16 de abril de 2012 19:04 hs

Paredes negras, yerberas y palmas, prohibido el cuero e incluso el símil cuero, velas con olor a ámbar y sándalo, fueron sólo algunas de las preferencias de Paul McCartney y su troupe a la hora de definir la zona de camarines que se montó debajo de la Tribuna Ámsterdam. El estudio de interiorismo María Battaglino (@mariabattaglino), que se encargó de hacer realidad los pedidos del ex Beatle, fue contratado por la productora que organizó el show, pero recibió instrucciones directamente desde Londres.

En tan sólo tres días el equipo de interioristas debió levantar una “pequeña ciudad”, en base a paneles de MDF de 3.40 metros de altura con los que se definieron varios espacios para uso tanto del músico como de su banda e invitados. Según el rider (algo así como un resumen de exigencias, en el slang de la música) la troupe de McCartney debía tener varias salas entre las que se contaron su camarín personal (dressing room), un living para invitados VIP (en el cual estuvo el DJ Chris Holmes, que se encargó de la musicalización previa al show), un vestidor para la banda, una sala de invitados VIP de la banda, así como una para los invitados del propio ex Beatle. A lo anterior se agregaron nueves oficinas y hasta un comedor para 40 personas, en el cual cocinó el chef personal de McCartney, Dan, que vino desde Londres dos días antes que el resto del grupo, para recorrer proveedores y elegir productos.

Entre los pedidos de Paul estuvo el de que todas las paredes estuvieran recubiertas de tela negra. A la hora de elegir muebles y accesorios, el músico pidió que bajo ningún concepto se usara cuero, ni siquiera símil cuero (un sintético que imita al verdadero). Si bien María Battaglino y su equipo tuvieron total libertad para elegir el estilo del diseño, debieron atenerse a algunos parámetros definidos de antemano, como por ejemplo el deseo de que nada fuera blanco, de que las flores fueran yerberas de colores o de que se usaran muchas palmas.

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El camarín de Paul McCartney, de 6 x 8 metros, estuvo dividido en tres zonas bien diferenciadas; una especie de living en el que se ubicó un gran sillón de lino color arena, además de butacas de terciopelo gris y un chaise longue. Las mesas de madera de raíz se sumaron a una mesa bar equipada con frigobar y un juego de té completo. Para la ambientación el músico pidió ocho luminarias de pie y dos de mesa, todas con dimmer, para lo cual se debió montar una consola eléctrica en el lugar. Paul también manifestó su preferencia por velas con olor a sándalo y ámbar, mientras que la banda pidió otras con aroma a cedro. Otra de las zonas de su camarín fue destinada al maquillaje, y una tercera a vestidor; allí se ubicó un gran espejo y una alfombra de pelo negro.

La secretaria de Paul, Colette, fue la encargada de revisar todos los detalles. Ella fue quien se encargó de instalar las colchonetas de yoga que Paul traslada consigo por todo el mundo, para sus momentos de relax. Como recuerdo de Uruguay, el estudio María Battaglino decidió regalarle a la esposa de Paul, Nancy, una manta de lana natural, sin teñir ni colorantes. Al músico le dejaron una reproducción del afiche del mundial de Uruguay de 1930, con una dedicatoria especial.

La pequeña ciudad bajó la Amsterdam ya comenzó a ser desmantelada, el lunes mismo.

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