gran éxito, películas, libros y las camisetas que fabrica el propio Juan Pablo en Argentina son un indicio de su vigencia. Él trabaja como arquitecto en Buenos Aires, donde vive con su esposa y un hijo. Se queja de que muchas veces el mote del “hijo de Escobar” lo perjudica en sus contratos.

Algún crítico podría acusar a Juan Pablo de lucrar con la imagen de su padre. “Tienen toda la razón. Tengo todo el derecho a lucrar con mi familia. Mucha más que cualquier otro medio. Si yo no tengo el derecho, ¿quién lo tiene? Yo lo hago con responsabilidad. No estoy diciendo: ‘Viva Pablo Escobar’. Estoy diciendo: ‘Ojo, señores, esta es una historia muy delicada que tenemos que conocer de verdad, no para festejar con bombos y platillos. Jamás diría yo eso. Yo tengo que vivir. No trafico porque no me gusta. La vida es un boomerang: si la tiras con violencia, vuelve fuerte y te corta la cabeza”, concluye Escobar mientras toma un refresco en la rambla de Punta Carretas.

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